21/11/2017, 15.21
ZIMBABUE - CHINA
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La sombra de Beijing sobre el golpe de Estado en Zimbabue

El jefe de Estado de Zimbabue estuvo de visita en China hasta pocas horas antes de producirse el golpe de Estado. China es el socio económico más importante del país africano. Las relaciones bilaterales se remontan a los años ’60. Las tensiones entre los dos países están motivadas por una  mala administración económica y por la nacionalización de las minas de diamantes. El vicepresidente es visto con buenos ojos por Beijing. 

Harare (AsiaNews/Agencias) – En las 48 horas que precedieron al golpe de Estado con el cual fue derrocado el “viejo león” del Zimbabue, Robert Mugabe, el jefe de Estado Constantino Chiwenga estaba en Beijing, para reunirse con algunos militares, dos de ellos de alto rango, y con el ministro de Defensa Chang Wanquan (v. foto). Un “intercambio militar normal”, según fue referido por el ministro chino de Relaciones Exteriores, Geng Shuang. Pero la coincidencia de las circunstancias hace que cuando menos se siembren preguntas en torno a la posición que el gigante asiático ha asumido en la transición en curso en Zimbabue, país del cual China es el socio económico número uno.  

Desde el 15 de noviembre, en Zimbabue está en curso un golpe de Estado perpetrado por las fuerzas militares contra el presidente Mugabe, quien ha estado en el poder desde la independencia del país, proclamada en 1980. Habiendo asumido el poder mediante elecciones, desde hace 15 años su administración se ha ido tiñendo de violencia contra los grupos de oposición, a lo cual se suma una grave crisis económica: en comparación con 1980, la población zimbabuense se ha empobrecido, en promedio, un 15%. Lo que desencadenó la crisis política fue el intento de Mugabe de elegir a su esposa para sucederlo en el poder.

China abandona no sólo a Mugabe, un partner histórico, a quien culpabiliza de maniobras económicas que han desencadenado el descontento chino, sino que también abandona su política de no injerencia en los asuntos internos de países con quienes mantiene una relación de colaboración. John Everard, ex-embajador del Reino Unido en Corea del Norte y sinólogo, está convencido de que “sin lugar a dudas” Beijing ha jugado en este golpe de Estado “un rol similar al  de la CIA en los años ’70”. De ser así, se trataría de un giro radical con respecto a la tradicional política exterior china. Beijing espera que haya una transición pacífica del poder, para proteger sus intereses, manteniendo una continuidad en los negocios entre los dos países.

Es cierto que ha cambiado la posición de China en relación al “viejo león”. Si bien no ha habido cometarios oficiales del gobierno al respecto, la posición asumida por China ha sido expresada de manera clara en el Global Times, vocero oficial del Partido comunista. Según el artículo de Wang Hongyi fechado el 16 de noviembre, la gestión del gobierno de Mugabe ha causado numerosas pérdidas a China, y “un cambio de gobierno sería beneficioso” para ambos países.

 

Las relaciones entre China y Mugabe se remontan a los años ’60, cuando el país asiático sostuvo a los guerrilleros del ala militar del grupo Zanu, que luchaba por la liberación del país, que en aquél tiempo era gobernado por la minoría blanca. Los dos países establecieron relaciones diplomáticas oficiales luego de la independencia, en 1980, declarada un año después de una visita de Mugabe a Beijing. Un punto de inflexión en sus relaciones fue el 2001, cuando las sanciones impuestas por Occidente en vista de las violaciones de los derechos humanos y del secuestro de tierras dejó aislado a Zimbabue. En aquella época, Mugabe puso en marcha la estrategia “mirando a Oriente”. Se volvió célebre su frase: “Nos hemos volcado a Oriente, donde surge el sol, y hemos dado la espalda a Occidente, donde el sol se oculta”.  

Derek Matyszak, investigador de alto nivel en el Instituto de Estudios en materia de seguridad de Harere, comenta que las relaciones entre China y Mugabe han sido difíciles a lo largo del último  año y medio, porque China no está contenta debido a la mala gestión de la economía de Mugabe, y se muestra más favorable al Mnangagwa, que es visto como un “pragmatista económico”. Además, un factor que ha provocado tensiones entre los dos socios históricos ha sido la repentina medida tomada por Mugabe el año pasado, a través de la cual se procedió a nacionalizar las minas de diamantes. 

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