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Guerra en el Golfo: ¿y si se "bloqueara" el trabajo migrante?

de Giuseppe Caffulli

Mientras los ojos del mundo están concentrados en el tránsito de los barcos por el estrecho de Ormuz, hay otro "recurso económico" fundamental que la guerra está poniendo gravemente en riesgo: el trabajo de casi 40 millones de trabajadores extranjeros que en muchas metrópolis locales constituyen la mayoría de la población. Una crisis prolongada, con una oleada masiva de regresos, tendría consecuencias graves tanto para otros países árabes como para los países de origen en el sur y sudeste de Asia.

 

Milán (AsiaNews) - En estos días la atención del mundo entero está concentrada en las repercusiones económicas del conflicto en Oriente Medio, con las preocupaciones por el bloqueo del tránsito del petróleo y otras mercancías por el estrecho de Ormuz. Pero hay también otro “recurso global” que el conflicto está poniendo gravemente en riesgo, a pesar de estar prácticamente ausente de los titulares de los periódicos: el trabajo de millones de personas que ha hecho posible la transformación del Golfo en un gran centro global.

En las últimas décadas, el crecimiento económico de los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Omán y Baréin) ha sido sostenido por una afluencia masiva de mano de obra extranjera. En esta región hoy se encuentra una de las mayores concentraciones de trabajadores migrantes del mundo: según diversas estimaciones, entre 35 y 40 millones de ciudadanos extranjeros viven y trabajan en esa zona, procedentes principalmente del sur y sureste de Asia, así como de numerosos países árabes.

En muchos Estados del Golfo los trabajadores extranjeros son incluso la mayoría de la población residente. En los Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, entre el 88 y el 90% de los residentes son extranjeros, mientras que en Qatar el porcentaje supera el 80%. Los trabajadores migrantes también constituyen más de la mitad de la población en Kuwait y Baréin. Este modelo económico, que se desarrolló a partir de los años sesenta con el auge petrolero, ha hecho que los países del Golfo dependan fuertemente de la mano de obra migrante.

En este contexto, la preocupante escalada como resultado de la guerra entre Israel/EE. UU. e Irán y el riesgo de una implicación directa de las monarquías del Golfo está planteando interrogantes sobre un escenario que hasta ahora se consideraba remoto: ¿qué ocurriría si, a medida que el conflicto se prolonga y se extiende, millones de trabajadores extranjeros tuvieran que abandonar la región de forma repentina para regresar a sus países de origen?

Desde el punto de vista logístico, una evacuación a gran escala sería extremadamente compleja. Trasladar a decenas de millones de personas requeriría una movilización sin precedentes de vuelos comerciales, barcos y estructuras de acogida en los países de procedencia. Los primeros en marcharse serían los trabajadores altamente cualificados, los técnicos especializados y las familias de los expatriados, seguidos con el tiempo por una parte de la mano de obra menos cualificada empleada en los sectores más vulnerables.

Las consecuencias económicas para los Estados del Golfo, en este caso, serían profundas. Sectores enteros de producción (grandes infraestructuras, construcción, servicios urbanos, logística, turismo y servicio doméstico) dependen casi por completo de los trabajadores extranjeros. En Arabia Saudita, por ejemplo, los grandes proyectos de transformación económica como Visión 2030 contemplan la construcción de nuevas ciudades, infraestructura turística y centros tecnológicos. En este escenario la mano de obra extranjera es de vital importancia. Análogamente, en los Emiratos Árabes Unidos y en Qatar numerosos proyectos inmobiliarios y de infraestructura dependen en gran medida de los trabajadores extranjeros. Una reducción repentina de esta fuerza de trabajo podría ralentizar o paralizar numerosos proyectos estratégicos, con efectos inmediatos en el crecimiento económico y las inversiones internacionales.

Pero el impacto negativo no estaría limitado a la región del Golfo. Los países de origen de los trabajadores también sufrirían repercusiones significativas. Estados como la India, Bangladés, Pakistán, Filipinas y Egipto dependen en gran medida de las remesas que envían sus ciudadanos empleados en el Golfo. En algunos casos estas remesas representan una de las principales fuentes de divisas y contribuyen de modo significativo a la estabilidad económica de sus respectivos países.

El caso de Egipto es particularmente emblemático. Millones de ciudadanos egipcios trabajan en las economías del Golfo y las remesas provenientes del extranjero constituyen un componente fundamental de la economía nacional. Un regreso repentino a gran escala podría crear un desequilibrio devastador en el mercado laboral interno, agravar el desempleo y reducir los ingresos en divisas. Es cierto que el retorno de los migrantes también podría producir algunos efectos positivos a largo plazo. Las competencias profesionales adquiridas en el exterior y un mayor poder adquisitivo podrían favorecer el nacimiento de nuevas actividades económicas en los países de origen. Queda por ver en qué plazo y con qué dinámicas podría verificarse un proceso de ese tipo, sobre todo en contextos económicos frágiles.

La historia de las últimas décadas demuestra que los flujos migratorios en el Golfo son extremadamente sensibles a las crisis regionales. Durante la Guerra del Golfo de 1990-1991, millones de trabajadores abandonaron Kuwait e Irak en cuestión de pocos meses. Sin embargo, en los años sucesivos las economías de la región volvieron rápidamente a atraer mano de obra extranjera, lo que confirma la estrecha relación entre el sistema productivo del Golfo y la movilidad laboral internacional.

Hay que subrayar, sin embargo, que el conflicto con Irán no es meramente un enfrentamiento militar regional, sino que tiene una fuerte dimensión económica y estratégica. Al atacar o amenazar a las monarquías del Golfo, Teherán pretende ejercer una fuerte presión sobre sus aliados occidentales (principalmente Europa), interviniendo en el sector más sensible de la economía global: la energía. Como sabemos, los ataques a puertos, refinerías o petroleros están provocando fuertes fluctuaciones en los precios de la energía y están desestabilizando los mercados internacionales. Para Teherán no es un objetivo menor. El eje central de esta estrategia es el Estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más importantes del mundo, a través del cual transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Esa es la razón de los discursos de estas últimas horas sobre posibles operaciones navales para garantizar la seguridad de las rutas comerciales y mantener abierto este corredor estratégico.

Como no puede competir militarmente con Occidente en el plano convencional, Teherán está tratando de que el conflicto resulte demasiado costoso para todos los actores involucrados. Pero la inestabilidad del Golfo, una crisis permanente, relacionada también con un fuerte estancamiento de las economías internas, con la consiguiente “fuga” de mano de obra a causa del conflicto, son factores que no afectarían sólo el precio del petróleo o los equilibrios estratégicos de Oriente Medio. Tendrían graves repercusiones directas, con consecuencias que irían mucho más allá de Oriente Medio, desestabilizando equilibrios económicos y sociales a escala global.

Foto: Wikipedia / Alex Sergeev

 

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