17/06/2026, 17.47
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Desertificación: 1.700 millones de hectáreas en riesgo, alarma en Asia Central

Con motivo de la Jornada Mundial de Lucha contra la Desertificación, las Naciones Unidas denuncian que Asia Central enfrenta la peor sequía de los últimos 45 años. No es casualidad que la próxima conferencia de la ONU sobre el tema se celebre en agosto en Mongolia. La degradación del suelo en el continente se traduce en inseguridad alimentaria y flujos migratorios hacia las ciudades y el extranjero.

 

Nueva York (AsiaNews) - Con motivo de la Jornada Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, que se conmemora hoy, 17 de junio, las Naciones Unidas han decidido llamar la atención sobre la degradación de los pastizales y las tierras áridas, un fenómeno que afecta a más de 1.700 millones de hectáreas en Asia, casi el 40% del continente.

El tema elegido para 2026 por la Convención de la ONU para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD) es "Pastizales: reconocer, respetar, restaurar", cuyo objetivo es poner de relieve la importancia de las tierras utilizadas por las comunidades pastoriles y agrícolas. El problema es particularmente relevante en Asia Central, donde las economías rurales siguen dependiendo de la ganadería y del uso sostenible de las tierras de pastoreo. No es casualidad que la Conferencia de las Partes (COP17) de la UNCCD se celebre en agosto en Mongolia.

La degradación del suelo en Asia Central se debe al aumento de las temperaturas y a la disminución de las precipitaciones, a lo que se suman décadas de irrigación ineficiente y sobreexplotación de los terrenos.

Un estudio de la ESCAP (la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico de la ONU) muestra que desde 2019 Asia Central está viviendo la sequía más severa de los últimos 45 años en términos de duración y extensión geográfica, y afecta al 75% del territorio. Paralelamente las temperaturas medias han aumentado alrededor de 0,4°C cada 10 años, acelerando la pérdida de humedad del suelo.

Solo en Kazajistán, más de tres cuartas partes del territorio se consideran altamente vulnerables a la desertificación. En Mongolia, el costo anual de la degradación del suelo causada por el sobrepastoreo asciende a 2.100 millones de dólares, más del 43% del PIB nacional.

Uno de los símbolos más conocidos de la degradación ambiental en Asia Central sigue siendo el desastre del mar de Aral. Considerado el cuarto lago más grande del mundo hasta mediados del siglo XX, la cuenca se fue secando progresivamente debido a la desviación de los cursos de agua que se utilizaban para el riego intensivo durante la época soviética. Hoy, millones de hectáreas de lecho marino expuesto producen tormentas de arena y sal que se extienden mucho más allá de las fronteras de Uzbekistán y Kazajistán, con consecuencias para la salud de la población y la agricultura local.

Este fenómeno también es frecuente en China, según la UNCCD, que apunta una vez más contra el uso intensivo del suelo: el 25% del origen de las tormentas de arena y polvo en la región es directamente atribuible a una mala gestión humana del suelo, según los estudios del organismo de la ONU. El 40% del territorio chino también está degradado, a pesar de los avances que proclama Beijing.

La degradación del suelo contribuye a la disminución de la productividad agrícola, lo que aumenta el riesgo de inseguridad alimentaria para la población y provoca la pérdida de ingresos en las zonas rurales. Esto a su vez genera movimientos migratorios hacia las ciudades o el extranjero, abriendo nuevas rutas migratorias y acentuando las desigualdades sociales. Más del 70% de las precipitaciones en Asia Central se concentran entre noviembre y abril. Esto significa que cualquier anomalía climática durante estos meses puede comprometer todo el ciclo agrícola del año siguiente.

Del mismo modo, las consecuencias de la desertificación no afectan únicamente a las tierras áridas. En el sudeste asiático está creciendo la preocupación por el regreso de El Niño, que provoca el calentamiento de las aguas del Pacífico. Según la Organización Meteorológica Mundial  podría comenzar durante el verano y continuar al menos hasta finales de año. El fenómeno podría alterar los monzones de los que dependen millones de agricultores, reduciendo las precipitaciones precisamente en los meses cruciales para la siembra y la reposición de las reservas hídricas.

Los efectos podrían ser especialmente graves para la producción de arroz, alimento básico para cientos de millones de personas en la región. Según los expertos, países como Tailandia, Indonesia, Filipinas y Camboya podrían registrar una disminución de las cosechas de entre el 2 y el 8%, con pérdidas aún mayores en las zonas más expuestas a la sequía. También preocupa el sector del aceite de palma, concentrado sobre todo en Indonesia y Malasia, que podría sufrir una desaceleración productiva en los próximos meses debido al aumento de las temperaturas, con repercusiones en los precios de los alimentos que se sumarían al aumento de los precios de la energía y los fertilizantes que yan han provocado las tensiones internacionales en Oriente Medio.

 

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