30/06/2015, 00.00
LIBANO - MEDIO ORIENTE
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El ecumenismo de la sangre y las divisiones entre los ortodoxos

de Fady Noun
Mientras en todo el Medio oriente los cristianos, católicos y ortodoxos, son perseguidos, el patriarcado ortodoxo de Antioquía decidió romper la comunión con el Patriarcado ortodoxo de Jerusalén. Las rivalidades no son teológicas, sino de jurisdicción sobre los fieles de Qatar. El Sínodo pan-ortodoxo frenado por los celos de los ortodoxos rusos. La importancia de una fecha común para celebrar la Pascua.

Beirut (AsiaNews)- ¿Cómo nacen las divisiones en la Iglesia? El comunicado final del Santo Sínodo de la Iglesia griego-ortodoxa que se celebró en Balamand (23-26 de junio 2015) da un breve resumen sobre los preparativos del Gran Concilio de las Iglesias autocéfalas ortodoxas [ el Sínodo pan-ortodoxo- ndr]. Pero inmediatamente afirma que uno de los factores que obstaculizan su realización es el conflicto “territorial” que opone al patriarcado griego-ortodoxo de Antioquía y el de Jerusalén a propósito de la Iglesia griego-ortodoxo de Qatar.

El comunicado precisa que según un acuerdo de principio estipulado en Atenas en junio de 2013, el Qatar está bajo la jurisdicción de Antioquía, pero Jerusalén continúa ignorándolo. A causa de esto, el patriarcado de Antioquía decidió romper la comunión que la liga al patriarcado de Jerusalén hasta nueva orden.

La crisis entre Antioquía y Jerusalén explotó después de la ordenación episcopal que hizo Jerusalén del archimandrita Makarios como metropolita de Qatar, si bien este territorio del Golfo está bajo jurisdicción de Antioquía.

El patriarcado de Antioquía hizo público su desacuerdo el 13 de marzo de 2013 en Balamand. Se condenaba la decisión del patriarcado de Jerusalén “esperando que ese (de Antioquía-ndr) no será obligado a tomar posiciones que podrían ir hasta la ruptura de la comunión” si la decisión no fuese revocada. Y ahora, llegamos a tal decisión.

En el momento en el cual los ojos del mundo entero se baren sobre el peligro que amenaza la presencia milenaria de los cristianos en Medio oriente, dos Iglesias continúan la obra de la división. En una reciente declaración, Bartolomé I, el patriarca de Constantinópolis, confirmó que el Gran Concilio se celebrará en Pentecostés de 2016 en Estambul. Lamentablemente es notorio a todos que este Concilio, deseado por el patriarca de Constantinópolis Athenagoras en 1961 (¡hace 54 años atrás!), fue bloqueado por mucho tiempo por el patriarcado de Moscú, que rivaliza con el Patriarcado de Constantinópolis.

Custodios de los Lugares santos

Para volver a la ruptura de la comunión entre Antioquía y Jerusalén, es necesario precisar que la Iglesia ortodoxa de Jerusalén, que comprende la jurisdicción de Israel, Palestina, Jordania y Sinaí, jamás tuvo importancia por su número de fieles: ella siempre ocupó un lugar especial en el seno de la Iglesia ortodoxa por su rol de custodia de los Lugares santos de Jerusalén. Sin embargo, el Patriarca ortodoxo de Jerusalén es- anomalía en un mundo árabe: ¡un griego!

Hoy que la ruptura está hecha, podemos preguntarnos: ¿Tal ruptura está justificada por el conflicto territorial sobre Qatar? Algunos ambientes ortodoxos hacen notar que la diferencia entre Antioquía y Jerusalén se inscribe en un contexto más amplio de dos geopolíticas que se enfrentan. Antioquía sostiene que el patriarca de Jerusalén debería ser un árabe y no un griego. Algunos países como Qatar dan con más gusto un visto al clero ortodoxo al clero de Atenas que a los de Antioquía, recordando que el patriarcado griego-ortodoxo de Antioquía tiene su sede en Damasco, donde manda el presidente Bashar Assad. De tal modo la Iglesia ortodoxa permanece empantanada en la lucha entre polos regionales e internacionales, con los propios intereses económicos y políticos, sujeta a los vientos de las rivalidades y del antagonismo, extraños a su misión.

No hay nada que agregar: a nivel de la jerarquía la unidad de la Iglesia avanza a paso de tortuga, mientras el pueblo de los fieles, martirizado, deportado, masacrado no entiende más tales razones y reclama la unidad.

La fecha de la Pascua

La prueba es la acogida entusiasta con la cual fue recibida la toma de posición del Papa Francisco en favor de una misma fecha de Pascua para todos los cristianos. Francisco la anunció en el curso de un diálogo informal, precisando que las Iglesias orientales celebran de hecho la Pascua según el calendario juliano, abandonado por la Iglesia latina en el S. XVI, a favor del calendario gregoriano y por lo tanto por razones de circunstancia, sin alguna importancia dogmática.

Reaccionando a la propuesta de Francisco, el patriarca Tawadros II, jefe de la Iglesia copta ortodoxa, se pronunció también él a favor de una fecha común para la celebración de la Pascua, declarando que este problema “no tenía ninguna implicación en términos de fe ni de doctrina”. Justo como los desacuerdos (y rivalidades) entre Antioquía y Jerusalén o Moscú y Constantinópolis, en el momento en el cual todos los fieles del Medio Oriente, católicos y ortodoxos, viven el “ecumenismo de sangre”.

 

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