Desde el gas hasta el agua embotellada, la guerra en Oriente Medio golpea a los más pobres de la India
El conflicto que Israel y Estados Unidos han lanzado contra Irán se traduce en la India en una escasez de bombonas de gas, aumento del precio de los alimentos y encarecimiento del agua potable. Esta situación podría empeorar si se suma a la falta de fertilizantes, que Nueva Delhi ya ha solicitado a Beijing. Una vez más, la política de Washington parece estar favoreciendo un acercamiento entre los dos gigantes asiáticos.
Delhi (AsiaNews) - La escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán está desencadenando una crisis energética mundial cuyos efectos ya se sienten en las calles de la India. Para millones de indios, esto se traduce en una drástica escasez de gas para cocinar y un repentino aumento del precio de los bienes esenciales de consumo diario.
La India importa cerca del 80% del gas natural licuado (GNL) y entre el 60% y el 65% del gas licuado de petróleo (GLP) —una mezcla de propano y butano que se licúa para poder almacenarla y transportarla en bombonas o tanques que se utilizan para cocinar—. Con el bloqueo del estrecho de Ormuz, los suministros se han ralentizado y se ha desatado el pánico entre las familias y pequeños comerciantes. Para evitar el desabastecimiento en los hogares y posibles protestas de la clase media, el gobierno indio ha decidido priorizar la distribución de bombonas para uso doméstico. Sin embargo, esta medida ha reducido el suministro destinado a actividades comerciales, como los dhabas (puestos de comida en las carreteras donde normalmente se puede comer algo rápido a cualquier hora) y los servicios de tiffin que entregan comidas económicas a trabajadores migrantes y a la multitud de pobres de las ciudades.
En grandes ciudades como Bombay y Delhi, el precio oficial de una bombona comercial de 19 kilogramos, que normalmente ronda las 1.800-1.900 rupias (unos 20 euros), ha subido rápidamente, mientras que en el mercado negro, el precio puede alcanzar las 2.800 rupias, e incluso en algunas ciudades los precios ilegales superan las 3.500-4.500 rupias (entre 38 y 49 euros).
Como consecuencia, muchos pequeños restaurantes y quioscos se han visto obligados a aumentar el precio de productos básicos, como el té o las samosas de 5-10 rupias, o a reducir drásticamente sus menús, limitándose a unos pocos alimentos esenciales, como arroz y encurtidos.
Esta situación está afectando especialmente a las familias musulmanas que celebran el mes sagrado de Ramadán, ya que los platos tradicionales del iftar son cada vez más caros o difíciles de encontrar. En varios casos, los comedores comunitarios que ofrecen comidas económicas han tenido que reducir las porciones o suspender el servicio por falta de combustible.
Incluso los funerales han sido prohibidos. En ciudades como Pune y Kozhikode los crematorios públicos se han quedado sin gas, lo que obliga a las familias a recurrir a las piras funerarias de leña, una opción más cara y contaminante.
El costo del agua y la crisis de la moneda
El aumento del precio del petróleo también está encareciendo los polímeros que se utilizan para fabricar botellas de plástico, tapas, etiquetas y embalajes. Según la federación de fabricantes de agua embotellada de la India, unos 2.000 pequeños productores ya han aumentado los precios a los distribuidores en aproximadamente 1 rupia por botella (alrededor de 1 céntimo de euro), un incremento del 5%, pero podrían producirse nuevos aumentos en los próximos días.
En la India una botella de agua de un litro generalmente cuesta menos de 20 rupias, un tema particularmente sensible en un país de 1.400 millones de habitantes, donde varios estudios indican que aproximadamente el 70% del agua subterránea está contaminada, lo que convierte el agua embotellada en una necesidad diaria para millones de personas.
Al mismo tiempo, la rupia india ha caído a un mínimo histórico de 92,35 frente al dólar estadounidense. El año pasado, la moneda india ya había registrado el peor desempeño entre las principales divisas asiáticas, pero el nuevo aumento de los precios de la energía como consecuencia de la guerra, está acentuando aún más la presión sobre la moneda: ahora cada barril de petróleo importado resulta aún más caro, lo que alimenta aún más la inflación.
A este complejo escenario se suma la situación de los cerca de 9,1 millones de trabajadores indios que han emigrado a los países del Golfo. Sus remesas representan cerca del 38% del total de ingresos en divisas (unos 50.000 millones de dólares anuales), uno de los pilares de la estabilidad económica nacional. Si el conflicto se prolonga, la pérdida de empleos y la posible necesidad de evacuar a millones de personas no solo se convertirían en una pesadilla logística y financiera, sino que también pondrían en grave peligro la seguridad económica de la India.
El acercamiento a Beijing
Así como la política arancelaria estadounidense empujó en el pasado a Delhi a acercarse de nuevo a Beijing, esta guerra podría beneficiar involuntariamente a China. La India ha recurrido recientemente al gigante asiático para solicitar el envío de fertilizantes, otro producto esencial para los países asiáticos que llega a través del estrecho de Ormuz. Las fábricas indias que producen fertilizantes localmente corren el riesgo de quedar paralizadas por falta de suministro de gas. Lo que se encuentra especialmente amenazada es la producción de urea, un nutriente esencial para el vastísimo sector agrícola del país, que emplea a aproximadamente el 30% de la población activa. Ante la previsión de las lluvias monzónicas y la temporada de siembra en junio, Delhi ha pedido a Beijing que flexibilice las restricciones a las exportaciones de urea a la India para evitar una situación de inseguridad alimentaria generalizada
Esta semana, el gobierno indio también decidió flexibilizar algunas normas sobre inversiones extranjeras (conocidas como "Press Note 3"), que se introdujeron después de los enfrentamientos fronterizos con China en 2020 precisamente para limitar la influencia económica de Beijing. Las nuevas directrices permiten que empresas con menos del 10% de participación china inviertan en la India sin aprobación previa del gobierno. El objetivo es captar capital y tecnología china para reforzar el sector manufacturero indio en un momento de gran inestabilidad global. Quizás sin pretenderlo, Estados Unidos está fomentando una alianza económica entre los dos gigantes de Asia.
(Colaboró Nirmala Carvalho)
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21/05/2024 13:34
