25/03/2022, 23.33
VATICANO-RUSIA-UCRANIA
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El Papa, al mundo en guerra: 'Volvamos a Dios’

En la basílica del Vaticano, delante de la imagen de Nuestra Señora de Fátima, tuvo lugar el acto de consagración al Corazón Inmaculado de María en el marco de un conflicto "cruel y sin sentido". El gesto estuvo precedido por una liturgia penitencial porque "hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado" y sólo el perdón de Dios puede "cambiar nuestros corazones y el mundo". Confiarnos a la Virgen "no es un acto mágico, sino que es entregarnos y ponernos en sus manos, como niños asustados”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna". Estas palabras fueron el eje de la oración que el Papa Francisco compuso y rezó esta tarde en la Basílica de San Pedro, durante el acto de consagración del mundo -y de manera especial, de Rusia y Ucrania- al Corazón Inmaculado de María, en el contexto de la dramática guerra que ensangrienta Europa. “Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra”, continuó el pontífice. “Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación.Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo. Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar. Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear".

El acto tuvo lugar delante de la imagen de la Virgen de Fátima -normalmente venerada en el santuario de San Vittorino, en las afueras de Roma-, que fue trasladada a la Basílica Vaticana para la ocasión. Un gesto realizado en comunión con el rito análogo presidido al mismo tiempo en nombre del Papa por el limosnero papal, el cardenal Konrad Krajewski, en el lugar de las apariciones en Portugal y por todos los demás obispos de las diócesis del mundo. No es casualidad que este gesto haya sido precedido por una liturgia penitencial que Francisco ha querido en esta fiesta mariana de la Anunciación: "hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales.". “Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor". El propio Papa Francisco se acercó al sacramento de la reconciliación en un confesionario situado cerca del altar de San Basilio Magno en la basílica vaticana. Y allí -más tarde- confesó personalmente a algunos fieles.

“Con frecuencia pensamos que la confesión consiste en acercarnos a Dios cabizbajos. Pero no somos principalmente nosotros los que volvemos al Señor; es Él quien viene a visitarnos, a llenarnos de su gracia, a alegrarnos con su alegría. Confesarse es darle al Padre la alegría de resucitarnos".

Y el Papa nos invita a tener esta mirada frente al drama de la guerra: "En estos días, las noticias y las imágenes de la muerte siguen entrando en nuestras casas, mientras las bombas destruyen los hogares de tantos hermanos y hermanas ucranianos indefensos. La brutal guerra, que ha golpeado a tantos y está haciendo sufrir a todos, provoca miedo y consternación en todos. Todos tenemos una sensación de impotencia e inadecuación". Como María en la Anunciación", señaló el Pontífice, "necesitamos escuchar a alguien que nos diga: 'no temas'. Pero no bastan las seguridades humanas, necesitamos la presencia de Dios, la certeza del perdón divino, el único que elimina el mal, desarma el rencor, devuelve la paz al corazón. Volvamos a Dios, a su perdón".

"Nosotros solos no logramos resolver las contradicciones de la historia, y ni siquiera las de nuestro corazón”, continuó el papa. “Necesitamos la fuerza sabia y apacible de Dios, que es el Espíritu Santo. Necesitamos el Espíritu de amor que disuelve el odio, apaga el rencor, extingue la avidez y nos despierta de la indiferencia". “A menudo nos olvidamos de pedirle a Dios lo más importante y lo que Él quiere darnos: el Espíritu Santo, la fuerza para amar. Sin amor, ¿qué vamos a ofrecer al mundo? Alguien dijo que un cristiano sin amor es como una aguja que no cose: pincha, hiere, pero si no cose, si no teje, si no une, no sirve de nada. Me atrevo a decir: no es cristiano. Por eso necesitamos sacar del perdón de Dios la fuerza del amor, el mismo Espíritu que descendió sobre María. Porque, si queremos que el mundo cambie, lo primero que tiene que cambiar son nuestros corazones".

De ahí la decisión de "ir y poner en el Corazón Inmaculado de María todo lo que estamos viviendo. Renovar la consagración de la Iglesia y de toda la humanidad y consagrar, de manera especial, al pueblo ucraniano y al pueblo ruso, que con afecto filial la veneran como Madre". No se trata de una fórmula mágica -dijo el Papa Francisco-, sino de un acto espiritual. Es el gesto de plena entrega de los niños que, en la tribulación de esta guerra cruel y sin sentido que amenaza al mundo, se dirigen a la Madre, como hacen los niños cuando están asustados. Lo hacen arrojando su miedo y su dolor a su Corazón, entregándose a ella. Es poner en ese Corazón límpido e incontaminado, donde se refleja Dios, los bienes preciosos de la fraternidad y de la paz, todo lo que tenemos y todo lo que somos, para que sea ella, la Madre que el Señor nos ha dado, quien nos proteja y nos guarde".

"Hágase en mí según tu palabra", respondió la Virgen al ángel. "La Madre de Dios, después de dar su sí, afrontó un largo viaje cuesta arriba hasta una región montañosa para visitar a su prima embarazada (cf. Lc 1,39)", dijo Francisco. "Que hoy nos tome de la mano y guíe nuestro camino por las empinadas y fatigosas sendas de la fraternidad y el diálogo, por el camino de la paz".

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