Conclusión del Jubileo en las diócesis de Asia
15.000 personas se reunieron en Hanói, en el santuario de los mártires vietnamitas, al término de un Año Santo marcado por más de mil peregrinaciones. También se celebraron actos en las diócesis de China continental. El cardenal Kikuchi en la Iglesia de Tokio: «Que la llama de la esperanza no se apague»
Milán (AsiaNews) - También para las diócesis de Asia es tiempo de hacer balance del Jubileo, vivido en comunión con la Iglesia universal. Tal y como preveía la bula de convocatoria del papa Francisco «Spes non confundit», el domingo pasado, fiesta de la Sagrada Familia, se celebraron las ceremonias de clausura en las distintas diócesis.
Cabe destacar la que se celebró en Hanoi, la capital vietnamita, que reunió en el Centro Nacional de Peregrinación dedicado a los Santos Mártires Vietnamitas en Sở Kiện a más de 15.000 fieles, con 200 sacerdotes y unos 600 religiosos y seminaristas procedentes de toda la arquidiócesis. Un video titulado Revivir el Año Santo de la Esperanza ayudó a los presentes a recorrer el camino de gracia que Dios derramó sobre la arquidiócesis durante el Año Santo a través de las peregrinaciones a las siete iglesias designadas para el Jubileo por la arquidiócesis, con el fin de ofrecer a cada fiel la oportunidad de un encuentro personal con Dios. En toda la arquidiócesis se realizaron 1062 peregrinaciones, con un total de aproximadamente 415.000 participantes.
En su homilía, el arzobispo Giuseppe Vu Van Thien subrayó que el mundo actual está herido por muchos conflictos, violencias y divisiones, lo que lleva a los cristianos a preguntarse dónde encontrar la esperanza. La respuesta de la Iglesia es Jesús mismo: «Dios viene —dijo el arzobispo de Hanoi— para que el hombre se atreva a esperar algo grande. El hombre se atreve a esperar porque la Iglesia afirma que Dios es fiel y ama a la humanidad, a pesar de sus pecados. El hombre se atreve a esperar también porque el Hijo de Dios venció a la muerte y respondió con amor y perdón. El hombre espera porque cree que el Espíritu Santo está siempre presente, iluminando y guiando, haciendo que la Iglesia sea firme y perseverante».
También en las diócesis de China continental se celebraron las ceremonias de clausura del Año Santo. El sitio católico Xinde relata la que tuvo lugar en la diócesis de Hangzhou, en la provincia de Zhejiang. Presidió la ceremonia el obispo Giuseppe Yang Yongqian, uno de los dos prelados que en 2023 participaron en el Sínodo en el Vaticano y que en 2024 fue trasladado, con el consentimiento del papa Francisco, a esta sede episcopal históricamente importante para la Iglesia en China. Junto a él, en la catedral de la Inmaculada Concepción, estaban presentes todos los sacerdotes de la diócesis, las religiosas y representantes de los fieles de las distintas parroquias.
En la homilía, el obispo Yang recordó el origen y el significado del Jubileo, repasando el crecimiento de la diócesis durante el año jubilar en la oración, la evangelización, la caridad y la comunión. Subrayó que «como peregrinos de la esperanza, Dios nos ha concedido muchas gracias y bendiciones: hemos aprendido a detenernos, a escuchar las necesidades de los demás y a tender una mano de ayuda». Concluyó diciendo: «La verdadera peregrinación no consiste en la distancia recorrida por los pies, sino en que el corazón permanezca siempre vuelto hacia Dios. Cada «peregrino de la esperanza» que hoy está aquí es un testigo de Cristo en el mundo. La misa de clausura del Jubileo no es un final, sino un nuevo punto de partida en nuestra vida, que nos anima a seguir adelante».
Tras la celebración de clausura del Año Santo celebrada en la catedral de Santa María en Tokio, el card. Tarcisio Isao Kikuchi envió el 1 de enero una carta dirigida a la diócesis titulada significativamente «Para que la llama de la esperanza no se apague». «Los peregrinos de la esperanza no dejan de existir con la clausura del Año Santo —escribe el arzobispo de Tokio—. Mientras continúe la violencia contra la vida, la comunidad eclesial de los peregrinos de la esperanza tendrá la misión de dar testimonio de la esperanza en medio de las tormentas de este mundo. Para que la llama de la esperanza no se apague, continuemos cada uno, en su propio contexto, con nuestro compromiso».
«El camino sinodal —añade el cardenal Kikuchi— es un camino que da testimonio de la esperanza. No podemos saber de antemano adónde nos llevará el Espíritu Santo. Caminar juntos como comunidad sinodal, apoyándonos mutuamente y rezando juntos, es un camino que nos libera de la desesperación y genera esperanza. Al igual que los santos misioneros, que con valentía se confiaron a la guía del Espíritu Santo emprendiendo un viaje desconocido, también nosotros deseamos ser una Iglesia que se confía con valentía al Espíritu».
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