León XIV: 'La Iglesia, por su propia naturaleza, está llamada a ser pobre'
En el mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres, el Papa propuso: "redescubrir el rostro de tantos hermanos y hermanas". La pérdida del sentido de la trascendencia coloca a las personas unas por encima de otras, y este es el origen de una lógica de prevaricación y descarte que margina y humilla. En el mensaje para la Jornada de los Abuelos dijo a las personas mayores: "¡No tengan miedo de la fragilidad!".
Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - “El Señor es el refugio del pobre” es el tema de la décima Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el 15 de noviembre de 2026, para reflexionar sobre los múltiples rostros de la pobreza y fomentar actos de solidaridad. Ayer se publicó el mensaje del papa León XIV para ese día, en el que sugiere un camino: “volver a la Palabra de Dios para verificar la importancia que los pobres tienen en la vida de la Iglesia”.
"Confío en que esta X Jornada Mundial de los Pobres pueda constituir una etapa significativa para redescubrir el rostro de tantos hermanos y hermanas que buscan refugio en Dios y desean sentirse en casa en nuestras comunidades”, dice León XIV al concluir el texto.
Prevost señala que las palabras del Salmo (Sal 14,6) que han inspirado el tema son el “criterio de juicio para la existencia cristiana porque revelan el rostro de Dios y reconocen la pobreza humana". Recuerda luego que el pueblo privado de la presencia de Dios también experimentó una miseria material y moral sin precedentes en el momento histórico dramático de la trágica destrucción del templo de Jerusalén.
Ese episodio del pasado (70 d.C.) sirve para afirmar que "esta Palabra se le presenta a cada generación en toda su actualidad". Y también ponen de manifiesto una contradicción que se vive en el tiempo presente: "el contraste entre quienes se comportan con sabiduría y quienes, en cambio, arrastran su vida como si no hubiera nada por encima de ellos”. El Papa hace referencia a “una injusticia social que brota de la corrupción arrogante, tan deplorable como discriminatoria”, porque hay una “pérdida del sentido de la trascendencia en la vida cotidiana [que] ya no es tanto una negación teórica de la existencia de Dios; más bien se manifiesta en la falta de consideración de su bondad y misericordia para la construcción de la justicia personal y social”.
Las personas pobres –que están en aumento, dice el Papa– son las primeras en sufrir las consecuencias de esa pérdida. “La ausencia de Dios coloca a las personas ya no unas junto a otras en el respeto recíproco, sino unas por encima de otras bajo el signo del dominio y del sometimiento”, señala. Por eso se exhibe "una lógica desacralizadora de prevaricación y de descarte que margina y humilla”, y que afecta "no sólo personas individuales, sino pueblos enteros”.
Se utilizan técnicas, espantosas y sutiles, que acallan el clamor de justicia de los pobres. Dice el Papa: “El ambiente digital radicaliza el prejuicio hacia ellos y aumenta la cortina de indiferencia que rodea sus causas”. Mientras que “al pobre no le queda más que gritar hacia Dios y hacer llegar a Él su lamento”. Pero en esa confianza es donde puede volver a florecer “el sentido de la propia dignidad, se reconocen hermanas y hermanos con quienes organizar sus sueños, y la esperanza se convierte silenciosamente en realidad. Refugiarse en Dios equivale a encontrar la protección verdadera y segura, aquella que los poderosos no pueden garantizar y prefieren negar", explica el Papa.
León XIV añade que “el refugio no es sólo una promesa, sino que se convierte en realidad en la persona de Jesucristo”, que es “don de Dios a los pobres”. “Los pobres de nuestros días son los olvidados y los marginados: despojados de una palabra y de un rostro, además del pan. Que ellos puedan encontrar al Hijo de Dios, que se hace prójimo de todos sin descuidar a nadie. Que lo encuentren, ante todo, en quienes se dicen cristianos”, dice. Porque “a la obsesión de quienes acumulan riquezas sólo para sí se opone la obstinación de Dios que, en el testimonio de personas de carne y hueso, abre el corazón y acoge en su amor”, dice el Papa.
En Cristo estamos llamados, por tanto, también nosotros a hacernos pobres y a convertirnos en refugio para el pobre –continúa el Papa–. "La comunidad cristiana no puede permanecer insensible ante tantos que hoy están a la puerta y siguen siendo invisibles para quienes permanecen encerrados entre sus propios muros. La Iglesia, por su misma naturaleza, está llamada a ser pobre y refugio para los pobres”.
En el camino que conduce a la décima Jornada Mundial de los Pobres, el Papa invita finalmente a plantearse algunas preguntas que obligan a un serio examen de conciencia, a fin de verificar qué se está haciendo por la “liberación” de las personas en situación de pobreza. Preguntas como: “¿Somos signo de un Dios que es refugio para los pobres? ¿Tenemos conciencia de nuestra pobreza y la preferimos a la riqueza injusta?”. Pero también: “¿Llegamos allí donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad? ¿Escuchamos sus pensamientos y compartimos sus esperanzas?”.
Por último, León XIV recuerda el octavo centenario del tránsito de San Francisco de Asís, que se conmemora este año. Así, con su ejemplo –“fue conmovido por la compasión hacia los mendigos”-- podemos “testimoniar que es posible, también hoy, experimentar la misma alegría al ponerse en el lugar de los pobres y escucharlos, en vez de sólo hablar de ellos".
Por otra parte, “Yo, en cambio, jamás te olvidaré” (Is 49,15), es el tema de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, que se celebra el cuarto domingo de julio, es decir, el próximo 26 de julio. Esta, dice el Papa en el mensaje difundido hoy, “es una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios”. Pero quiere ser al mismo tiempo una invitación a los jóvenes a “retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, a los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita. Llévenles, junto con este mensaje y su presencia, la cercanía y el afecto del Papa”.
En el texto, el pontífice se dirige directamente a las personas mayores. “Quiero decirles: ¡no tengan miedo de la fragilidad! Precisamente esta debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás edades de la vida”, explica. Por eso, sugiere vivir como cristianos el tiempo de la vejez: “'frágiles', pero al mismo tiempo 'llamados'”. “Los exhorto, queridos hermanos, a unirse a mí en la oración constante para que llegue pronto la paz al mundo entero”.
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