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SRI LANKA
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Colombo: el «sunn hemp» como posible respuesta a la crisis de los fertilizantes

de Arundathie Abeysinghe

Algunos estudios de la Universidad de Peradeniya muestran que el cáñamo sunn (Crotalaria juncea) es capaz de fijar el nitrógeno atmosférico y enriquecer rápidamente el suelo, reduciendo la dependencia de los fertilizantes químicos, cuya disponibilidad se ha visto mermada debido al bloqueo del estrecho de Ormuz. Los expertos invitan a los agricultores y a las instituciones a aprovechar su potencial para reforzar la seguridad alimentaria del país.

 

Colombo (AsiaNews) - Una planta tradicional podría ser la solución a la crisis de los fertilizantes en Sri Lanka, provocada por el cierre del estrecho de Ormuz, ya que reduciría los costes para los agricultores y, al mismo tiempo, mejoraría la calidad del suelo. Se trata del cáñamo sunn (Crotalaria juncea), una leguminosa objeto de recientes estudios llevados a cabo en la Facultad de Agricultura de la Universidad de Peradeniya, con especial atención a las zonas de la «Zona Seca», una de las principales regiones climáticas del país, caracterizada por escasas precipitaciones anuales y largos periodos de sequía.

Según las investigaciones, el cáñamo sunn es capaz de fijar el nitrógeno atmosférico en su propia biomasa, que luego se incorpora al suelo como fertilizante natural. Este proceso permite reducir de manera significativa el uso de fertilizantes químicos.

Los funcionarios del departamento de Agricultura recomiendan aportar unas 10 toneladas por hectárea de materia orgánica, sobre todo para los cultivos anuales, con el fin de mejorar la fertilidad del suelo. Tradicionalmente, los agricultores utilizan compost o estiércol bovino, pero en muchos casos también recurren al llamado «abono verde», obtenido a partir de material vegetal fresco.

Los científicos Udara Samarasinghe y Sachintha Alwis explican a AsiaNews que «existe una importante categoría de insumos orgánicos constituida por material vegetal fresco, sobre todo hojas verdes. Los agricultores de Sri Lanka utilizan el abono verde desde hace generaciones. La planta más extendida es la Gliricidia Tithonia, conocida por el aporte de nutrientes y biomasa al suelo».

Sin embargo, añaden, «a pesar de los beneficios, las plantas de Gliricidia son perennes, requieren un espacio dedicado y varios meses para producir suficiente biomasa. Es necesario cortarlas y transportarlas antes de incorporarlas al suelo. Estas limitaciones hacen que su uso sea menos práctico, sobre todo para los cultivos anuales». De ahí la necesidad de un cultivo alternativo de ciclo corto, fácil de cultivar directamente en el campo: «El cáñamo sunn es un cultivo leguminoso anual con múltiples beneficios, cultivado en diversas partes del mundo».

Brasil es el principal productor, donde se utiliza sobre todo como forraje y abono verde, mientras que en la India (segundo productor mundial) también se emplea para la fibra. Países como Estados Unidos y Australia lo utilizan con fines ecológicos, entre ellos el control de la erosión, la supresión de malas hierbas y la mejora del suelo, gracias a su capacidad para crecer incluso en suelos pobres y en condiciones difíciles, con unas necesidades hídricas mínimas.

«La fase de floración al 50 % es el momento más adecuado para incorporarlo al suelo. En las condiciones de la Zona Seca, esto ocurre unos 50 días después de la siembra. El cáñamo sunn aporta unos 500 kg de nitrógeno y 250 kg de fósforo por hectárea y contribuye de manera significativa a reducir las malas hierbas», explican los investigadores. «La biomasa se descompone rápidamente: en el plazo de dos semanas, los agricultores pueden iniciar un nuevo cultivo. El suelo enriquecido favorece los microorganismos beneficiosos y libera nutrientes de forma gradual, actuando como un fertilizante de liberación lenta».

Según los investigadores Nipunika Attanayaka y Shirantha Gamlath, «aunque el cáñamo sunn aún no es un cultivo comercial o de exportación importante en Sri Lanka, tiene un gran potencial como solución a medida para los agricultores con el fin de mejorar la salud del suelo». Entre los principales retos se encuentran la disponibilidad y el coste de las semillas, que actualmente rondan las 530 rupias por kilogramo: para cultivar una hectárea se necesita una inversión de unas 53.000 rupias (entre 1600 y 1700 euros).

Sin embargo, subrayan, «el ahorro derivado de la reducción de fertilizantes puede superar varias veces este coste, mientras que los beneficios ecológicos a largo plazo son aún mayores». Y concluyen: «En lugar de admirar sus flores amarillas, deberíamos incorporarlo al suelo cuando aún está verde y dejar que nutra nuestros sistemas agrícolas. La investigación científica ya ha demostrado sus beneficios: es hora de que los agricultores y las instituciones utilicen estos conocimientos para enriquecer los suelos, reforzar la producción alimentaria y garantizar rendimientos sostenibles para el país».

Foto: Ksenia Ice/Shutterstock

 

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