18/04/2018, 15.52
RUSIA
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Una plegaria por la reconciliación nacional, a bordo del crucero de la Revolución

de Vladimir Rozanskij

Se celebró una misa en el crucero Aurora, emblemático de los primeros y decisivos momentos de la Revolución bolchevique. “La fe ortodoxa puede reconciliar a las personas que piensan distinto y a quienes pertenecen a grupos sociales diversos”.

Moscú (AsiaNews) – El 15 de abril pasado se celebró una Divina Liturgia a bordo del crucero “Aurora”, en la capilla del buque dedicado a San Nicolás, 100 años después de la revolución de octubre. La Misa estuvo presidida por un párroco de San Petersburgo, el protoierej Aleksandr Tkachenko, quien celebró frente a los cadetes de la Escuela Naval militar, los miembros de la tripulación y los oficiales de la histórica nave de guerra.

El buque Aurora es un crucero de primera clase que formó parte de la flota rusa del Báltico y tuvo un papel central en las insurrecciones que tuvieron lugar en la capital rusa, ciudad que en 1917 solía llamarse Pietrogrado (nombre “rusificado” de San Petersburgo, debido a la enemistad con los alemanes durante la Primera guerra mundial).  El buque estaba anclado en el puerto de la ciudad,   en la desembocadura del río Neva, a fin de efectuar las reparaciones necesarias luego de una serie de gloriosas batallas libradas en años anteriores. La tripulación, que fue obligada a hacer un alto pese a su impaciencia por retomar las actividades bélicas, se convirtió en uno de los principales grupos de agitadores en las sublevaciones de febrero, cuando la protesta popular –a raíz de las dificultades causadas por la desastrosa participación rusa en la guerra- se concluyó con el derrocamiento del régimen y del mismo zar Nicolás II, que renunció al trono y luego fue asesinado por los bolcheviques en Ekaterimburgo, junto a todos los miembros de la familia, en julio de 1918.

La revolución comenzó el 8 de marzo de 1917 (25 de febrero, según el calendario antiguo), con una huelga de la fábrica cercana al puerto y la protesta de las mujeres, que reclamaban el pan. Este fue el evento –que luego pasó a ser recordado como el Día de la Mujer, el 8 de marzo- que desencadenó todos los tumultos que vinieron a continuación. La guarnición que custodiaba el Palacio de Invierno estaba conformada, en su mayor parte, por muchachos inexpertos, debido a la movilización de las fuerzas mejor entrenadas. El comandante del buque Aurora arrestó a sus marineros más belicosos, y pensaba utilizar el buque como prisión flotante, destinada a los revoltosos. Hubo tiroteos, seguidos por la ocupación de la nave por parte de los comités de operarios que acudieron a socorrer a la tripulación: este episodio marcó la capitulación de las guardias de la capital, que se vio reforzada ante la negativa de los oficiales del crucero a abrir fuego contra la multitud.  

En los meses que siguieron, bajo los gobiernos interinos de L’vov y Kerenskij, la nave permaneció en guardia -siguiendo de cerca los eventos que se sucedían en los palacios de poder-  guiado por un comité revolucionario. En septiembre fue electo presidente un maquinista bolchevique, Alexander Belishev, quien dio la orden de mover el buque hacia el Palacio de Invierno en la noche del 7 de noviembre (25 de octubre), fecha de la Revolución, marcada por un disparo de cañones del buque Aurora; la amenaza de bombardear el Palacio obligó a Kerenskij a rendirse. Desde entonces, el crucero permaneció en el canal ubicado próximo a los lugares históricos de la toma del poder bolchevique, y pasó a ser el museo de la revolución y sede de la Academia naval.

El celebrante de la liturgia, el p. Tkachenko, subrayó que “hoy, quien trabaja a bordo de esta nave es animado por una profunda fe cristiana”. Aunque la capilla del buque, que fue restaurada en 2016, no será una parroquia, igualmente las funciones serán celebradas regularmente para los miembros de la tripulación, los oficiales y los estudiantes del Instituto Naval  Nakhimovskij. “Se trata de una plegaria de reconciliación nacional”, comentó el sacerdote, recordando a todos los protagonistas de los hechos sucedidos 100 años atrás, “tanto a aquellos que estaban de parte de los rojos, como a los que defendían a los blancos, a quienes veían el futuro del país como una continuación con el pasado régimen y a cuantos querían cambiar todo. La fe ortodoxa puede reconciliar a las personas que piensan distinto, y a quienes pertenecen a grupos sociales diversos”.  

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