Justicia para Inisa: la nueva lucha de la Generación Z de Katmandú
Tras las elecciones, en las que los partidos tradicionales sufrieron una contundente derrota, lo que ahora sacude a Nepal es la muerte por violación de una joven de dieciséis años. Una historia atroz que vuelve a poner de relieve la cuestión de la mujer en un país donde, incluso en el nuevo parlamento, las mujeres apenas representan el 8 % de los cargos electos y cuentan con escasa protección en el ámbito laboral.
Katmandú (AsiaNews) - La conmoción y también la indignación se extienden por Nepal tras la muerte de Inisa, una estudiante de 16 años fallecida a causa de las secuelas de una agresión sexual con agravantes y, posiblemente, en grupo. Los medios de comunicación, las redes sociales y la opinión pública están ejerciendo una fuerte presión sobre los investigadores para que lleguen pronto a conclusiones certeras y a la identificación del responsable o responsables de un acto criminal que, sin duda, no es único en el país, pero que, debido a la corta edad de la víctima, las circunstancias y también a la falta de una asistencia que quizá podría haberle salvado la vida, está recibiendo una atención tal vez nunca antes registrada.
Inisa BK fue encontrada inconsciente en una zona boscosa del municipio de Birendranagar la mañana del 7 de marzo. Trasladada inmediatamente al hospital, situado a solo tres kilómetros de distancia, se certificó su fallecimiento. La autopsia determinó que la causa fue una hemorragia grave debida a una laceración genital compatible con una agresión sexual.
La joven había salido de casa hacia las 6 de la mañana y le había dicho a su madre que iba a asistir a una clase y que volvería pronto. Pocas horas después, mientras la madre, preocupada por el retraso en su regreso y tras haber llamado en vano a su hija, recibió una llamada anónima que le indicaba la presencia de la joven en la zona boscosa donde fue encontrada.
Las primeras investigaciones condujeron a la detención de cuatro menores, uno de los cuales mantenía una relación con la víctima desde hacía tiempo, y al que las imágenes de una cámara de vigilancia mostraron junto a Inisa esa mañana, poco después de que ella saliera de casa.
El chico contó que se trató de una relación consentida que habría degenerado en una hemorragia y que habría llamado a sus otros compañeros para pedir ayuda, y cómo luego habrían huido por miedo a las consecuencias, condenando así, tal vez, a muerte a la estudiante. Sin embargo, esta versión ha suscitado numerosas dudas, empezando por la familia, que ha denunciado a los cuatro chicos por homicidio culposo y agresión sexual en grupo, tesis en las que parecen coincidir los investigadores.
Un drama más para la familia, que ya había perdido a un hijo hace años y que además está separada por necesidad, ya que el padre lleva tiempo en el extranjero por motivos de trabajo tras haber alcanzado la edad de jubilación en el ejército y ahora no puede regresar debido al bloqueo de vuelos desde Dubái.
El caso de Inisa se sitúa en un momento particular para Nepal y esto explica también su repercusión nacional. La revuelta de la Generación Z el pasado septiembre condujo a las elecciones del 5 de marzo y al acceso a la política de muchas caras nuevas, de ambos sexos. Quien había guiado al país hacia las urnas fue también una mujer, Sushila Karki, exjueza y presidenta del Tribunal Supremo; sin embargo, solo algo más del 10 % de los candidatos eran mujeres y solo el 8 % de los elegidos son de género femenino. Antes de las elecciones, a las peticiones a la clase política de mayor coherencia y compromiso para resolver los problemas del país se sumaron también las de un mayor reconocimiento del papel de las mujeres, que solo en los puestos gubernamentales alcanzan el 27 % del total; son muchas menos las que trabajan en otros ámbitos del empleo formal, mientras que dominan el sector informal.
También se habían planteado peticiones de mayor protección de las mujeres en lo que respecta a su considerable participación en la emigración laboral. En el punto de mira, en particular, los acuerdos que obligan a las migrantes nepalíes en los países árabes, a menudo empleadas en trabajos domésticos o en actividades de asistencia a domicilio, a ponerse completamente en manos de empleadores que les retienen los pasaportes, obligándolas, para no ser expulsadas, a aceptar cualquier condición.
31/10/2025 12:34
