P. Faltas: en las escuelas cristianas nos preocupamos por los escombros humanos y sociales de la guerra en Gaza
El P. Faltas describe a AsiaNews los desafíos y los problemas críticos que enfrentan las escuelas en Tierra Santa, comenzando por los jóvenes que “han perdido la sonrisa y la confianza”. Diálogo y escucha para desactivar el deseo de venganza y de cometer atentados. Prácticamente se ha resuelto la controversia con Israel por la falta de permisos a los docentes. Ser maestro es una “vocación”. La hemorragia sin fin de los cristianos.
Milán (AsiaNews) - La controversia sobre la suspensión de los permisos a los docentes; los traumas provocados por la guerra que estalló el 7 de octubre de 2023 y que sigue causando cientos de víctimas, a pesar de una frágil tregua que a menudo sólo está vigente en los papeles; las lecciones en condiciones precarias en Gaza, donde las escuelas, como la mayor parte de los edificios, han quedado destruidas. Las palabras del P. Ibrahim Faltas, fraile franciscano y director de los colegios de la Custodia de Tierra Santa, describe las enormes dificultades que enfrentan los docentes y alumnos de los institutos católicos, centros de excelencia que hoy viven en carne propia los sufrimientos y desafíos. El conflicto, cuenta el religioso, ha “provocado un trauma profundo que hoy se puede ver en toda su magnitud. Han perdido la sonrisa, han perdido la confianza, han perdido todo, y han cambiado. Ya no son los mismos niños de antes”.
“A menudo los alumnos hacen preguntas que no son fáciles de responder” explica el sacerdote. “Como una niña de 10 años que me preguntó ‘¿Dónde está Dios en todo esto?’. Es normal que crezca el odio, y nosotros debemos intentar desactivarlo. Algunos - recuerda el P. Ibrahim - nos han confesado que querían cometer atentados, nosotros hemos respondido con el diálogo, con la escucha, hemos hablado con ellos” para desactivar los intentos de violencia o de venganza. “Estos también son los escombros humanos y sociales que ha dejado la guerra - explica - y serán más difíciles de reconstruir que las paredes de un edificio. Es un desafío enorme, sobre todo para estas nuevas generaciones”.
El P. Ibrahim, franciscano nacido en Egipto, se graduó en filosofía y teología y fue párroco en Jerusalén y responsable del Statu Quo de la basílica de la Natividad. De 2016 a 2022 fue Discreto de la Custodia, luego vicario y director de las escuelas, consejero de la Custodia, director de la Casa Nova de Jerusalén y miembro de la Fundación Juan Pablo II. “Los chicos - cuenta - recuerdan todavía cuándo empezó la guerra: estábamos a principios del año escolar y mientras recitábamos la oración de san Francisco vimos pasar un misil. En un primer momento nadie entendía nada, después puse a los alumnos a salvo y los padres vinieron a recogerlos. Estuvimos 15 días sin clases y, cuando volvieron, habían cambiado. Los niños de cinco o seis años pedían llamar a casa cada media hora, para estar seguros de que sus padres estaban vivos y que no se quedarían huérfanos como los niños de Gaza”. “Otros - prosigue - no querían comer, para solidarizarse con los niños de la Franja. Hemos tenido problemas enormes”.
“Ser docente en Tierra Santa - afirma - es una misión, una vocación en una institución histórica. Las escuelas cristianas son las más antiguas, no solo en esta zona sino en todo Oriente Medio, porque la de los franciscanos en Belén, que data de 1598, es la primera de toda la región”. Sin esta institución - que se ha desarrollado creando centros en Jerusalén, Gaza, Galilea, Haifa, Nazaret y Jaffa, así como en Beit Jala y Ramallah - es imposible realizar el proceso educativo”.
Las escuelas cristianas son de excelencia no solo por la calidad de la instrucción, sino por el modelo de convivencia y de solidaridad que siempre han encarnado. “Tenemos una escuela de música - explica el religioso - que recibe a cristianos, judíos y musulmanes. A las otras asisten cristianos y musulmanes, y estos últimos son la gran mayoría. "Y siempre intentamos - afirma - que sean lugares de entrenamiento para la convivencia", a pesar de las dificultades, sobre todo el continuo éxodo de cristianos. “Se han ido cerca de 185 familias cristianas solo de la zona de Belén, una hemorragia sin fin”.
Cuando se reanudaron las clases en enero, después de las vacaciones de Navidad, 12 institutos cristianos de Jerusalén hicieron huelga para protestar contra la anulación de los permisos de trabajo - en realidad la prohibición de ingreso se aplicaba al fin de semana - de al menos 171 docentes procedentes de Cisjordania. La decisión afectó a más de 10 mil alumnos de escuelas consideradas entre las más prestigiosas y cualificadas de la ciudad santa, que decidieron suspender las clases como un gesto de solidaridad con los docentes que se desplazan diariamente y que, al menos en determinados días, eran detenidos en los puestos de control [más de mil, señala el P. Ibrahim]. Los permisos son autorizaciones temporales emitidas por el Estado judío para permitir que los palestinos de Cisjordania entren en Israel y desarrollen su actividad laboral normal, y están sujetos a controles de seguridad, con una limitación de tiempo que dependen del empleador o del horario. La gran mayoría fue revocada después del 7 de octubre en respuesta al ataque de Hamás que desencadenó el conflicto en Gaza, con la sola excepción de los emitidos a docentes y trabajadores de la salud.
“La situación - explica el sacerdote - ahora se está resolviendo. Cuando comenzó el segundo semestre había 335 docentes afectados por la medida, a los que impidieron ingresar los sábados, cuando nosotros tenemos clases. En un segundo momento se les impidió viajar los viernes y domingos, y volvimos a protestar. Ahora, casi el 90% de los docentes puede viajar toda la semana, sin restricciones. El problema está casi resuelto, aunque no se entiende la lógica de la medida. Hemos hablado con el ministerio de Educación, con los militares, pero nadie ha sabido, o querido, darnos una explicación. De todos modos persisten problemas críticos y sacrificios - añade - porque en nuestras escuelas en Jerusalén hay profesores que vienen de Hebrón y se levantan a las cuatro de la mañana para llegar puntualmente a las ocho para el inicio de las clases”.
Por último, el P. Ibrahim plantea el tema de la educación en Gaza, y específicamente en la parroquia latina de la Sagrada Familia que ayer despidió al p. Youssef Asad, quien durante ocho años ocupó el cargo de vice-párroco y vivió en primera persona las atrocidades de la guerra. Incluso estuvo a cargo en los largos meses en los que el párroco P. Gabriel Romanelli no podía regresar debido al bloqueo impuesto por las autoridades israelíes. En la Franja “todo está destruido” y la parroquia se esfuerza como puede para ofrecer algunas clases, pero los edificios están todos destruidos. “Un ejemplo - recuerda - es el Colegio del Rosario, una institución de excelencia que ahora ya no existe, al igual que muchos otros”. “Intentamos hacer algo - prosigue -, pero la situación es inhumana, la gente, sobre todo los más pequeños, mueren de frío… es trágico, terrible. Todavía está todo bloqueado, las ayudas no son suficientes aunque entran algunas cosas, y la gente sigue muriendo. En estos 110 días de tregua - recuerda - han muerto más de 500 personas por hambre, bombardeos, frío o sed. Desde hace tres años no hay escolarización en Gaza, pero la educación es solo una de las muchas emergencias”.
17/12/2016 13:14
09/09/2020 16:42
