El Papa al Catholicos Aram I: 'Fortalecer los lazos de unidad que ya existen'
El obispo libanés estuvo junto a León XIV en la audiencia de la Plaza de San Pedro. Se recordó el camino hacia una "plena unidad" y se rezó "por la paz en el Líbano y en Oriente Medio". A un grupo de deportistas dijo que "la verdadera meta no es la victoria material, sino el respeto al adversario". La catequesis sobre la constitución del Vaticano II sobre la liturgia: "Signo de la unidad de todo el género humano en Cristo".
Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - León XIV abrió la audiencia general de esta mañana con un saludo a Aram I, Catholicos de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia, sentado a su lado en el atrio de San Pedro ante 25 mil fieles. Aram I, con quien ya mantuvo el lunes un encuentro, fue acogido recordando la importancia de "fortalecer los lazos de unidad que ya existen”. En inglés, el papa le agradeció su “compromiso con el ecumenismo”, especialmente en el “diálogo teológico internacional entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales”.
Prevost también invitó a rezar por la “plena unidad”, invocando la intercesión de san Gregorio el Iluminador, fundador de la Iglesia Apostólica Armenia. Al Catholicos libanés lo acompañaba una “ilustre delegación” de obispos, quienes también estuvieron presentes en la audiencia. “Oremos también por la paz en el Líbano y en Oriente Medio, una vez más desgarrados por la violencia y la guerra”, añadió. “A la espera de Pentecostés, pidamos al Espíritu de Dios que despierte las conciencias humanas con sus dones, que las aleje de la injusticia, de la violencia y de la guerra, y que renueve la faz de la tierra”, dijo al final a los fieles polacos.
En el momento de los saludos finales, el Papa León XIV recordó un evento deportivo organizado por el Movimiento de la Ética en el Deporte, que esta mañana congregó a un gran número de jóvenes en las inmediaciones de la plaza de San Pedro. “Queridos amigos, ustedes tienen una noble misión: custodiar el alma del deporte; recuerden que la verdadera meta no es la victoria material, sino el respeto al adversario, el juego limpio y la inclusión de todos”, dijo Prevost desde el atrio de la basílica.
En la catequesis que leyó después de saludar a Aram I, León XIV continuó con las reflexiones sobre los Documentos del Concilio Vaticano II, profundizando en la constitución Sacrosanctum Concilium, promulgada por el Papa Pablo VI el 4 de diciembre de 1963. El tema de hoy fue “La liturgia en el misterio de la Iglesia” (Lectura: Ef 1,9-10), que abre un ciclo dedicado a la liturgia, “signo de la unidad de todo el género humano en Cristo”. “Los Padres conciliares no solo quisieron emprender una reforma de los ritos, sino conducir a la Iglesia a contemplar y profundizar en ese vínculo vivo que la constituye y une: el misterio de Cristo”, explicó el Papa.
El pontífice señaló que dicho “misterio” no es una “realidad oscura, sino el designio salvífico de Dios”. Es decir, “el Misterio cristiano: el acontecimiento pascual, es decir, la pasión, la muerte, la resurrección y la glorificación de Cristo, que precisamente en la liturgia se nos hace sacramentalmente presente”. “Cristo mismo es el principio interior del misterio de la Iglesia, el pueblo santo de Dios, nacido de su costado traspasado en la cruz. En la santa liturgia, con el poder de su Espíritu, Él sigue actuando. Santifica y asocia a la Iglesia, su esposa, a su ofrenda al Padre”, señaló.
“La ritualidad de la Iglesia expresa su fe —según el célebre dicho lex orandi, lex credendi— y, al mismo tiempo, plasma la identidad eclesial: la Palabra proclamada, la celebración del Sacramento, los gestos, los silencios, el espacio, todo ello representa y da forma al pueblo convocado por el Padre, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo. Cada celebración se convierte así en una verdadera epifanía de la Iglesia en oración, como recordó san Juan Pablo II”.
En el documento conciliar, la liturgia se define como “la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia”. “Es cierto que la acción de la Iglesia no se limita únicamente a la liturgia; sin embargo, todas sus actividades (la predicación, el servicio a los pobres, el acompañamiento de las realidades humanas) convergen hacia esta 'cumbre'”, dijo. “La liturgia sostiene a los fieles sumergiéndolos siempre de nuevo en la Pascua del Señor”. De esa manera, a través de ella, “son fortalecidos, animados y renovados en su compromiso de fe y en su misión”.
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