20/08/2017, 12.40
VATICANO
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Papa: En nuestros corazones el dolor por los actos terroristas en Burkina Faso, en España y en Finlandia

En el Ángelus, el Papa Francisco rezó en silencio y con un Ave María por las víctimas de los ataques en Uagadugú, Barcelona, ​​Turku. La "fuerza interior" de la mujer cananea, "que permite superar todos los obstáculos". La mujer es "un ejemplo de una fe inquebrantable." "No se desesperen"  si a veces "el Señor ... parece que no responde a las solicitudes de ayuda." "El Espíritu infunde valor en los corazones de los creyentes."

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "En nuestros corazones llevamos el dolor por los actos terroristas que, en los últimos días, han causado numerosas víctimas en Burkina Faso, en España y en Finlandia". Estas fueron las palabras que el Papa Francisco expresó hoy inmediatamente después del Ángelus con los peregrinos en la plaza de San Pedro. En los últimos días han ocurrido varios ataques: el 14 de agosto en Uagadugú (Burkina Faso), un grupo de terroristas ha irrumpido en un restaurante turco, matando a 18 personas (de las cuales 8 eran extranjerasel 17 de agosto un grupo de yihadistas ha guiado una camioneta en la Rambla de Barcelona, causando 13 muertos y otros 100 heridos de diversas nacionalidades; el 18 de agosto, en Turku (Finlandia), un hombre mató a dos personas y causó heridas a otras ocho (incluyendo una italiana y dos suecas). Según testigos el hombre habría gritado "Alá Akbar".

"Oremos - añadió el Papa - por todos los muertos, por los heridos y sus familias; y rogamos al Señor, el Dios de la misericordia y la paz, para librar al mundo de esta violencia inhumana". Y después de unos momentos de silencio, recitó un Ave María junto a los presentes.

Más temprano, el Papa se centró en el episodio narrado en el Evangelio de hoy (Mt 15,21-28) entre Jesús y la mujer cananea que pide con insistencia la curación de su hija.

"El Señor - explicó Francisco –en un primer momento, parece no escuchar este grito de dolor, tanto, hasta el punto de suscitar la intervención de los discípulos que interceden por ella. La aparente distancia de Jesús no desanima a esta madre, que insiste en su invocación. La fuerza interior de esta mujer, que permite superar cada obstáculo, va buscada en su amor maternal y en la confianza en que Jesús puede atender su pedido. Podemos decir que es el amor que mueve la fe y la fe, por su parte, se convierte en el premio del amor. El amor intenso hacia su hija le induce a gritar: «¡Señor, ¡Hijo de David, ten compasión de mí!» (V. 22). Y la fe perseverante en Jesús permite que no se desanime, ni siquiera ante su rechazo inicial; así «la mujer se acercó y, arrodillándose delante de él, le suplicó: ¡Señor, ayúdame!» (V. 25). Al final, ante tanta perseverancia, Jesús se queda admirado, casi asombrado, por la fe de una mujer pagana. Por lo tanto, Él acepta diciendo: «"¡Mujer, qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que quieres". Y desde ese mismo momento quedó sana su hija». (v. 28).

“Esta humilde mujer es indicada por Jesús como un ejemplo de fe inquebrantable. Su insistencia en el invocar la intervención de Cristo es para nosotros un estímulo a no desanimarnos, a no desesperarnos cuando somos oprimidos por las duras pruebas de la vida. El Señor no se gira hacia otra parte ante nuestras necesidades, y, si a veces parece insensible a los pedidos de ayuda, es para poner a la prueba y fortalecer nuestra fe. Este episodio evangélico nos ayuda a entender que todos necesitamos crecer en la fe y fortalecer nuestra confianza en Jesús. Él puede ayudarnos a encontrar la vía cuando hemos perdido la brújula de nuestro camino; cuando el camino no parece más plano, sino duro y difícil; cuando es agotador ser fiel a nuestros compromisos. Es importante alimentar día a día nuestra fe, con la escucha atenta de la Palabra de Dios, con la celebración de los Sacramentos, con la oración personal como "grito" hacia Él, y con actitudes concretas de caridad hacia el prójimo”.

“Confiémonos al Espíritu Santo – ha concluido - para que él nos ayude a perseverar en la fe. El Espíritu infunde audacia en los corazones de los creyentes; da a nuestra vida y a nuestro testimonio cristiano la fuerza de la convicción y de la persuasión; nos anima a vencer la incredulidad hacia Dios y la indiferencia hacia nuestros hermanos. La Virgen María nos haga cada vez más conscientes de nuestra necesidad del Señor y de su Espíritu; nos obtenga una fe fuerte, llena de amor, y un amor que sepa hacerse súplica valiente a Dios”.

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