24/06/2020, 16.47
SIRIA
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Sacerdote en Damasco: las sanciones anulan confianza y esperanza para el futuro

Las nuevas medidas punitivas aplicadas por la administración estadounidense no afectan a la dirigencia, sino a la población civil. Para el gobierno sirio abren la puerta al terrorismo. El p. Amer: el problema “no es sólo material”, en fuga “una entera generación de jóvenes profesionales”. Benefactores y empresarios “tienen miedo de enviar dinero y recursos”.

 

Damasco (AsiaNews) - La situación en Siria “está complicada en todos los niveles” a causa de los conflictos en curso en algunas zonas y por la restricción de las sanciones que está “empobreciendo” y obligó a la fuga al extranjero de “una entera generación de jóvenes profesionales”. Es cuanto narra a AsiaNews, el p. Amer Kassar, sacerdote de la iglesia de la Virgen de Fátima en Damasco, según el cual “no hay sólo un problema material, dinero y recursos, sino tener confianza y esperanza para el futuro”. También las iniciativas de la Iglesia, de reflejo, el peso de las medidas punitivas “y no logran garantizar la ayuda esperada”. 

Narrando la situación de Siria, el p. Amer subraya que hay todavía focos de conflicto en acto “en el nordeste, en la zona de Idlib, donde está en acto un enfrentamiento entre diversos grupos terroristas y que termina por involucrar a los civiles”. En el nordeste “el problema es con los kurdos, los cuales han impedido en los días pasados a los estudiantes poder realizar sus exámenes”, Los kurdos, continúa, “apuntan a cambiar el sistema educativo, quieren un modelo kurdo-árabe, separado del sirio”. 

“Para nosotros que vivimos bajo la autoridad del gobierno-subraya el sacerdote de 42 años siro-católico-el mayor problema está representado por la situación económica: la vida se volvió muy cara, los precios aumentaron mientras que los salarios siguen siendo los mismos y su valor ahora está alrededor de los 25/30 dólares por mes. Los productos estarían disponibles, entre comida y otros artículos de primera necesidad, pero las personas no s pueden permitir el ‘lujo’ de comprarlos”. Además las sanciones bloquean “la compra de mercaderías del extranjero, entre los cuales los remedios”, poniendo en crisis al sistema sanitario en un momento de “fuerte estrés” a causa de la pandemia del nuevo coronavirus. 

La semana pasada la administración americana, guiada por el presidente Donald Trump, prometió una masiva campaña de presión “política y económica” sobre el gobierno sirio, promoviendo nuevas sanciones que afectan también a la esposa de Assad. El objetivo de Washington-en el contexto de las medidas previstas por el Caesar Act - es el de aislar la dirigencia de Damasco y obligarla a sentarse en la mesa de los coloquios de paz, patrocinados por la ONU, en una condición de debilidad e inferioridad.

Sin embargo, en lo concreto de la retórica y de la propaganda la nueva serie de medidas punitivas-que se suman a aquellas ya emanadas EEUU y Unión europea- terminan sólo por castigar a la población siria, como fue denunciado recientemente por personalidades cristianas. El precio mayor no será pagado por los vértices políticos e institucionales, cuanto más bien por la gente común ahorcada por el aumento de los precios, por la devaluación de la moneda y por la falta de productos.

Mientras tanto se registran las primeras reacciones por parte de la dirigencia siria, que acusa a los EEUU de “tratar de hambrear al pueblo” sirio, abriendo al “terrorismo” y al retorno de los tiempos más oscuros de la guerra. Para  Walid al-Moallem, ministro sirio de Exteriores, está en acto un intento de influenciar las elecciones presidenciales programadas para el año próximo, pero Assad “permanecerá en el poder” hasta que será “el pueblo sirio” a desearlo.

Benefactores, empresarios y personas comunes “tienen miedo de enviar dinero o mercaderías a Siria por miedo de caer en las sanciones” estadounidenses y europeas, confirma el p. Amer. “Las restricciones no tocan al gobierno, al presidente-agrega- pero siempre al pueblo, somos nosotros quienes sufrimos porque no tenemos dinero para comer. Estas medidas terminan por hambrear a las personas comunes”. Además, la escalada de la crisis “obliga siempre más a los jóvenes médicos, ingenieros, graduados a la fuga” dejando al país “sin una entera generación que debería representar al motor de su crecimiento. Se fueron por falta de confianza y de esperanza para el futuro”.

“Siria- subraya- era rica, teníamos turismo, industrias, ahora no hay más nada y es peor que en los tiempos más oscuros de la guerra. La única esperanza, hoy es tener un pequeño departamento y un poco de comida en la mesa”. La Iglesia, concluye, trata de “llevar un poco de ayuda a las familias más pobres, pero ni siquiera nosotros logramos hacer demasiado porque tenemos muchos menos fondos y recursos. Proyectos e iniciativas están detenidos porque los envíos del extranjero están bloqueados”.

 

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