24/02/2026, 11.43
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El regreso de los turistas jordanos a Siria

de Giuseppe Caffulli

Tras años de aislamiento diplomático y restricciones a la movilidad, 395.000 ciudadanos jordanos visitaron Siria en 2025. Familias, jóvenes y viajeros independientes cruzan la frontera para estancias cortas, visitas culturales o reuniones familiares. El proyecto de reactivar la histórica línea ferroviaria de Hegiaz antes de que termine el año. Una recuperación que contrasta con la crisis del turismo en Amán, víctima de las crisis regionales.

Milán (AsiaNews) - En las calles del casco antiguo de Damasco, entre las tiendas del zoco y los patios de las casas históricas, por fin se mueven grupos de visitantes. Entran en la antigua mezquita de los Omeyas, se detienen en las pastelerías tradicionales, regatean algún recuerdo en los mercados de especias y tejidos. Hablan árabe y son casi indistinguibles de la población local. La escena, que hasta hace unos años habría parecido improbable, cuenta una realidad: la reapertura y la consolidación de los flujos turísticos entre Jordania y Siria.

A casi quince años del estallido de la guerra civil siria, tras años de aislamiento diplomático y fuertes restricciones a la movilidad, la conexión entre Amán y Damasco ha vuelto a estar operativa. Los autobuses turísticos vuelven a recorrer la carretera que une las dos capitales, los tours organizados han reaparecido en los catálogos de las agencias jordanas y las autoridades fronterizas han simplificado los trámites de entrada.

Según datos oficiales sirios, en 2025 unos 395.000 ciudadanos jordanos visitaron Siria, lo que supone un aumento del 93 % con respecto al año anterior. Se trata del grupo nacional más numeroso entre las llegadas registradas en el país. La cifra no solo indica una recuperación del turismo en sentido estricto en Siria, más de un año después de la caída de Bashar al-Assad y la llegada al poder del líder yihadista Ahmad al-Sharaa, sino que también señala el retorno de la movilidad civil que afecta a familias, jóvenes y viajeros independientes que cruzan la frontera para estancias cortas, visitas culturales o reuniones familiares.

Un punto clave es el paso fronterizo de Nasib-Jaber, históricamente uno de los principales enlaces entre los dos países. Antes de 2011, año en que estalló la guerra civil siria, era un corredor comercial esencial; sin embargo, durante los años más intensos de la guerra sufrió cierres y restricciones. Hoy en día, los operadores informan de tiempos de cruce reducidos, en algunos casos inferiores a diez minutos, y de procedimientos administrativos más ágiles que en el pasado. La reactivación estable del paso fronterizo ha vuelto a hacer viable el viaje por carretera, económicamente accesible para amplios sectores de la población jordana.

Además de la vía terrestre, también se ha reabierto la conexión aérea. El 31 de enero de 2025, un vuelo comercial de Royal Jordanian llegó al aeropuerto internacional de Damasco, lo que supuso el restablecimiento oficial de la ruta directa entre las dos capitales tras 14 años de interrupción. Actualmente, cuatro conexiones semanales unen Ammán y Damasco en unos 25 minutos de vuelo, lo que facilita los desplazamientos a quienes prefieren evitar el viaje por tierra.

En cuanto a las infraestructuras, Siria, Jordania y Turquía también están estudiando la reactivación del histórico ferrocarril de Hegiaz, la línea construida en la época otomana que conectaba Damasco con Ammán y otras ciudades de la región. Según declaraciones de funcionarios de transporte de los gobiernos implicados, el proyecto podría estar operativo a finales de este año. El ferrocarril de Hegiaz, obra de ingeniería de principios del siglo XX, ha sido muy importante para el mundo islámico, además de desde el punto de vista económico. Al conectar Damasco con Medina, la segunda ciudad santa del Islam, hizo posible que miles y miles de fieles peregrinaran a la tumba del Profeta. Medina se encuentra en Arabia Saudí, y las condiciones políticas para reactivar el ferrocarril hasta su destino no son fáciles en la actualidad. Pero el sueño de volver a conectar el Levante y la región saudí de Hegiaz, reforzando el vínculo entre el corazón religioso del Islam y las periferias del mundo musulmán, sigue siendo muy sugerente.

En cualquier caso, en general, la reanudación de los viajes civiles a Siria es interpretada por los observadores como un indicador nada desdeñable de la reincorporación, aunque gradual, de Damasco a los circuitos regionales, tras años de sanciones y aislamiento político. Para Jordania, país vecino con profundos lazos históricos y familiares, la reactivación de los flujos con Siria representa sin duda una oportunidad económica y una opción estratégica de cooperación transfronteriza.

Sin embargo, si se observa desde el lado jordano, este fenómeno presenta aspectos paradójicos en muchos sentidos. Mientras que aumenta el número de ciudadanos jordanos que viajan a Siria por turismo o visitas privadas, el sector turístico de Jordania ha atravesado una fase de contracción en los últimos años. Entre 2023 y 2024, el número de visitantes internacionales disminuyó considerablemente, sobre todo debido al estallido de la guerra en Gaza, con descensos notables procedentes de Europa y Norteamérica. Las repercusiones se han dejado sentir especialmente en lugares como Petra (patrimonio mundial de la Unesco) y el desierto de Wadi Rum, donde la caída del turismo internacional ha sido significativa, con el cierre de alojamientos y la pérdida de puestos de trabajo. La percepción de inestabilidad en Oriente Medio, aunque no afecta directamente al territorio jordano, ha tenido un peso preponderante. Cabe recordar que Jordania, debido a la guerra civil siria, sigue acogiendo en su territorio a unos 450 000 ciudadanos de Damasco como refugiados.

En resumen, por un lado, cientos de miles de jordanos eligen pasar sus vacaciones en Siria, atraídos por los precios asequibles, la proximidad geográfica, las bellezas artísticas y el redescubrimiento de un patrimonio cultural compartido. Por otro lado, el Reino Hachemita de Jordania lucha por recuperar los volúmenes de turismo internacional anteriores a la COVID-19 y a las recientes crisis regionales.

La reapertura de los flujos entre Jordania y Siria no es solo una noticia que concierne al turismo o a las nuevas infraestructuras. Indica transformaciones en los equilibrios regionales, en las relaciones bilaterales y en las estrategias económicas de los dos países árabes. En los barrios antiguos de Damasco, entre fieles y visitantes, mientras se cuece el pan árabe tradicional, la pita, o se trabaja el cobre para fabricar lámparas o bandejas, se mira con esperanza este nuevo comienzo. Queda por ver si esta apertura se traducirá, para ambos países, en una cooperación más amplia y estable, capaz de generar desarrollo.

 

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