10/12/2015, 00.00
SIRIA - VATICANO
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Vicario de Alepo: Sólo la misericordia salvará a Siria de la guerra y de la destrucción

de Georges Abou Khazen*
En la carta pastoral dirigida a los fieles, Mons. Georges Abou Khazen recuerda a las víctimas del conflicto y a los prófugos. A través de la misericordia, advierte, será posible restituir nueva vida al país. El deseo de un rostro nuevo que sea de paz, en el cual prevalezcan “el perdón, la reconciliación, el amor y la solidaridad”.

Alepo (AsiaNews) - Sólo la “misericordia” puede salvar a Siria, una nación que, desde hace años, “está experimentando una guerra que ha costado cientos de miles de víctimas y millones de prófugos”. Más allá de la destrucción, existe el deseo común de que terminen las hostilidades y de que, a partir de las ruinas pueda “renacer una nueva patria”. Es cuanto escribe el vicario apostólico de Alepo para los Latinos, Mons. Georges Abou Khazen, en la carta pastoral enviada a los fieles en ocasión del inicio de las celebraciones por el Jubileo de la Misericordia. El deseo común, subraya, es dar un "rostro nuevo" a una nación atormentada, que sea “de paz” y en el cual “prevalezcan el perdón y la reconciliación, el amor y la solidaridad”. 

El 8 de diciembre pasado, con la apertura de la Puerta Santa en San Pedro, el Papa Francisco estableció el inicio oficial del Año de la Misericodia, que involucra a todas las diócesis del mundo con eventos y celebraciones especiales. A continuación, la carta pastoral a los fieles del vicario apostólico de Alepo por el inicio del Jubileo de la Misericordia:

 

Dos años atrás, os invité a acoger la Santa Navidad viviendo la caridad hacia todos, sin distinción. El año pasado os alenté a ahondar y crecer en el espíritu del perdón y de la reconciliación, porque es la única vía hacia la verdadera paz. Este año, la Iglesia nos invita a vivir la Misericordia. La Misericordia es la base de todo; porque la caridad y el perdón, sin misericordia, no son perfectos. 

La Misericordia es la esencia de la religión. El Islam comienza con esta expresión:  “En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso” y todo debe ser interpretado a la luz de esto. 

En el Antiguo Testamento, Dios se revela a Moisés así: “Yo soy el Señor, el Dios Misericordioso y Clemente, soy paciente, siempre bien dispuesto y fiel” (Éxodo, 34:6). En los salmos, se nombra más de 50 veces la palabras Misericordia.  

E incluso Jesús mismo reprochaba a los Escribas y Fariseos: “Quiero Misericordia, no sacrificio”. (Mt 12:7). 

El concepto y la palabra “misericordia” - en árabe, “rahma”- derivan de la raíz “rahm”, que significa “útero, vísceras”, el lugar en el cual nace y tiene su origen la vida. Todo acto de caridad y perdón que no hace nacer de nuevo, que no dona la vida, es un acto privado de misericordia. El camino de la misericordia tiene un doble sentido: el Señor tiene misericordia de mí, y yo debo tener misericordia de los demás. “Bienaventurados los misericordiosos” (Mt 5:7). 

La Misericordia de Dios es fuente de vida nueva. Mi oración, mis sacramentos, la cruz que soporto me deben cambiar, deben volverse un continuo renacimiento cotidiano. Tú primero naces a la vida, pero la comunión con Dios y el nexo profundo con Él se vuelven semilla de vida nueva; y es la misericordia hacia los demás lo que se vuelve elemento de cambio, que permite a ellos renacer de nuevo.

En los últimos años, Siria está experimentando una guerra que ha costado cientos de miles de víctimas y millones de prófugos; más allá de la destrucción, todos anhelan el fin de estas hostilidades y desean ver renacer una nueva patria. Este nacimiento sólo puede provenir del “rahim”, desde adentro, de las entrañas… ¡y no puede haber un nuevo nacimiento sin la misericordia!

Ya hemos sufrido demasiado las consecuencia de la violencia y de la falta de misericordia de las diferentes partes implicadas en el conflicto. ¡Hemos experimentado las consecuencia de comportarse en nombre de, y de actuar por cuenta de un Dios que es cualquier cosa menos “clemente y misericordioso”!

Por lo tanto, ¡ha llegado la hora de hacer una revisión de cada una de nuestras conductas duras y privadas de misericordia! El lugar del cual renacerá nuestra nueva patria no está lejos de nosotros... está en nuestras entrañas, y cada uno de nosotros puede hacer renacer, con su manera de actuar, dentro de sí, con su propia misericordia, una pequeña parte de la patria que verdaderamente queremos. 

Un País de paz, una nación en la cual prevalezcan el perdón y la reconciliación, el amor y la solidaridad. Es a partir de estas partículas que tendrá su comienzo la vida nueva; al comienzo, ella podrá ser frágil, pero, con el tiempo, cobrará cada vez mayor fuerza, participando en la construcción -y no en la destrucción-, en la cooperación recíproca -y no en la hostilidad de unos contra otros-. 

Invito a los pesimistas a meditar sobre el canto profético de Zacarías y de la Virgen María  (Lc1:46-55 y 1:68-79). 

Vivamos, entonces, la misericordia, seguros de que un Dios Misericordioso no nos ha de abandonar jamás. Él tiene misericordia con nosotros, a fin de que nosotros seamos misericordiosos. 

 

* Vicario apostólico de Alepo para los Latinos

 

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