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MYANMAR
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Quinto aniversario del golpe de Estado. Myanmar exhausto por la guerra

de Alessandra De Poli

El país sigue atrapado en una guerra civil que ha devastado la economía, multiplicado el número de desplazados y fragmentado el control del territorio. A pesar del alarde de fuerza de las recientes elecciones, la junta militar sólo controla el 40% del territorio. Más de 20 mil opositores siguen detenidos, entre ellos Aung San Suu Kyi. Las divisiones entre las milicias étnicas. La población civil, desilusionada, es la que paga el precio más alto.

 

Rangún (AsiaNews) – Cinco años después del golpe de Estado militar de 2021 la situación de Myanmar sigue siendo desastrosa. La guerra civil ha debilitado a toda la población y ha provocado un éxodo de jóvenes a otros países del Sudeste Asiático. La junta militar encabezada por el general Min Aung Hlaing controla menos del 40% del territorio.

Se estima que más de cinco millones de personas se encuentran desplazadas dentro del país. En muchas zonas rurales las minas antipersona rodean campos y pequeños centros urbanos, impidiendo que la población regrese a sus aldeas de origen y mucho menos a sus hogares, que en la mayoría de los casos han sido arrasados por incendios o bombardeos.

La Asociación de Asistencia a Presos Políticos considera que desde que comenzó el conflicto han sido arrestadas más de 30 mil personas, de las cuales 22.778 siguen en prisión. Entre ellas se encuentra la líder democrática Aung San Suu Kyi, detenida poco antes de la toma de posesión del Parlamento, después que su partido, la Liga Nacional para la Democracia, había vuelto a ganar las elecciones de noviembre de 2020, las últimas democráticas en el país y muy diferentes a las que organizó la junta birmana entre el 28 de diciembre y el 25 de enero.

“Hoy nadie sabe dónde está. Se le niega el acceso a la familia, a los abogados, a los médicos y al mundo exterior”, escribió en las redes sociales su hijo menor, Kim Aris, y reiteró las atrocidades cometidas por los generales contra el pueblo birmano.

Según las Naciones Unidas, durante las elecciones la aviación birmana llevó a cabo al menos 408 ataques aéreos que mataron cerca de 170 civiles. En esos días unas 400 personas fueron arrestadas por expresar su desacuerdo con el proceso electoral. Varias fuentes internas del país informan amenazas y presiones para obligar a los ciudadanos a ir a votar bajo pena de exclusión de servicios públicos como educación y salud, muy poco eficaces desde la pandemia de Covid-19.

En los últimos cinco años la economía birmana ha perdido 100 mil millones de dólares. Los logros de una década de transición democrática han quedado en la nada y Myanmar ha vuelto bajo la influencia de China, que también apoya al régimen con el envío de armas para proteger sus propios proyectos de infraestructura. Todo esto mientras los diplomáticos chinos mantienen paralelamente contactos con los grupos que luchan contra los militares. La misma ONU considera que pasarán años hasta que el PIB vuelva a los niveles anteriores a 2020.

Con el encarcelamiento de Aung San Suu Kyi, la conducción de las fuerzas democráticas, reunidas sobre el terreno bajo la sigla PDF, ha pasado al Gobierno de Unidad Nacional (NUG) en el exilio, integrado por ex diputados de la Liga Nacional para la Democracia. Hoy el NUG representa sobre todo a la diáspora, mientras que quienes se han quedado en el país experimentan cierta desilusión, porque este carece de un verdadero liderazgo, no ha obtenido reconocimientos internacionales de peso, no ha logrado recabar el consenso de los grupos étnicos armados y se lo critica por la escasa transparencia financiera.

Médicos y docentes que se habían adherido al Movimiento de Desobediencia Civil no han recibido apoyo económico. Por el contrario, el NUG les pidió que boicotearan las elecciones, poniendo una vez más en riesgo su propia vida y la de sus familias.

Entre las fuerzas de la oposición no hay acuerdo, sobre todo entre los grupos étnicos armados que luchan por una mayor autonomía y están aprovechando la situación para crear microestados independientes. En Rakhine las milicias han dado vida a administraciones autónomas sin ninguna coordinación, poniendo en evidencia que el sueño de un Myanmar federal todavía está lejos, tal como parece muy lejos el fin de los enfrentamientos.

Fuentes birmanas informan que se alienta a la población civil a concentrarse en las ciudades, mientras los combates continúan en las zonas rurales y en las selvas. Una situación que ha hecho retroceder al país cerca de 70 años.

 

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