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CHINA - HUNGRÍA
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Hungría después de Orbán: qué cambia para Beijing

de Andrea Ferrario

La derrota electoral del primer ministro húngaro priva a China de su principal aliado en la UE, con repercusiones en las inversiones, la cohesión europea y las relaciones con Taiwán. El nuevo gobierno liderado por Péter Magyar tendrá, sin embargo, un amplio margen para reposicionarse en la línea política europea sin renunciar a los lazos económicos.

 

Beijing (AsiaNews) - La victoria aplastante de Péter Magyar y su partido Tisza en las elecciones parlamentarias húngaras del 12 de abril pone fin a dieciséis años de gobierno de Viktor Orbán y abre una fase de incertidumbre en las relaciones entre Budapest y Beijing. Hungría se había convertido en el país más pro-chino de la Unión Europea, y su transformación política tendrá consecuencias que van más allá de las fronteras nacionales.

La postura amistosa de Budapest en relación con Beijing no fue resultado de la presión china, sino de una decisión política del propio Orbán, como parte de un programa más amplio orientado a la crítica de la democracia liberal y de las instituciones europeas. Al acercarse a China, Orbán había enviado a Bruselas el mensaje de que su país disponía de conexiones internacionales alternativas al eje occidental, actuando mucho más en el plano político que en el económico. Budapest bloqueó en varias oportunidades la adopción de posiciones de la UE sobre los derechos humanos en China, sobre las disputas en el Mar de China Meridional y sobre Taiwán, asumiendo un papel que volvió valiosa a Hungría a los ojos de Beijing. A pesar de las importantes inversiones chinas de los últimos años, la presencia económica de China en el país sigue siendo limitada, sin herramientas de presión que le permitan influir en las decisiones políticas húngaras. Hungría, como otros países de Europa central, está profundamente integrada en las cadenas de valor regionales y concentra la gran mayor parte de su comercio dentro de la UE, especialmente con Alemania.

Por lo tanto, el nuevo gobierno tendrá un amplio margen para reposicionarse. Magyar ha señalado que Hungría será más cooperativa con la UE, mientras que Anita Orbán, que tendrá a su cargo la diplomacia de Tisza, declaró que Budapest no debe debilitar la cohesión europea en beneficio de Rusia y China, aunque reconoció la importancia de mantener vínculos económicos con Beijing. Es razonable esperar que el gobierno de Magyar no se transforme en un halcón anti-chino, sino que deje de vetar las críticas europeas a Beijing, alineándose con la posición predominante en la UE, sobre todo con vistas a desbloquear los 18.000 millones de euros de fondos europeos actualmente congelados. Hasta el momento, China no ha reaccionado con alarma. Ding Chun, director del Centro de Estudios Europeos de la Universidad Fudan de Shanghái, observó que es difícil que Magyar desmantele las relaciones existentes, ya que la cooperación bilateral es mutuamente beneficiosa y el partido en el gobierno deberá, en cualquier caso, tener en cuenta los intereses nacionales.

El tema de los vehículos eléctricos

El sector en el que los cambios podrían ser más tangibles es el de los vehículos eléctricos y las baterías. En la última década, Orbán ha invitado a productores chinos y surcoreanos a abrir plantas en el país, transformando a Hungría en uno de los principales polos europeos del sector; gigantes tecnológicos como CATL, BYD y Samsung SDI han realizado importantes inversiones en el país. Sin embargo, es probable que el nuevo gobierno imponga condiciones más estrictas: la apertura de nuevas plantas será más difícil en caso de protestas locales, mientras que los subsidios se reducirán o se vincularán a regulaciones ambientales más estrictas y a mayores requisitos de transparencia. También se prevé que los costes de producción aumenten ante el probable abandono de la política de suministro energético de Moscú a precios ventajosos, que Orbán ha defendido con tenacidad a pesar de las sanciones europeas. Algunos de los proyectos chinos ya en marcha —objeto de controversia incluso dentro del propio partido de Orbán, Fidesz, debido a la preocupación por los beneficios reales, la presión sobre los limitados recursos energéticos y laborales del país y el impacto ambiental— podrían verse redimensionados. Cabe decir, no obstante, que los inversores chinos interesados en acceder al mercado europeo seguirán teniendo en cuenta a Hungría, ya que producir baterías fuera de la UE conlleva el riesgo de incurrir en barreras aduaneras y regulatorias.

La derrota de Orbán se considera un elemento favorable para el desarrollo de una política europea hacia China más coherente, pero Beijing cuenta con otros interlocutores privilegiados dentro de la Unión. El presidente español, Pedro Sánchez, en su cuarta visita a China en cuatro años, se ha convertido en el rostro del oportunismo económico europeo respecto de Beijing. También el canciller alemán, Friedrich Merz, invocó un acuerdo comercial durante su visita a China en febrero, en un contexto marcado por la presión económica de los aranceles estadounidenses. La pérdida de Hungría como aliado debilita la capacidad china para bloquear medidas de la UE, pero no priva a Beijing de canales de diálogo e influencia en el continente.

La variable Taiwán

Un aspecto poco explorado hasta el momento se refiere a las posibles repercusiones en las relaciones entre Budapest y Taipéi. Durante el gobierno de Orbán, Hungría cultivó estrechos vínculos políticos con Beijing, pero al mismo tiempo expandió de manera discreta la cooperación económica con Taiwán, sin convertirlo en una cuestión ideológica. El comercio bilateral entre Hungría y Taiwán alcanzó los 1.800 millones de dólares en 2025, mientras que las inversiones taiwanesas en el país ascienden a 1.370 millones de dólares, la segunda cifra más alta entre los países europeos después de los Países Bajos. Esta relación se inscribe, a su vez, en un marco más amplio. Desde 2021, Europa central y oriental se ha convertido en un terreno importante para la proyección de Taipéi hacia el continente, con resultados diversos según el país. Lituania, por ejemplo, abrió el camino permitiendo la apertura de una oficina de representación en Vilna, aunque cinco años después han surgido dudas sobre los beneficios reales de esta decisión. La República Checa se ha consolidado como un socio de relevancia mediante las reiteradas visitas de representantes del Senado a Taipéi e intercambios de alto nivel. Eslovaquia y Polonia también han estrechado lazos con la isla en ámbitos que van desde la cooperación judicial hasta la ciberseguridad y la industria de los drones. En este escenario, un gobierno de Tisza más alineado con las posiciones europeas podría adoptar una política más transparente hacia China, abriendo al mismo tiempo espacios para un mayor desarrollo de las relaciones con Taiwán, aunque sin transformarlas en una toma de posición política.

Los vientos de cambio no soplan solo en Budapest. En la vecina Serbia —otro país europeo que junto con Hungría y Bielorrusia mantiene una «asociación estratégica integral» con China— el mandato del presidente Aleksandar Vučić expirará en aproximadamente un año, mientras su partido registra una caída en el consenso tras acusaciones de corrupción. Los serbios han salido a las calles para protestar contra acuerdos opacos con contratistas chinos tras el derrumbe del techo de una estación de tren, que causó la muerte de 15 personas a finales de 2024. Si Belgrado también cambiara de rumbo, Beijing perdería otro punto de apoyo para consolidar su influencia en Europa.

 

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