18/03/2026, 15.08
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La guerra en Oriente Medio obliga a Asia a volver al carbón

El conflicto con Irán ha interrumpido el suministro de gas a través del Estrecho de Ormuz, lo que ha provocado que se dupliquen los precios en Asia. Desde Bangladés hasta Japón, los gobiernos están reabriendo centrales de carbón para contener los costos, y aplazan —al menos por el momento— la transición energética.

 

Milán (AsiaNews/Agencias) - La dificultad para recibir suministros energéticos desde Oriente Medio está obligando a varios países asiáticos a volver al carbón, ralentizando aún más la transición energética. Qatar, el segundo mayor exportador mundial de gas natural licuado (GNL), ha suspendido los suministros a través del Estrecho de Ormuz, punto neurálgico del conflicto que Estados Unidos e Israel han lanzado contra Irán.

Como consecuencia, los precios del GNL en Asia se han duplicado y alcanzaron su nivel más alto en tres años, pero según los expertos podrían subir aún más porque muchos contratos están vinculados al precio del petróleo con un desfase de aproximadamente tres meses. Y es probable que el impacto de las recientes interrupciones se extienda durante mucho tiempo.

Shell, el mayor comercializador mundial de GNL, ha estimado que el crecimiento demográfico en Asia contribuirá a aumentar la demanda de combustible en un 85% para 2050. El año pasado el consumo fue de 422 millones de toneladas métricas. Actualmente países como Japón, Singapur, Tailandia, Taiwán, Pakistán y Bangladés generan un tercio o más de su electricidad a partir del gas natural.

Japón, en particular, ha actuado tradicionalmente como intermediario, importando y reexportando GNL a los países del sudeste asiático, que desde 2010 han comenzado a aumentar las importaciones como consecuencia del descenso de las reservas internas. Según los datos del Asia Pacific Energy Research Center, un centro de estudios con sede en Tokio, en Tailandia, por ejemplo, la proporción de electricidad obtenida del GNL pasó del 2% en 2011 a cerca del 50% en 2022.

Sin embargo, tal como ocurrió tras el estallido de la guerra en Ucrania, los países europeas también recurren al mercado mundial de GNL superando las ofertas de las economías más pequeñas, y los países asiáticos se han visto obligados a reabrir sus centrales de carbón. En Tailandia ya se hizo en 2022, y ahora se está repitiendo: el gobierno ha dispuesto una serie de subsidios para amortiguar los precios, pero también ha ordenado a las centrales eléctricas de carbón que operen a su máxima capacidad. Lo mismo ocurre en Filipinas y Vietnam, y varios gobiernos han reducido la semana laboral a cuatro días en un intento por reducir el consumo.

Por su parte, Indonesia se encuentra especialmente en dificultades con la proximidad del fin del Ramadán, que se celebrará este fin de semana. Alrededor de 100 millones de personas viajan para visitar a sus familias con motivo del Eid al-Fitr, y el consumo aumenta. Se espera que las existencias de gas duren entre 12 y 15 días, pero el gobierno aún no ha anunciado medidas para responder a la crisis. Ya antes del estallido de la guerra Yakarta gastaba 22.500 millones de dólares en subsidios a la población para mantener los precios bajos.

Los datos de la principal compañía estatal de Bangladés indican que desde que comenzó la guerra con Irán, parte de la producción ha vuelto a depender del carbón. Y en Pakistán el ministro de Energía, Awais Leghari, también ha declarado que, ante la escasez de GNL, el país tendrá que depender de las reservas nacionales de carbón. En 2022, el país tuvo que afrontar una grave crisis energética y constantes apagones tras la invasión rusa de Ucrania.

Muchos expertos consideran que, con esta nueva guerra en Oriente Medio, se están ampliando una vez más la disparidad económica entre los países ricos y las economías emergentes. Según un reciente informe del centro de investigación Global Energy Monitor, hoy se encuentran en riesgo unos 107.000 millones de dólares en inversiones en infraestructuras para el GNL en el sur de Asia, la región más pobre del continente. Muchos proyectos ya se han cancelado o aplazado, entre otras cosas por la dificultad de trasladar los elevados costos a los consumidores.

Pero la crisis en Asia también afecta a las economías más desarrolladas. El Ministerio de Economía de Taiwán ha declarado que tiene intención de comprar más GNL a Estados Unidos y reactivar la central de carbón de Hsinta, ya clausurada, si las interrupciones persisten hasta abril, y la semana pasada el ministro de Industria de Corea del Sur anunció que el país se está preparando para aumentar la producción de energía nuclear y a partir de carbón. En Japón, JERA, el principal operador nacional, también informó que continuará manteniendo niveles elevados de utilización de las centrales de carbón.

Muchos analistas consideran que los países asiáticos dependerán del carbón durante toda la duración de la guerra, pero a largo plazo esta nueva crisis podría empujar a varios países a acelerar la transición energética invirtiendo más en energías renovables. Pakistán, por ejemplo, entre 2021 y 2024 triplicó la producción de energía con paneles solares, comprados a China a bajo costo.

Beijing, consciente de la importancia de la seguridad energética para su propio crecimiento económico, trabaja desde hace tiempo en proyectos de infraestructura para el transporte de gas en caso de que en el futuro quedara "bloqueado" el Estrecho de Malaca, por donde pasa el 80% de sus importaciones de petróleo y dos tercios de su comercio marítimo.

Por eso China, que recibe la mayor parte del gas de Asia Central, ha apostado por reducir las rutas marítimas del GNL y ha hecho fuertes inversiones en los gasoductos que conectan la región de Yunnan con el Océano Índico a través de Myanmar, gobernado por una junta militar aliada de Beijing, de la que depende para el suministro de armamento. Otro proyecto importante es el que conecta Kashgar, en Xinjiang, con el puerto paquistaní de Gwadar, mucho más cercano geográficamente al Golfo Pérsico.

Foto de Kabiur Rahman Riyad en Unsplash

 

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