11/02/2018, 13.04
VATICANO

Papa: Con el corazón dirigido a Lourdes, contemplemos a Jesús, médico de los cuerpos y de las almas

En el Ángelus, el Papa Francisco recuerda que hoy se celebra la Jornada Mundial del Enfermo. La inscripción a través de Internet a la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Panamá en enero de 2019. La Jornada de Oración y Ayuno del 23 de febrero, por la paz en la República Democrática del Congo.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “Contemplemos a Jesús como verdadero médico de cuerpos y almas, que Dios Padre ha enviado al mundo para sanar a la humanidad, marcada por el pecado y por sus consecuencias”: es la invitación que el Papa Francisco hizo a los peregrinos reunidos en la plaza San Pedro para el rezo del Ángelus, que hoy coincide con la memoria de la Beata Virgen María de Lourdes, fecha en la cual se celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Por este motivo, el Papa invita a contemplar a “Jesús, que cura a enfermos de todo tipo”, con la mirada del corazón dirigida a la gruta de Massabielle”, es decir, a Lourdes.

Luego del Ángelus, el pontífice recordó que hoy se abre la inscripción para la Jornada Mundial de la Juventud (enero de 2019) e hizo llegar sus buenos deseos a los pueblos de Extremo Oriente, que se preparan para celebrar el Año Nuevo lunar, el próximo 15 de febrero.

Antes de la oración mariana, al referirse al Evangelio de la misa de hoy (6to Domingo del Año, ciclo B, Marcos 1, 40-45), en el cual se narra que Jesús cura a un leproso, él explica: “Su situación [la del leproso] era realmente penosa, porque la mentalidad de aquella época hacía que él se sintiera impuro delante de Dios y de los hombres. Por eso, el leproso le suplica a Jesús con estas palabras: «Si quieres, ¡purifícame!» (v. 40)”.

“Al oír aquello, Jesús siente compasión (cfr. v. 41). Es muy importante fijar la atención sobre esta resonancia interior de Jesús, como hemos hecho largamente durante el Jubileo de la Misericordia. No se entiende la obra de Cristo, no se entiende a Cristo mismo, si no se entra en su corazón lleno de compasión. Y ésta lo empuja a extender su mano hacia aquél hombre enfermo de lepra, a tocarlo y a decirle: «Así lo quiero, ¡que quedes purificado!» (v. 40). El hecho más impactante es que Jesús toca al leproso, porque eso estaba absolutamente prohibido por la ley mosaica. Tocar a un leproso significaba ser contagiado, también, por dentro, en el espíritu, es decir, volverse impuros. Pero en este caso, el influjo no va desde el leproso a Jesús, para transmitir el contagio, sino que va de Jesús al leproso, para donarle la purificación. En esta curación nosotros admiramos, además de la compasión, la audacia de Jesús, que no se preocupa por el contagio ni por las prescripciones, sino que a él sólo lo mueve la voluntad de liberar a aquél hombre de la maldición que lo oprime”.

“Ninguna enfermedad es causa de impureza: es cierto que la enfermedad afecta a toda la persona, pero de ninguna manera ataca o impide su relación con Dios. Es más, una persona enferma puede estar incluso más unida a Dios. En cambio, el pecado, ¡eso sí nos vuelve impuros! El egoísmo, la soberbia, el ingreso al mundo de la corrupción, éstas son enfermedades del corazón, de las cuales se necesita ser purificados, dirigiéndose a Jesús, como hizo el leproso: «Si quieres, ¡puedes purificarme!». Y cada vez que nos acercamos al sacramento del a Reconciliación con el corazón arrepentido, el Señor también nos repite a nosotros: «Así lo quiero, ¡quedas purificado!». De esta manera, la lepra del pecado desaparece, volvemos a vivir con alegría nuestra relación filial con Dios, y somos readmitidos plenamente en la comunidad”.

Después del Ángelus, el pontífice, flanqueado por dos jóvenes se “inscribió” en la Jornada Mundial de la Juventud, a realizarse en Panamá en enero de 2019, haciendo clic en una tablet. “Invito a todos los jóvenes del mundo –dijo- a vivir con fe y con entusiasmo este evento de gracia y fraternidad ya sea viajando a Panamá o participando en las propias comunidades”.

Al enviar sus augurios por el Año Nuevo lunar a “millones de hombres y mujeres” de Extremo Oriente y de otras partes del mundo, agregó: “Envío mi cordial saludo a todas sus familias, con el deseo de que en ellas se viva, cada vez más, la solidaridad, la fraternidad, y el deseo de bien, contribuyendo a crear una sociedad en la cual cada persona sea acogida, protegida, promovida e integrada. Invito a rezar por el don de la paz, tesoro invaluable que debe perseguirse con compasión, visión y coraje. Los acompaño y bendigo a todos”.

Luego, saludando a la comunidad congolesa de Roma, recordó que el 23 de febrero se celebrará una Jornada de oración y ayuno, dedicada particularmente a la República democrática del Congo.

Un último pensamiento estuvo dirigido a los enfermos: “Dirijo un pensamiento particular a los enfermos que, en todas partes del mundo, además de la falta de salud, sufren, a menudo, la soledad y  la marginación. Que la Santísima Virgen, Salus infirmorum, ayude a cada uno de ellos a hallar consuelo en el cuerpo y en el espíritu, gracias a una adecuada asistencia sanitaria y a una caridad fraterna que sepa convertirse en atención concreta y solidaria”.

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