La jornada de ayuno y oración por la paz en Myanmar del 26 de marzo
La jornada fue convocada en esta Cuaresma por los obispos del país, que invitan a rezar "para que Dios conceda su paz al mundo y a Myanmar, y para que haya comprensión mutua y progreso en la unidad". La importancia de estos gestos en un país donde la sociedad civil ha sido sistemáticamente desmantelada, gestos que también atraen la atención del mundo sobre los sufrimientos de la población de Myanmar.
Rangún (AsiaNews) - En una carta pastoral para esta Cuaresma, la Conferencia de Obispos Católicos de Myanmar (CBCM) ha invitado a todos los fieles a observar el 26 de marzo de 2026 una jornada especial de intensa oración y ayuno por la paz en Myanmar y en todo el mundo. Un testimonio espiritual en momentos en que el país ha entrado en su sexto año bajo el control de una junta militar responsable de crímenes generalizados y sistemáticos contra los derechos humanos.
El documento está firmado por el cardenal Charles Bo, presidente de la CBCM, y por el obispo Noel Saw Naw Aye, secretario general. Comienza con un llamamiento cuaresmal a la penitencia, a la conversión del corazón y a una relación más profunda con Dios; pero a continuación no evita referirse a la crisis humanitaria urgente que está viviendo el país. «Es necesario que recemos especialmente por la paz en el mundo, sobre todo en Oriente Medio y en Myanmar», dice la carta, y recuerda las palabras del Papa León XIV cuando afirma que la paz se construye a través de la práctica concreta del amor, la compasión y la comprensión recíproca.
El cardenal Bo, una de las voces católicas más autorizadas de Asia y defensor desde hace mucho tiempo de los pueblos de Myanmar, ha descrito en repetidas ocasiones la situación como una “catástrofe de sufrimiento humano”. Su disponibilidad para hablar desde dentro del país mientras la junta refuerza su control sobre la sociedad civil, los medios de comunicación y las instituciones religiosas, otorga una relevancia aún mayor al testimonio pastoral de la CBCM.
La carta concluye invocando la oración de san Francisco de Asís por la paz, invocación que se ha convertido en un punto de referencia para la comunidad católica de Myanmar, donde la Iglesia es una minoría pequeña pero profundamente comprometida, sobre todo entre las comunidades étnicas que constituyen una parte significativa de las poblaciones perseguidas.
En un país donde la sociedad civil ha sido sistemáticamente desmantelada, se han clausurado los medios de comunicación independientes y la oposición política ha sido recluida en la cárcel o forzada al exilio, la Iglesia católica, junto con otras instituciones religiosas, sigue siendo una de las pocas voces organizadas capaces de hablar públicamente sobre la situación de la población. Las cartas de la CBCM, que se distribuyen en todas las parroquias de Myanmar, llegan hasta las comunidades de las zonas de conflicto, que de otro modo se encontrarían aisladas del mundo exterior.
La designación del 26 de marzo como jornada de oración y ayuno es una declaración moral: el sufrimiento del pueblo de Myanmar requiere una respuesta por parte de la comunidad de fe y se corresponde con la larga tradición de la Iglesia de utilizar los actos litúrgicos como formas de testimonio público, en especial cuando otros canales de defensa y representación están cerrados.
Myanmar se encuentra sumido en una grave crisis desde que los militares locales tomaron el poder en febrero de 2021, derrocaron al gobierno democráticamente elegido de Aung San Suu Kyi y desataron una de las represiones más brutales de la historia moderna del país. Lo que siguió ha sido documentado por las Naciones Unidas y las principales organizaciones de derechos humanos como constitutivo de crímenes contra la humanidad.
Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), más de 3 millones de personas han sido desplazadas internamente desde el golpe de Estado, mientras que miles de civiles han muerto por ataques aéreos, bombardeos de artillería y asesinatos selectivos. Iglesias, escuelas, hospitales y aldeas enteras han sido arrasados. Las comunidades étnicas, entre ellas los pueblos kachin, karen, chin y kayah, han padecido sufrimientos desmensurados a medida que el ejército ha intensificado las campañas contra la población civil en las regiones fronterizas.
Myanmar no es simplemente un país en crisis política. Es un país donde los instrumentos del Estado se han vuelto contra su propio pueblo de maneras que la comunidad internacional describe cada vez más con el lenguaje del derecho penal internacional. La conducta del Ejército de Myanmar incluye asesinatos masivos extrajudiciales; tortura sistemática y violencia sexual utilizadas como armas de guerra; destrucción de infraestructura civil; imposición de condiciones de hambruna mediante guerras de asedio; y encarcelamiento masivo de periodistas, líderes religiosos, abogados y activistas democráticos.
El genocidio de los rohingya, cuyas raíces son anteriores al golpe de Estado de 2021, sigue proyectando una larga sombra. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) está examinando el procedimiento iniciado por Gambia en virtud de la Convención sobre el Genocidio, y la Corte Penal Internacional (CPI) ha abierto investigaciones sobre los crímenes relacionados con la deportación y persecución de los rohingya. Desde el golpe de Estado de 2021, estos crímenes se han intensificado y extendido. Amnesty International y Human Rights Watch han documentado ataques aéreos contra mercados civiles, escuelas e iglesias en los Estados Chin, en la región de Sagaing y en el Estado Karen. El ejército ha utilizado drones y ataques incendiarios contra las comunidades rurales. El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre Myanmar ha calificado estos actos como crímenes contra la humanidad y ha pedido un embargo internacional de armas, medida reiteradamente bloqueada en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por China y Rusia.
En este contexto de violencia e impunidad, la carta pastoral de los obispos propone tres pilares de acción para los fieles durante esta Cuaresma: oración, ayuno y caridad. Se invita a los fieles a rezar «para que Dios conceda su paz al mundo y a Myanmar y para que haya entendimiento recíproco y progreso en la unidad»; a ayunar como acto de solidaridad con el sufrimiento de Cristo y del pueblo de Myanmar; y a practicar la caridad apoyando y ayudando a los más necesitados y a los desplazados.
Para la comunidad católica internacional, la carta de los obispos es también una invitación a solidarizarse el 26 de marzo con la Iglesia en Myanmar, a dar resonancia a la exigencia de una rendición de cuentas por las graves violaciones de los derechos humanos; a presionar a los gobiernos para que impongan sanciones a la junta militar; y a apoyar a las organizaciones humanitarias que trabajan para ayudar a los 18 millones de personas que hoy necesitan ayuda en Myanmar.
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