León XIV con la cruz en el Coliseo: «Sigamos los pasos de Jesús»
El Papa presidió el tradicional rito del Viernes Santo llevando personalmente el crucifijo por las 14 estaciones. Al término, pronunció únicamente las palabras de una oración de San Francisco, de cuya muerte se cumplen este año 800 años. El ex Custodio de Tierra Santa, el padre Patton, recordó en las meditaciones que «incluso quien inicia una guerra tendrá que responder ante Dios».
Roma (AsiaNews) - «Concédenos a nosotros, pobres, hacer, por tu amor, lo que sabemos que tú quieres, y querer siempre lo que a ti te agrada, para que, purificados interiormente, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, y, solo por tu gracia, llegar a ti, oh Altísimo». Con las palabras de esta oración de san Francisco —que «nos invita a vivir nuestra vida como un camino de progresiva implicación en la relación de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo»— concluyó esta tarde el papa León XIV el tradicional Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo, el primero de su pontificado.
Ante unos 30.000 fieles reunidos en el corazón de Roma, el papa Prevost ha renovado la cita reintroducida por Pablo VI en 1964, retomando una antigua tradición romana. Con un gesto significativo —como también hacía Juan Pablo II en los primeros años de su pontificado—, fue el propio León XIV quien llevó personalmente la cruz durante las 14 estaciones del Vía Crucis en el recorrido que desde el antiguo anfiteatro sube al monte Palatino.
«Creo que es un signo importante por lo que representa el Papa, un líder espiritual hoy en el mundo, y para decir que Cristo aún sufre», había dicho León XIV hace unas noches, respondiendo a una pregunta de los periodistas en Castelgandolfo sobre el significado de este gesto suyo. «Llevo todos estos sufrimientos en mis oraciones —añadió—. Y quisiera invitar a todas las personas de buena voluntad, a las personas de fe, a todos los cristianos, a caminar juntos, a caminar con Cristo, que sufrió por nosotros para darnos la salvación, y a que también nosotros intentemos ser portadores de paz».
En este año en que la Iglesia celebra los 800 años de su muerte, las palabras de san Francisco han marcado todas las meditaciones del Vía Crucis, preparadas por el padre Francesco Patton, fraile franciscano, hasta el año pasado Custodio de Tierra Santa, que hoy ejerce su ministerio en Jordania en el santuario del monte Nebo, donde se conmemora la mirada de Moisés sobre la Tierra Prometida. Al establecer un diálogo entre los Evangelios de la Pasión y algunos escritos de san Francisco, las meditaciones del padre Patton han llevado a los fieles a contemplar con los ojos de la fe también los dramas de hoy. Ante Jesús condenado a muerte por Pilato, recordó que «toda autoridad deberá responder ante Dios de su forma de ejercer el poder recibido: el poder de juzgar, pero también el poder de iniciar una guerra o de ponerle fin, el poder de educar para la violencia o para la paz, el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación, el poder de utilizar la economía para oprimir a los pueblos o para liberarlos de la miseria, el poder de pisotear la dignidad humana o de protegerla, el de promover y defender la vida o de rechazarla y sofocarla».
En el encuentro de Jesús con su Madre, invitó a mirar a las «demasiadas madres que aún hoy ven a sus hijos detenidos, torturados, condenados, asesinados», pero también a aquellas «despertadas en plena noche por una noticia desgarradora y a las que velan en el hospital a un hijo que se está apagando». Junto a Verónica, a reconocer a Jesús también en la «belleza desfigurada» del «pobre privado de su dignidad» o «de las mujeres víctimas de la trata reducidas a la esclavitud». O a llorar como las mujeres de Jerusalén «por las masacres y los genocidios».
En Jesús despojado de sus vestiduras, el franciscano que fue Custodio de Tierra Santa llamó a discernir los intentos de quitar la dignidad en cualquier situación de la vida: desde los prisioneros dejados semidesnudos en sus celdas, hasta las víctimas de violaciones y abusos; desde la explotación de la desnudez en la industria del espectáculo hasta los peldaños de la vergüenza del mundo de la información. Ante Jesús bajado de la cruz, invitó a recordar que ni siquiera el cuerpo de un criminal puede ser vilipendiado, ocultado o destruido: «Haz que nuestro tiempo, que ha perdido el respeto por los vivos, mantenga al menos el respeto por los muertos», pidió a Dios en la oración.
Hasta la última estación del Vía Crucis, la tumba donde Jesús está enterrado en un jardín como el del Edén, de donde todo comenzó. «Lugar en el que la antigua creación, frágil y mortal, se transforma en nueva creación, que participa de la vida misma de Dios», «fundamento seguro de nuestra esperanza de vida eterna».
28/10/2025 19:42
10/05/2025 14:10
