02/09/2016, 16.40
CHINA - SIMPOSIO - ASIA
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Las semillas de la Madre Teresa hoy florecen en China

de John A. Worthley

A pesar de tres intentos, las Misioneras de la Caridad nunca han podido entrar en la tierra del dragón asiático. Pero las visitas de la futura santa y su amor por el pueblo chino han dejado su huella. Un "tercer orden" de religiosas - decenas de miles – viven y trabajan inspiradas en su carisma y pronto se abrirá en el país una "Casa del amor de la Madre Teresa". La Virgen de She Shan acompañó a la Madre hasta el día de su muerte.
 

Roma (AsiaNews) - El gran sueño incumplido de la Madre Teresa era llevar su misión a China. A pesar de que en tres ocasiones estuvo muy cerca de realizar este sueño, siempre fue roto por la política y la actitud opuesta de Beijing. Pero las semillas lanzadas por la futura santa en suelo chino están empezando a brotar: un "tercer orden" de religiosas inspirados por las Misioneras de la Caridad viven y trabajan en el país, y pronto se abrirá una "Casa del amor de la Madre Teresa." Aunque no se llevará a cabo por las Misioneras de la Caridad, viven la regla y el carisma de la Beata.

Esto es lo que dice en el Simposio Internacional 2016 de AsiaNews el p. John A. Worthley, que vivió durante años en China y ha tenido la oportunidad de acompañar a la Madre en sus tres viajes a la Tierra del Dragón. La fundadora de las Misioneras tenía en el bolsillo hasta el último día de su muerte una pequeña imagen de la Virgen de She Shan, que hoy "se desplaza entre las casas de las Misioneras de la Caridad como una reliquia para recordar el sueño de la Madre, que las Misioneras de la Caridad están llevando un recipiente del amor divino por la China". Este es el texto completo del discurso del p. Worthley.


En octubre de 1993, Mons. Aloysius Jin Luxian, obispo de Shanghai, donó una estatua de la Madre Teresa, que incorpora la imagen de la Virgen que se encuentra en la campana de la basílica de Sheshan. Representa a María, que  eleva por encima de la cabeza al Niño Jesús La imagen ha tocado profundamente el corazón de la Madre, por lo que ese instante cuando la vio inmediatamente pronunció la expresión-jaculatoria:. "A Jesús por María ".

Madre puso la imagen de la estatua en el bolsillo de su sari y allí permaneció - cerca de ella, como un recordatorio diario de su sueño chino - hasta el día de su muerte.

Cada vez que nos encontrabamos, en Hong Kong, Calcuta o en Nueva York, la Madre ponía la estatua sobre la mesa como una oración de intercesión a Nuestra Señora de She Shan. Hasta la fecha, se desplaza entre las casas de las Misioneras de la Caridad como una reliquia para recordar el sueño de la Madre, las Misioneras de la Caridad son un recipiente lleno del amor divino para China.

También he recibido una réplica de la estatua. Aquí está. Y como la Madre, la coloco ahora en el podio como una oración a Nuestra Señora de Sheshan, para que el sueño de la Madre Teresa para que China continúe a revelarse por la gracia del Espíritu Santo.

No es sólo una coincidencia trivial: el cardenal John Tong presentó una estatuilla de la Virgen de Sheshan - pero más pequeña, en bronce – al Papa Francisco, inmediatamente después de su elección al papado.

Se dice que la estatua permanece allí toda la noche cerca de la cama del papa. En resumen: la Madre Teresa sigue trabajando para China.

La Madre Teresa ha soñado durante mucho tiempo con poder servir al pueblo de China y, después de llevar a sus hermanas en todo el mundo - incluyendo Rusia, Estados Unidos y los países islámicos - China se convirtió y se mantiene como su propósito principal. De hecho, San Juan Pablo II en sus últimos años le pedía servir como un puente de amor y reconciliación con China como parte de la Iglesia universal.

La Madre Teresa llegó a China por primera vez en 1986, acompañado de su amada sor Dorothy MC, por invitación de Deng Pufang que entonces estaba fundando la Federación de China para personas inválidas.

Mientras estuvo en Beijing, también se reunió con Anthony Liu Bainian, el presidente de la Asociación patriótica de los católicos chinos, que todavía hoy habla con amor de la gracia de este encuentro. Durante la breve visita de la Madre, he impartido clases en la Universidad de Negocios Internacionales y Economía de Beijing. Todavía no era sacerdote, estaba eufórico cuando su foto apareció en la primera plana del diario China Daily, el periódico en idioma Inglés, que colgaba de todos los kioscos de la ciudad.

La Madre pensó que su sueño de una presencia de las Misioneras de la Caridad en China estaba a punto de hacerse realidad: las discusiones fueron positivas y Deng Pufang era hijo mayor del líder chino Deng Xiaoping. Pero no. A su salida, Deng Pufang dijo a la Madre que el tiempo aún no estaba maduro.

Sor Dorothy recordaba a menudo esos días durante nuestras reuniones, hasta que volvió a Dios sólo el año pasado. Recordó que la Madre tenía el corazón roto. Más tarde supe que la oposición a la colaboración vino de diferentes facciones en Beijing y en el Vaticano, y era tan fuerte que la Premio Nobel y el hijo del presidente no pudieron prevalecer.

Hace tres años, sor Dorothy ayudó en la consagración de la Virgen de Sheshan en la basílica de Nueva York. En esa ocasión, recordó aquellos días definiéndolos el primer santo sacrificio de la Madre Teresa por reconciliación entre China y la Iglesia universal.

Un segundo sacrificio santo ha sido dado de octubre de 1993. La Madre había solicitado visitar las personalidades oficiales en Beijing y el obispo Jin en Shanghai. Los debates se habían dado y ella pensó que era la hora en que se diera a lo que se refería Deng Pufang siete años antes.

A su llegada a Shanghai - que la Madre había decidido visitar, como primer paso, por respeto a Mons. Jin - no había nadie esperando por ella y saludarla en el aeropuerto. Algo debía haber pasado y se anunciaba otro dolor en su corazón.

La Madre había llevado consigo 13 cajas con cosas diferentes, comunes a todas las casas de las Misioneras de la Caridad, tanta era su seguridad que tenía de que era el tiempo y lugar esperado. Sin nadie a su encuentro, la Madre tuvo que cuidar personalmente de llevar esas cajas por la aduana.

(Más tarde me dijeron personalidades oficiales que el protocolo exigía que la primera Madre llegó a Beijing. Su llegada a Shanghai fue visto por los radicales como un sabotaje sutil al gobierno).

Después de las llamadas telefónicas y peticiones, Mons. Jin ha podido acogerla al día siguiente y la invitó a la basílica de Sheshan. La Madre estaba eufórica. Cuando el obispo le pidió que participará en la misa, ha visto su sabiduría realmente especial: Mons. Jin era parte de la Iglesia oficial (y aún no reconciliada con el Papa). Las reglas del Vaticano en ese momento eran tales que la Madre Teresa hubiera participado en una misa "ilegal". Y así le pidió a su capellán, el p. Bill Petrie SS.CC., a concelebrar, diciéndole: "Si la concelebra, entonces la misa se vuelve válida, ¿verdad?".

Cuatro meses más tarde, en una reunión en Hong Kong con el representante papal, entonces monseñor y ahora un cardenal monseñor Fernando Filoni, la Madre le conto sobre el hecho preguntándole si había hecho bien. Y Mons. Filoni, reclinándose en la silla respondió: "Pero, por supuesto, querida Madre Teresa, ¡por supuesto!".

A esa misa asistieron más de 250 seminaristas. La Madre fue invitada a hablar con ellos. Se Mensaje sobre el servicio a los más pobres de los pobres les ha conquistado. Hoy en día muchos de ellos son obispos en algunas diócesis de China. Durante estos años los he conocido y todos ellos siguen hablando de la inspiración recibida de ella. Un sacerdote ha comenzado una fundación nacional, Jinde, que ahora sirve a las personas desfavorecidas en todo China, bajo el patrocinio de la Madre Teresa de Calcuta. La foto de la Madre aparece en muchos edificios de la fundación. Y, en efecto, una de las siguientes residencias de ancianos se llamará "Casa del amor de la Madre Teresa".

Después de todo, la Madre esperaba que podría tener la oportunidad de abrir una casa de las Misioneras de la Caridad en Shanghai. En cambio, al día siguiente, Mons. Jin le informó que el permiso no podía ser aun garantizado. Una vez más, su corazón estaba roto y una vez más tuvo que abrazar un segundo santo sacrificio de reconciliación entre China y la Iglesia universal. A continuación, fue a Beijing, se reunió de nuevo con Deng Pufang, e le dijo que el tiempo aún no estaba maduro.

En un gesto de confianza hacia la Divina Providencia, ha dejado sus 13 cajas en el Centro pastoral de la diócesis de Shanghai, donde permanecieron hasta hoy, ¡esperando la llegada de las hermanas!

Pronto siguió el tercero y más intenso santo sacrificio de la Madre. En la provincia de Hainan habían iniciado algunas aperturas. A causa de su status de “zona económica libre”, la isla de Hainan presentaba más flexibilidad y de hacía poco había terminado de construir un vasto Centro de asistencia social para minusválidos, huérfanos y ancianos.

Gracias a relaciones entre Escuela de comercio exterior de Hainan y la universidad de Hainan, se realizaron conversaciones con la Federación provincial de las personas minusválidas. En enero de 1994 se llegó a un acuerdo donde se ofrecía a las Misioneras de la Caridad de servir en el Centro de asistencia. Se precisaron los detalles y aprobados las visas para cuatro hermanas.

Madre Teresa fue invitada formalmente a ir a Hainan para la fiesta de San José, el 19 de marzo. Ella llegó a Hainan desde Hong Kong, donde se encontró con Mons. Filoni del cual recibió algunas indicaciones y la bendición. Algunas horas antes que la madre tomase el avión para Hainan, llegó la indicación de Beijing que su entrada no estaba permitida. Los amigos de Hainan y los representantes oficiales estaban confundidos y devastados. La Madre tenía el corazón destruido.

La Madre Teresa estaba tan segura que esa era la ocasión buena. Nos encontramos en Hong Kong y hemos rezado por horas, tratando de apelarnos a la decisión. El tercero es más difícil santo sacrificio de la Madre para la reconciliación que consistía en el aceptarlo y en el partir. Nosotros le habíamos prometido que no habríamos ahorrado ningún esfuerzo hasta que fuese llegado el tiempo justo.

Sor Nirmala, sucedió a Madre Teresa como superiora general, tenía presente todo esto. Ella conocía el profundo deseo de la Madre en servir a China y vio en primera persona la intensidad de los dolores de la Madre hacia cuánto había sucedido en Hainan. También ella había hecho la promesa que los esfuerzos habrían continuado. Así en el año 2005, ella estaba lista y deseosa cuando el obispo de Qingdao, junto a los representantes locales y nacionales del gobierno, le presentaron la invitación para abrir una casa en aquella diócesis.

Y nuevamente nos vimos en Hong Kong y nos encontramos con el obispo (luego cardenal) Joseph Zen que aprobó la peregrinación y nos dio su bendición. Al final de tres maravillosos días de visita, fue elegido el lugar donde surgiría la casa de las Misioneras de la Caridad y confirmada la invitación. El momento para hacer entrar a las hermanas se debía esperar ulteriores arreglos. El lugar designado permanece como también la invitación. ¡Y nosotros continuamos esperando la confirmación para la visa de entrada!

Estos treinta años de esfuerzos y de santos sacrificios para China y para la Iglesia universal de y para Madre Teresa, por la sabiduría del Espíritu Santo, han producido una presencia de Madre Teresa en China en una modalidad realmente inesperada.

En 2010, en la provincia de Hebei, fue fundado una “tercera orden” de las Misioneras de la Caridad, bajo la inspiración de Madre Teresa. En el presente, viviendo el carisma de Madre Teresa, este está compuesto por unos diez mil miembros y se difundió en 12 diócesis y tres provincias de China. En 2014, Li Baofu, su fundadora, guio una delegación de la “tercera orden”, junto a sacerdotes y laicos en una peregrinación a Sheshan y a Calcuta, donde hemos encontrado a sor Prema, a sor Nirmala y a las consejeras de las Misioneras de la caridad. Aquí en Roma, para la canonización de Madre Teresa, hay 12 miembros y la fundadora.

En Hainan, el Centro de asistencia social propsera en el espíritu de Madre Teresa. La alegría y el amor de las Misioneras de la Caridad, en el misterio del espíritu Santo, es particularmente evidente y vibrante. Están colgadas hasta fotos de Madre Teresa. Si bien las hermanas no estén presentes físicamente, parece que lo estén al menos espiritualmente.

En Shanghai, las 13 cajas con las cosas necesarias para una casa de las Misioneras de la Caridad, están siempre listas.

En Beijing, el anciano y discapacitado, Deng Pufang conserva aún viva la memoria de su relación con la Madre.

En muchas partes de China la Jinde Foundation responde a los sufrimientos en el espíritu bajo la protección de Madre Teresa. La invitación a Qindao queda intacta. Los radicales de ambas partes son siempre más raros.

Los obispos chinos han realizado una peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Sheshan en Nueva York y han rezado en modo específico para la reconciliación a través de la intercesión de S. Francisco Javier; el venerable (pronto beato) Li Matou (Mateo Ricci); el venerable Xu Guangqi, la señora Soong Qinling y la beata (pronto santa) Madre Teresa.

Gracias al sueño ininterrumpido de Madre Teresa, a sus continuas oraciones y a sus santos sacrificios, el día de la reconciliación entre China y la Iglesia universal se acerca, como el Card. Pietro Parolin, Secretario de Estado, sugirió esta semana.

Pueda llegar pronto este día, dado que-como la visión de Madre Teresa previó-, con las presentes tendencias demográficas, dentro de 20 años, la Iglesia en China podría realmente ser la más numerosa comunidad del mundo.

La ferviente oración de Cristo por la unidad, “que todos sean uno”, nos interpela.

Madre Teresa de Calcuta, ruega por nosotros, mientras continuamos persiguiendo esta visión re reconciliación en este Año Santo Jubilar de la Misericordia.

 

 

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