10/08/2015, 00.00
JAPON
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Obispo de Niigata: Las bombas de hace 70 años, advertencia para el uso del nuclear hoy

de Tarcisio Isao Kikuchi
El prelado, también presidente de Caritas Asia, participó con los obispos católicos, los anglicanos, el Concejo de las iglesias y una representación de monjes tibetanos en las celebraciones por el aniversario de los bombardeos de Horoshima y Nagasaki. Aquellas tragedias serán juzgadas por la historia, pero reabren una herida particular para el Sol Levante y para el mundo: el uso de lo nuclear, sea pacífico como de agresión.

Hiroshima (AsiaNews)- Los trágicos hechos de hace 70 años en Hiroshima y Nagasaki “serán juzgados por la historia. Pero hoy es importante hacer una reflexión sobre lo nuclear, ya sea pacífico que de agresión y trabajar juntos para desmantelar las ojivas y encontrar una solución para la eliminación de los residuos. Japón olvidó a Dios para hacer o dar lugar a la ciencia y esto llevó a tantos dramas”. Lo escribe el obispo de Niigata y presidente de Caritas Asia, mons. Tarcisio Isao Kikuchi, en un comentario en el pleno de los “diez días para la paz” que se está desarrollando en Japón. A continuación el texto completo, traducción a cargo de AsiaNews:

Casi todos los obispos católicos y también los anglicanos de todo Japón han rezado juntos en la vigilia del aniversario de los bombardeos de Hiroshima en la catedral de la ciudad. Es la primera vez que los prelados católicos y anglicanos se unieron en oración por la paz en el mundo, una paz sin armas nucleares. Alrededor de las 5 de la tarde del 5 de agosto, día de la vigilia, los obispos se unieron a los laicos de ambas congregaciones. Eran en su mayor parte jóvenes, todos juntos delante de la torre erigida en memoria de las víctimas en el Parque de la Paz. De allí, hemos marchado todos juntos por unos 40 minutos hacia la catedral, cantando “Amén, Alleluia”.

A las 7 de la tarde inició el servicio ecuménico de oración. Todos los obispos, con los representantes del Concejo mundial de las Iglesias guiados por el vice moderador, Mary Ann Swenson (obispo de la Iglesia metodista), han guiado la función. Había presente también 3 monjes budistas tibetanos, que han rezado por la paz con las palabras del XIV Dalai Lama. El mensaje por la paz fue leído por el obispo Swenson. Estaban también presentes el obispo Oscar Cantu, presidente de la Comisión internacional Justicia y Paz de los EEUU; el obispo de Bilbao, mons. Mario Iceta; el Nuncio apostólico en Japón, mons. Chennoth. La catedral estaba llena de personas, unidos en oración por la paz. Y era significativo que en este evento estuviesen presentes miembros de diversas denominaciones y religiones unidos en una justa causa, o sea establecer la paz en nuestro mundo.

La mañana del 6 de agosto-aniversario del bombardeo de Hiroshima- hemos celebrado una misa de réquiem presidida por el obispo Maeda de Osaka, hasta el año pasado obispo de la diócesis (actualmente Hiroshima es “sede vacante”). La función inició a las 8.15 de la mañana, la hora exacta del bombardeo y las campanas de la catedral se unieron a las otras de los demás templos de la ciudad para conmemorar a las víctimas.

Pasaron 70 años desde cuando la humanidad fue testigo de esta enorme catástrofe causada por el hombre. Con una sola bomba, una ciudad de 400 mil habitantes fue destruida; más de 90 mil de vidas desaparecieron en un instante. Y por las enfermedades relacionadas con las radiaciones murieron antes del fin de ese año.

Nadie conoce realmente los motivos que han llevado al gobierno de los EEUU a usar 2 bombas atómicas contra Japón al finalizar la Segunda Guerra mundial. Ciertamente es convicción común que estas 2 armas contra Hiroshima y Nagasaki hayan acelerado la decisión del gobierno japonés a rendirse, de modo de salvar la vida a tantísimos soldados.  Quizás sea así. Pero también se dice que Japón ya estaba casi finiquitado en su propia fuerza militar y que en aquel momento-agosto de 1945- la rendición fuese sólo cuestión de tiempo. En esta óptica las 2 bombas fueron desenganchadas para demostrar la superioridad militar de los Usa en relación de la Unión Soviética, también en vista del nuevo orden mundial que habría nacido con el finalizar de la guerra,

Yo no tengo idea de cuál sea la respuesta justa. Lo que sé es que muchísimas vidas fueron destruidas en modo violento e inhumano y que muchísimas personas están aún sufriendo, ya sea desde un punto de vista físico que psicológico. De esta decisión nacieron tantas historias tristes, no sólo en Japón sino también en otras naciones. “Se hizo justicia? No lo sé y no estoy en la posición de juzgar a la historia. Quiero solamente decir lo que dijo S. Juan Pablo II en Hiroshima en el año 1981: “La guerra es obra del hombre. La guerra es destrucción de la vida humana. La guerra es muerte”.

Lo que hemos aprendido de nuestra experiencia más reciente- el desastre en Tohoku del 11 de marzo de 2011- es que la sabiduría humana tiene claros límites. A través de nuestras experiencias del desastroso terremoto y del tsunami, que han afectado también a la central nuclear de Fukushima (y cuyos efectos no son aún claros después de 4 años), aprendemos que hemos creído demasiado tiempo en nuestras habilidades y en nuestra sabiduría. Pensábamos que la ciencia fuese casi pronta para resolver cualquier problema de nuestro mundo. Es solamente un sueño.

Muchos de nosotros han descubierto también que han perdido todo sentido de trascendencia, todo respeto de Dios que es mucho más grande de cualquier ser humano. Esto podría también ser el resultado de la terrible secularización de la sociedad japonesa. Pensábamos que el hombre estuviese en grado de controlar todo con la tecnología y que como consecuencia no necesitábamos más de Dios.

“La soberbia precede a la ruina y el orgullo del espíritu precede a la caída”, dicen los Proverbios (16:18). Este desastre no ha lanzado a una advertencia: cada uno de nosotros debe ser bastante humilde para examinar su propio estilo de vida y cambiar su propia actitud, de orgulloso a humilde y obediente delante del poder de Dios. Y además deberíamos comprender que tenemos límites y que la ciencia no es omnipotente.

 Yo considero que la tecnología nuclear, se deba usar militarmente pero también en modo pacífico, no esté todavía bajo el control del conocimiento humano. Desde el punto de vista militar, nadie sabe qué sucedería si todas las ojivas nucleares fuesen usadas. No lo sabe ninguno porque es casi imposible imaginar el fin de la existencia humana. Pero conociendo la capacidad que las armas nucleares tienen de extinguir a nuestra raza, aquellos que tienen muchas no toman la iniciativa de abolirlas porque tienen miedo de aquellas que poseen otras. Y todavía hay países que tratan de poseerlas, en nombre “de una posesión preventiva” y de auto-defensa.

¡Ay!, lo que escribió Juan XXIII en 1963 en la “Pacem in Terris”, no se lo toma aún en serio. ¿No podemos frenar este descenso? ¿No logramos dejar de pensar en la existencia de nuestras individuales naciones y abrirnos al paradigma del pensamiento en sentido global? No podemos vivir sin el apoyo de los otros. Y como dice el Señor en el Libro del Génesis “no es bueno que el hombre esté solo”. “Le daré un ayuda a su medida”. Fuimos creados para ayudarnos el uno al otro: si no nos apoyemos mutuamente, perdemos nuestra razón de existir”.

En lo que se refiere en vez al uso pacífico de la energía nuclear, se trata de una materia complicada. Se podría pensar que lo que sucedió en Japón- y en Fukushima en particular- sea un evento peculiar y ligado al hecho que el país a menudo sea azotado por terremotos. Estoy de acuerdo con el hecho que la energía nuclear sea limpia y que pueda ser útil para combatir contra la degradación ambiental.

Pero también hay que decir que esta tecnología produce escorias que pos el momento el conocimiento humano no sabe cómo eliminarlas en un modo seguro. La única cosa que estamos en grado de hacer es ponerlas bajo tierra al seguro por un largo período de tiempo. En concreto las estamos dejando de lado para las próximas generaciones, esperando que puedan encontrar soluciones mejores que las nuestras. Creo que este modo de obrar tenga implicaciones contrarias a la ética, cuánto menos en lo que se refiere a mi fe.

Somos nosotros, hombres y mujeres del S. XXI, ¿realmente estamos listos para usar en manera responsable la energía nuclear? O. ¿estamos solamente tratando de cerrar los ojos delante de nuestros límites?.

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