27/01/2026, 18.50
PUERTA DE ORIENTE
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Desde el presidente hasta el primer ministro, está en juego el futuro de Irak, rehén de EE. UU. e Irán

de Dario Salvi

Las milicias chiítas pro-Teherán de Kataib Hezbollah amenazan con una “guerra total” tras la llegada del portaaviones estadounidense a la región. Se aplazó la elección del sucesor de Abdul Latif Rashid, recordado por el duro enfrentamiento con el patriarca caldeo debido a la revocación del decreto presidencial. La figura fuerte de al-Maliki volvería a estar al frente del gobierno. Card. Sako: tres días de ayuno y oración por el país.

 

Milán (AsiaNews) - La elección del nuevo presidente, estrechamente relacionada con el nombramiento del primer ministro y el posible regreso al frente del país del veterano político Nuri al-Maliki. Y, por otra parte, las amenazas del grupo militante chiíta pro-iraní más importante, que habla de “guerra total” tras el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln en la región de Oriente Medio, señal de un posible (nuevo) ataque a Teherán. Ante la situación de fuerte tensión e incertidumbre en Oriente Medio, la Iglesia caldea y su patriarca, el card. Louis Raphael Sako, convocan a la oración y el ayuno para conjurar el peligro de una nueva escalada de violencia que supondría mayores conflictos y devastaciones para la población.

No es posible subestimar estos temores, sobre todo por lo que está ocurriendo en otros países, comenzando por Siria, donde las autoridades de Damasco han entablado duros enfrentamientos con el frente kurdo que podrían tener repercusiones en Irak. A esto se suma la decisión, cuanto menos controvertida, de Estados Unidos de trasladar a cerca de 150 prisioneros del Estado Islámico (EI, ex Isis) de Hassaké, en Siria, a una “estructura segura” del otro lado de la frontera con Irak, como parte de una operación que podría involucrar unos 7 mil combatientes del “califato”. Esta medida corre el riesgo de reabrir viejas heridas en un país que todavía no ha conseguido dejar atrás los dramas y la devastación del dominio yihadista en el norte, en Mosul y la llanura de Nínive, entre 2014 y 2017, y que en los años posteriores ha vuelto a registrar focos de tensión vinculados al fundamentalismo islámico que nunca quedó totalmente sofocado.

La “guerra total” de Kataib Hezbollah

El primer nivel de atención - y preocupación - se centra en el escenario regional, sobre todo las implicaciones de las protestas en Irán y el riesgo de una intervención estadounidense (e israelí) contra los dirigentes de la República Islámica, con las inevitables repercusiones para Bagdad. Desde hace años Irak es el escenario de una lucha de poder entre Washington y Teherán, que a través de la fuerza militar y política - sobre todo con el regreso de al-Maliki, considerado cercano a EE. UU., aunque reivindica “amistad pero también autonomía” - y las milicias aliadas influyen en la vida del país árabe. En este juego de alianzas y esferas de influencia se enmarca la intervención del grupo militante iraquí Kataib Hezbollah, que ha declarado que se está preparando para una “guerra total” en coincidencia con la llegada del portaaviones estadounidense, que ha colocado a sus tropas "a distancia de asalto" de Irán.

La nueva declaración de Kataib Hezbollah está firmada por al-Hamidawi, quien fue reelegido como líder en 2022 y es conocido por su nombre de guerra, Ahmad Mohsen Faraj al-Hamidawi. El secretario general de los combatientes pro-iraníes advirtió que cualquier conflicto con Teherán “no será fácil”, y amenazó a sus adversarios que, en caso de enfrentamiento, “se encontrarían con graves consecuencias”. Se dirigió también a sus propios milicianos, exhortándolos a estar siempre “preparados sobre el terreno”. “Extendemos nuestra invitación - prosiguió - a nuestros hermanos muyahidines... para que se preparen para una guerra total en apoyo a la República Islámica de Irán”. Palabras de guerra que provienen de una de las facciones más cercanas a la República Islámica y a los Pasdaran, similares en todos los aspectos a sus “hermanos” libaneses de Hezbollah que, como ellos, pueden disponer de una nutrida reserva de armas.

La declaración de ayer es solo el último ejemplo de cómo las milicias respaldadas por Teherán en Irak siguen siendo una amenaza para Israel, Estados Unidos y toda la región. En los últimos días estos grupos se han desplegado en la frontera siria, y afirman que están ayudando al gobierno central de Bagdad a proteger la frontera de posibles intrusiones. En 2020 Estados Unidos mató al líder de Kataib Hezbollah, Abu Mahdi al-Muhandis, quien viajaba en el mismo vehículo que el comandante de la Fuerza Quds iraní Qasem Soleimani, que fue destruido por un dron. Por su parte las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) afirmaron que estaban en alerta y preparadas para “cualquier tipo de escenario”, en una creciente escalada de tensiones.

Nuevo presidente y regreso de al-Maliki

En este momento el panorama político e institucional está dominado por dos pasos cruciales para el futuro del país: la elección del nuevo presidente, que debería cerrar el mandato de Abdul Latif Rashid - protagonista, entre otras cosas, del durísimo enfrentamiento con el primado caldeo debido a la controvertida decisión de retirar el decreto presidencial - y el consiguiente nombramiento del nuevo primer ministro. El primero, según la Constitución, debería haberse cumplido antes del 29 de enero, pero precisamente esta mañana el Consejo de Representantes de Irak (la Asamblea unicameral que gobierna el país) aprobó el aplazamiento de la sesión dedicada a la elección del nuevo presidente. Esta decisión, explicó el presidente del Parlamento Haibat al-Halbousi, sigue al pedido de aplazamiento del Partido Democrático de Kurdistán (KDP) y de la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK), las dos principales facciones kurdas. La votación se ha postergado hasta nuevo aviso aunque muy probablemente la próxima reunión se programará para el primero de febrero, una vez que las dos principales facciones que compiten en la elección del presidente (que según la Constitución debe pertenecer a la etnia kurda) hayan alcanzado un acuerdo.

El vicepresidente Farhad Atroushi confirmó la suspensión de la sesión parlamentaria de esta mañana alegando la falta de quórum legal que se requiere para la votación. Este retraso de unos pocos días, como solicitaron antes de la reunión de hoy el KDP y el UPK, es para permitir un mayor margen de tiempo y de maniobra en una situación de intereses y alianzas muy precarios. Sin embargo, la decisión de postergar la votación ha provocado malestar y perplejidad entre aquellos que temen retrasos en cadena en el nombramiento del próximo primer ministro y del gobierno, lo que podría condicionar la estabilidad política y la continuidad institucional en Irak. Una vez concluido el mandato - no exento de controversias - de Rashid, se supone que los dos nombres que ahora competirán por la sucesión serán los del candidato del KDP Fuad Hussein y de su rival del UPK Nizar Amedi.

A la elección del presidente seguirá luego la decisión - uno de sus primeros nombramientos formales - de quién será la persona encargada de formar el nuevo gobierno. Según diversos analistas esa tarea recaerá en el veterano político y ex primer ministro Nouri al-Maliki, tal como ha recomendado la alianza chiíta Coordination Framework (el bloque mayoritario en la Asamblea), decisión que no dejará de dar lugar a conflictos y divisiones. En efecto, lo que está en juego no es solo la formación del próximo gobierno sino, más en general, el posicionamiento de Irak en un contexto de creciente rivalidad entre Estados Unidos e Irán, las frágiles relaciones entre sunitas y chiítas y un liderazgo kurdo que prioriza la previsibilidad sobre la experimentación. En un comunicado, el Marco de Coordinación afirmó que al-Maliki - quien ya fue primer ministro desde finales de 2005 hasta 2014 - ha sido elegido “por su experiencia política y administrativa y su papel en la gestión del Estado”. Al-Maliki había renunciado tras el ascenso del Isis, aunque siguió siendo siempre un actor político influyente en el panorama sectario y confesional del país árabe. Expertos y estudiosos señalan que, mientras Washington y Teherán empujan en direcciones opuestas - y las facciones iraquíes oscilan entre los principios y el pragmatismo -, la cuestión no es si al-Maliki puede volver, sino si Irak puede absorber ese regreso sin reabrir las heridas del pasado.

La Iglesia caldea ayuna por la paz

En este marco de tensiones e incertidumbres sobre el futuro, la Iglesia caldea ha invitado a los fieles  a tres días de ayuno y oración, del 26 al 28 de enero, “por la paz en la región”. Hace pocos días el primado caldeo, Card. Louis Raphael Sako, publicó personalmente en el sitio del patriarcado un llamamiento en el que señala su “grave preocupación” por las “noticias alarmantes” que provienen de diversos lugares de Oriente Medio. En la región - afirma el purpurado en la nota que envió también a AsiaNews - se asiste a una “escalada de conflictos, militarización, polarización y deterioro de la estabilidad”. Por eso exhorta a los dirigentes del país y a la población, cristianos y musulmanes, a adoptar “medidas concretas” para promover “la paz y la armonía” a fin de evitar “nuevas calamidades” a los países de la región.

En primer lugar, el cardenal pide a las Naciones Unidas que asuman "la responsabilidad de abordar los conflictos y alcanzar la paz a través del diálogo, a fin de preservar la soberanía de los países y los derechos de sus ciudadanos”. Por su parte los gobiernos locales deben “analizar cuidadosamente la situación y asumir la responsabilidad directa de proteger a la nación, y garantizar la libertad, la dignidad y un nivel de vida digno a todos los ciudadanos”. Por último, en lo que respecta a Irak específicamente, afirma que “ha llegado el momento de implementar reformas, pasando de los eslóganes a los hechos, confiando al Estado el monopolio de las armas y combatiendo con decisión la corrupción. El criterio para construir un Estado - advierte - es el principio de ciudadanía, competencia y adhesión a políticas éticas”. En el plano de la fe, el Card. Sako recuerda que “la religión es una cuestión personal, mientras que los asuntos públicos deberían basarse en la competencia y la capacidad”. Por último, al nuevo gobierno le corresponderá la tarea de asegurar “la igualdad” entre las personas, respetando y aceptando al mismo tiempo “la diversidad religiosa y étnica”, que constituye en sí misma un recurso. "También debe hacer todos los esfuerzos necesarios - concluye - para cambiar el discurso en los medios de comunicación, las mezquitas y las iglesias, y para mejorar los programas educativos en las escuelas”.

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