21/05/2026, 14.57
FILIPINAS
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Obispos filipinos: 'Como cristianos no celebramos la guerra'

de Santosh Digal

En una carta pastoral sobre el tema de la paz de la Conferencia Episcopal, firmada por su presidente, Mons. Garcera, se hace un llamado al "respeto mutuo" y al "dialogo" entre culturas y religiones, a la luz de los conflictos en Oriente Medio y otros. Se alienta asimismo a las comunidades a la "esperanza y solidaridad" con las personas vulnerables y se recuerda a los trabajadores filipinos en el exterior y los daños ambientales que producen las guerras. "Cada vida humana es sagrada".

 

Manila (AsiaNews) - “Fomenten el respeto mutuo entre las religiones, las culturas y los pueblos vecinos. Construyan puentes de diálogo, esperanza y solidaridad dentro de nuestras comunidades, para que la paz pueda echar raíces primero en nuestros corazones y en nuestros hogares, y desde allí difundirse al mundo”.

El 20 de mayo de 2026, los obispos filipinos publicaron una carta pastoral en la que afirman que cada persona cristiana debe encarnar la misericordia de Dios, promoviendo el diálogo, la paz y la sanación en el mundo. “Que cada parroquia se convierta en un santuario de oración y reconciliación. Que cada familia se convierta en una cuna de paz, compasión y esperanza. Y que cada cristiano sea testigo vivo de la misericordia, del diálogo y del amor sanador de Cristo en un mundo herido”, dice la carta firmada por el presidente de la Conferencia Episcopal de las Filipinas (CBCP), Mons. Gilbert Armea Garcera, arzobispo de Lipa.

El documento titulado “Declaración pastoral sobre la paz en un mundo herido”, comienza diciendo: “Con el corazón apesadumbrado por el dolor y la preocupación”, los obispos “se unen al Santo Padre y a la Iglesia universal en la oración por la paz en medio de la crisis y la guerra en curso en Oriente Medio y otros lugares. Mientras la violencia se intensifica y las tensiones se agudizan, escuchamos una vez más las palabras del Señor resucitado a sus discípulos: ‘La paz os dejo, mi paz os doy’ (Jn 14,27)”. “En un mundo herido por el odio, el miedo, la venganza y la codicia, los seguidores de Cristo están llamados a ser instrumentos y canales de paz”, añade.

Señala que detrás de cada cálculo militar hay, en todas partes, vidas humanas en juego: niños privados de seguridad, madres que lloran por sus hijos e hijas, familias obligadas a abandonar sus hogares, heridos que no pueden recibir atención, ancianos desamparados y comunidades reducidas a escombros. Los obispos, expresan luego una profunda preocupación por el actual conflicto entre Estados Unidos e Irán en el oeste de Asia, y por sus consecuencias, y afirman: “Reiteramos que no se debe olvidar los numerosos focos de crisis en las Filipinas, en toda Asia y en el mundo entero que continúan infligiendo sufrimientos a los pueblos y a las naciones. Afirmamos, por tanto, con claridad: cada vida humana es sagrada”. Y continúan: “Rechazamos la normalización de la violencia, los ataques contra civiles, los actos de terror, los castigos colectivos y todas las acciones que profundizan el odio y la división entre los pueblos. La violencia solo engendra más violencia. La guerra deja heridas que duran por generaciones”.

Los obispos filipinos recuerdan también los daños a la ecología provocados por las guerras. “La explosión de bombas, misiles y artillería pesada contamina el aire, oscurece el cielo con humo tóxico, envenena el suelo y el agua y destruye bosques y terrenos agrícolas. Deja daños a largo plazo en la atmósfera y en el medio ambiente. De este modo, la guerra se convierte no solo en un clamor de la humanidad, sino también en un clamor de la tierra. Las generaciones futuras heredan las cicatrices de una destrucción irreversible que no han causado”.

Explican luego que la guerra en Oriente Medio tiene un impacto significativo en el pueblo filipino, en primer lugar en quienes viven en el archipiélago, comprometiendo su seguridad, sus medios de subsistencia y su bienestar emocional. “Aunque lejana de nuestras costas, la crisis de Oriente Medio no es ajena a la vida de los filipinos”, dicen. “Muchos de nuestros hermanos y hermanas se encuentran en la región como trabajadores filipinos en el exterior. Su seguridad, sus medios de subsistencia y su futuro pesan ahora fuertemente sobre sus familias en casa”.

El aumento de los costos del combustible está teniendo repercusiones en todos los sectores del país. Esto conlleva un aumento de los precios de los bienes, un aumento de los gastos de transporte y una mayor carga financiera para las familias pobres que ya afrontan dificultades económicas. Los primeros en sufrir son las personas más vulnerables: trabajadores jornaleros, agricultores, pescadores, trabajadores del transporte, ancianos y familias con pocos ahorros. Por lo tanto, lo que sucede en el exterior afecta al hogar filipino, a la mesa filippina y al corazón filipino. Los obispos invitan al discernimiento moral y exhortan a los fieles a “resistir a las narrativas simplistas, la desinformación, el odio, el prejuicio y la parcialidad ideológica”.

“La conciencia cristiana debe ser formada no por la propaganda o la ira de las redes sociales, sino por el Evangelio de Jesús Cristo”, afirman. “Como cristianos, no celebramos la guerra. No glorificamos la venganza. No demonizamos a pueblos enteros o religiones. Por el contrario, estamos llamados a la verdad, a la compasión, a la justicia y al paciente trabajo de la reconciliación”, subrayan. E insisten en que la esperanza debe ser más fuerte que la guerra o rendirse a la desesperación.

Dirigiéndose a los líderes de las naciones y los pueblos, los obispos los invitan a elegir el diálogo en vez del sometimiento, la diplomacia en vez de la destrucción, la moderación en vez de la represalia y el coraje moral en vez del orgullo y la agresividad. “La verdadera grandeza no se mide por la capacidad de destruir, sino por la sabiduría de buscar la paz, proteger la vida humana y defender la dignidad de las naciones y los pueblos. La humanidad no desea armas más potentes, sino corazones más compasivos, conciencias iluminadas y líderes comprometidos con la justicia, la reconciliación y el bien común”, afirman.

Los pastores filipinos elogian luego el papel de los educadores, porque ellos son los “formadores de conciencia y los constructores del futuro. En un mundo cada vez más herido por la propaganda, el extremismo, la polarización y la desinformación, la educación católica tiene la sagrada responsabilidad de formar las mentes y los corazones según la verdad, la compasión y la sabiduría de Cristo, más que según ideologías pasajeras, prejuicios o visiones rígidas del mundo”.

Por último, para una respuesta pastoral de la Iglesia, invitan a todas las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, escuelas y organizaciones laicas a rezar por la paz. Expresan la convicción de que cada forma de actividad religiosa y espiritual traerá esperanza y solidaridad a los grupos más pobres y vulnerables de la sociedad que más sufren las dificultades económicas causadas por este conflicto global, especialmente a las familias cuyos seres queridos viven o trabajan en zonas afectadas por los conflictos y la  inestabilidad.

Los obispos alientan a reforzar los programas alimentarios parroquiales, las despensas comunitarias, las intervenciones de ayuda de emergencia y las iniciativas caritativas a favor de individuos y familias abrumados por la inflación, la incertidumbre económica y las dificultades, siguiendo el espíritu de compasión y generosidad testimoniado durante la pandemia.

 

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