10/10/2021, 15.00
VATICANO
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Sínodo: Papa, no una 'convención' eclesial, sino un camino de escuchar y compartir

“En estos días Jesús nos llama, como hizo con el hombre rico del Evangelio, a vaciarnos, a liberarnos de lo mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a preguntarnos qué quiere decirnos Dios en este tiempo y en qué dirección quiere conducirnos”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "Hacer Sínodo significa caminar por el mismo camino, caminar juntos", es "disponernos a escuchar las preguntas, las preocupaciones, las esperanzas de cada Iglesia, de cada pueblo y nación. Y también a escuchar al mundo, los desafíos y cambios que nos presenta”. Con la celebración de la misa solemne en San Pedro, el Papa Francisco inauguró esta mañana la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos "Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión". Estuvieron presentes cerca de 3 mil personas, entre cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos.

Que el Sínodo, advirtió Francisco, "no sea una 'convención' eclesial, una conferencia de estudios o un congreso político, porque no es un parlamento, sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu".

Comentando el pasaje del Evangelio de hoy, del "joven rico" (Mt 19,20-22), el Papa indicó el señaló el camino a seguir con tres verbos: "encontrar, escuchar, discernir". “En estos días Jesús nos llama, como hizo con el hombre rico del Evangelio, a vaciarnos, a liberarnos de lo mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a preguntarnos qué nos quiere decir Dios en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos”.

En primer lugar, en el momento del encuentro Jesús “no se muestra distante, molesto o alterado, al contrario, se detiene con él. Está disponible para el encuentro. Nada lo deja indiferente, todo lo apasiona. Encontrar los rostros, cruzar las miradas, compartir la historia de cada uno: esta es la cercanía de Jesús. Él sabe que un encuentro puede cambiar la vida”. “También nosotros, que comenzamos este camino -subrayó- estamos llamados a convertirnos en expertos en el arte del encuentro. No en organizar eventos o hacer reflexiones teóricas sobre los problemas, sino, sobre todo, en tomarnos tiempo para el estar con el Señor y favorecer el encuentro entre nosotros. Un tiempo para dar espacio a la oración, a la adoración, esa oración que tanto descuidamos: adorar, dar espacio a la adoración, a lo que el Espíritu quiere decir a la Iglesia; para prestar atención al rostro y la palabra del otro, para encontrarnos cara a cara, para dejarnos tocar por las preguntas de las hermanas y los hermanos, para ayudarnos a fin de que la diversidad de los carismas, vocaciones y ministerios nos enriquezca. Cada encuentro - lo sabemos - requiere apertura, valentía, disponibilidad para dejarnos interpelar por el rostro y por la historia del otro. Si bien a menudo preferimos refugiarnos en relaciones formales o ponernos máscaras de circunstancia -el espíritu clerical y cortesano: soy más monsieur l'abbé que padre-, el encuentro nos cambia y con frecuencia nos sugiere nuevos caminos que no pensábamos transitar".

En segundo lugar, la escucha. "Muchas veces es precisamente así como Dios nos muestra el camino a seguir, haciéndonos salir de nuestras rutinas desgastadas". “Preguntémonos, con sinceridad, en este itinerario sinodal: ¿cómo estamos con la escucha? ¿Cómo está el 'oído’ de nuestro corazón? ¿Permitimos a las personas que se expresen, que caminen en la fe aunque tengan itinerarios de vida difíciles, que contribuyan a la vida de la comunidad sin que se les pongan trabas, sin que sean, rechazadas o juzgadas? Hacer Sínodo es ponerse en el mismo camino del Verbo hecho hombre, es seguir sus huellas, escuchando su Palabra junto con las palabras de los demás. Es descubrir con asombro que el Espíritu Santo siempre sopla de manera sorprendente, para sugerir caminos y lenguajes nuevos. Es un ejercicio lento, quizás fatigoso, aprender a escucharnos unos a otros - obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, todos, todos los bautizados - evitando respuestas artificiales y superficiales; respuestas prêt-à-porter, no".

Y por último, discernir. “El encuentro y la escucha recíproca no son un fin en sí mismos, que deja las cosas como están. Por el contrario, cuando entramos en diálogo, nos cuestionamos, comenzamos un camino, y al final ya no somos los mismos de antes, hemos cambiado”. “La Palabra nos abre al discernimiento y lo ilumina. Orienta el Sínodo para que no sea una "convención" eclesial, una conferencia de estudio o un congreso político, para que no sea un parlamento sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu. En estos días Jesús nos llama, como hizo con el hombre rico del Evangelio, a vaciarnos, a liberarnos de lo mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a preguntarnos qué quiere decirnos Dios en este tiempo y en qué dirección quiere conducirnos”.

Del "joven rico", el Papa también habló en el Ángelus, subrayando el aspecto "comercial" de la pregunta que le hace a Jesús: "¿Qué debo hacer para tener la vida eterna?" “Notemos - dijo Francisco - los verbos que usa: debo hacer - para tener. Así es su religiosidad: un deber, un hacer para tener; 'Hago algo para conseguir lo que necesito'. Pero esa es una relación comercial con Dios, un do ut des. La fe, por el contrario, no es un rito frío y mecánico, un 'debo-hago-obtengo'. Es una cuestión de libertad y de amor”. Jesús, en efecto, le muestra el "verdadero rostro" de Dios, que es amor y acogida.

Al final, cuando Jesús le dice "vende todo y sígueme" hay don y gratuidad. “Una fe sin don, una fe sin gratuidad es una fe incompleta, es una fe débil, enferma. Podríamos compararla con un alimento rico y nutritivo que, carece de sabor, o con un partido bien jugado pero sin goles”. “Hoy podemos preguntarnos: '¿Cuál es la situación de mi fe? ¿La vivo como algo mecánico, como una relación de deber o interés con Dios? ¿Me acuerdo de alimentarla dejándome mirar y amar por Jesús? Y, cuando soy atraído por Él, ¿correspondo con gratuidad?”.

Después de rezar la oración mariana, Francisco recordó, en el Día Mundial de la Salud Mental, “a los hermanos y hermanas que padecen trastornos mentales y también a las víctimas, a menudo jóvenes, del suicidio. Recemos por ellos y sus familias, para que no los dejen solos ni los discriminen, sino que los acojan y apoyen”.

Foto: Vatican News

 

 

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