12/07/2021, 12.27
TIERRA SANTA
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Mons. Marcuzzo: más allá de las esperanzas y las decepciones, una Iglesia viva y misionera

de Dario Salvi

El obispo de Tierra Santa repasa los últimos 60 años de una comunidad cristiana "en evolución". A pesar de que la presidencia de Trump y la era de Netanyahu han quedado atrás, no se vislumbran "señales positivas". Los principales objetivos son "reforzar el compromiso con los inmigrantes", la formación teológica y la unidad, salvaguardando las diferentes peculiaridades.

Jerusalén (AsiaNews) - Una región que vive en una "alternancia de esperanzas y decepciones" y una Iglesia llamada a "mantener viva la experiencia misionera". Así es como Monseñor Giacinto-Boulos Marcuzzo describe las tensiones israelo-palestinas y una comunidad cristiana en "evolución". Hace pocos días, el ex obispo auxiliar dejó el cargo de vicario patriarcal de Jerusalén de los Latinos por haber alcanzado el límite de edad. Sin embargo, continúa desarrollando su tarea pastoral. El pasado fin de semana, el prelado celebró las confirmaciones en una pequeña parroquia ubicada en la frontera entre Yenín y Nazaret, porque la alegría del anuncio supera "la decepción en el plano político, por una paz que nunca llegó". A continuación, la entrevista con Monseñor Marcuzzo:


Desde la guerra relámpago en Gaza hasta el fin de la era Netanyahu, ¿qué perspectivas se abren en la región?

Vivimos en una alternancia de esperanzas y decepciones, de desengaños e ilusiones. Ahora tenemos un gobierno diferente [dirigido por el Primer Ministro Naftali Bennett], que no tiene elementos nuevos, pero sigue siendo un factor de cambio. Tras la presidencia de Trump en Estados Unidos, el desarrollo de los hechos no brinda señales positivas y la idea de un territorio para dos Estados ya no parece posible. Se necesita un árbitro fuerte, pero la ONU es débil y Estados Unidos es demasiado parcial [incluso con Biden]. Para Gaza la situación es la misma que antes, la gente está cansada de la guerra, de la violencia, de vivir en una prisión al aire libre.

 

Los responsables del Patriarcado visitaron a los cristianos de la Franja. ¿Con qué realidad se encontraron?

Nos hemos encontrado con los 1.234 miembros de la comunidad, los conocemos uno por uno, y los admiramos por su fuerza y su valentía. Son capaces de resistir, nos han dicho que les gustaría irse, pero no hay posibilidades, así que se quedan, e intentan ser "la sal y la luz del mundo". Afortunadamente, los cristianos pueden trabajar, gracias a las escuelas y hospitales, al centro de discapacitados y a Cáritas, que representan una salida profesional fundamental. 


En los últimos días el Patriarca Pizzaballa ha realizado una serie de nombramientos. Tras su mandato como administrador apostólico, ahora ejerce plenamente sus funciones. ¿En qué perspectiva deben encuadrarse

El Patriarcado continúa en la senda de una "bella evolución", porque los cambios traen aparejados elementos positivos. Hay nuevos vicarios para Amán, Jerusalén, para la pastoral de los emigrantes, la comunidad judía y Chipre. Queremos asegurar la continuidad de la misión en la tierra de Cristo, infundiendo elementos de novedad, de acuerdo con las ideas del Papa Francisco: la sinodalidad, el año de San José, la Sagrada Familia viajando a los países árabes. Y nuevamente, reforzar el compromiso con los migrantes -filipinos, esrilanqueses, nigerianos, indios-, que son cada vez más numerosos y de los que debemos ocuparnos.

 

¿Con qué objetivos?

En primer lugar, para mejorar la formación teológica de los laicos y de los seminaristas, un aspecto sobre el cual insiste mucho el nuevo Patriarca. La unidad, porque aunque seamos tan diferentes unos de otros en Jordania, Gaza, Palestina, Chipre e Israel, debemos trabajar para reforzar los lazos, pero salvaguardando las peculiaridades. Por último, para una mayor cohesión entre los sacerdotes, especialmente los locales, que son la Iglesia de Jerusalén.

 

Tras el cierre de actividades como consecuencia del Covid, ¿cuáles son las perspectivas para las peregrinaciones, un recurso económico fundamental para los cristianos de Tierra Santa?

Estamos esperando. Por el momento no hay grandes novedades, hasta ahora han llegado algunos grupos pequeños, pero nada significativo en términos numéricos. Llevará meses recuperar el ritmo, pero esperamos que los futuros peregrinos vengan con un nuevo espíritu. No se trata de meros visitantes turistas, son personas que deben dar testimonio con un estilo de vida diferente y más acorde con el viaje que se realiza. 

 

A nivel personal, ¿cómo está viviendo esta nueva etapa de su misión?

Con gran alegría y entusiasmo, como ha sido siempre en el pasado. Por un lado, por una etapa que termina, y porque comienza una nueva etapa, en la que estoy más libre a nivel de compromisos oficiales, pero manteniendo intacto el espíritu de servicio. Estoy en la región desde los años 60; sin embargo, sigo estudiando, profundizando en los temas que caracterizan la misión. Hoy [10 de julio] tengo una confirmación en una pequeña parroquia en la frontera entre Yenín y Nazaret, que espera este momento con gran entusiasmo.

 

¿Cuál es el balance de estos 60 años de vida en Tierra Santa?

En el plano político, la decepción, por una paz que nunca llegó. No es posible esperar que se resuelvan todos los problemas, pero sí era legítimo esperar un acuerdo.  Sin embargo, ha ocurrido lo contrario: se suceden las guerras, la intifada, y no se ve la luz al final del túnel. A nivel personal, me siento atado a la tierra de Jesús y a la Iglesia de Jerusalén, una realidad que ha sufrido mucho pero que sigue siendo un ejemplo de resistencia y resiliencia.

 

Excelencia, ¿hay algún proyecto no realizado que le gustaría llevar a cabo?

El mayor deseo es que podamos desarrollar de forma más extensa y profunda el conocimiento del pensamiento teológico cristiano y dar un nuevo impulso a la patrología árabe, un rico patrimonio donde hay todo por descubrir. Sólo hemos trabajado en el 6% -como mucho, el 7%- de la totalidad de los manuscritos conocidos, y aún quedan muchos por abrir, por descubrir, por estudiar. 

 

¿Cómo valora el diálogo con el mundo judío y musulmán?

Debe continuar y ser más sincero. Me gustaría que fuera más leal, una confrontación franca que no oculte otros objetivos, que pueda liberarse de los esquemas clásicos. Debe ser bello, abierto y estimulante.

 

¿Cuál es su último deseo para el Patriarcado Latino y, más en general, para la Iglesia de Tierra Santa?

Mantener viva la experiencia misionera. Yo mismo pasé seis años en Sudán del Sur y fue una experiencia inolvidable, que conservo con mucha nostalgia y gratitud. Me gustaría que toda la Iglesia de Jerusalén tuviera este impulso misionero, de ir hacia los demás. Admiro las palabras del Papa cuando habla de la "Iglesia en salida" del Cenáculo. Aquí nació la Iglesia y luego salió en busca de los demás: con las heridas de la pasión en una mano y un trozo de pan en la otra.

 

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