Lettura registrata con successo PAKISTÁN Sargodha, el llamamiento de una madre: devuélvanme a mi hijo, secuestrado y convertido al islam.
29/08/2025, 13.41
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Sargodha, el llamamiento de una madre: devuélvanme a mi hijo, secuestrado y convertido al islam.

de Shafique Khokhar

Shamraiz Masih, de 14 años, fue engañado y secuestrado por varias personas. Su madre, Rehana Imran, intentó denunciarlo a la policía, pero los agentes solo mostraron «apatía y desinterés». En el tribunal, los jueces confirmaron la custodia a parientes lejanos musulmanes desde hace tiempo. Los activistas confirman: «Este no es un caso aislado».

Lahore (AsiaNews) - El pasado 20 de agosto, en una sala abarrotada del Tribunal Superior de Lahore, Shamraiz Masih (en la foto), un menor de tan solo 14 años, fue escoltado a la sala rodeado de desconocidos. Su madre, Rehana Imran, había esperado varios días este momento, con la esperanza de poder finalmente abrazar a su hijo. Por el contrario, todas las personas que acudieron para apoyar a la mujer presenciaron incrédulas la escena en la que los jueces confiaban al joven al cuidado de parientes ajenos al caso, que nunca antes se habían ocupado de él, pero que años atrás se habían convertido al islam. Y este elemento habría marcado la diferencia para el tribunal.

Para Rehana Bibi, viuda y madre de tres hijos, no solo fue un revés desde el punto de vista legal y jurídico, sino una confirmación devastadora de lo que siempre había temido: el sistema la había decepcionado, fallando en su tarea de proporcionarle protección y amparo, mientras su hijo se alejaba cada vez más del calor maternal, a la sombra de una nueva historia de conversión forzada.

La historia de Shamraiz comenzó el pasado mes de julio, cuando desapareció de su casa en Sargodha, una ciudad de la provincia de Punyab.

Hijo de una viuda cristiana pobre, el joven trabajaba en un taller local de reparación de motocicletas para ayudar a mantener a su familia. Aprovechando su vulnerabilidad, su empleador y otras personas comenzaron a atraerlo con promesas de dinero y una vida mejor, mientras lo empujaban a convertirse al islam. Poco después, Shamraiz desapareció de su casa. Su familia presentó una denuncia, pero en lugar de recuperar al niño y garantizar su protección, la policía y el sistema judicial defendieron y respaldaron las acciones de los secuestradores. Su familia inició investigaciones en el barrio, se puso en contacto con sus amigos y finalmente acudió a la policía, pero su petición de ayuda solo encontró apatía e indiferencia.

Muchas horas después, los miembros de la comunidad informaron a la familia de que Shamraiz estaba bajo la custodia de algunas personas musulmanas influyentes de la zona y que, muy probablemente, le habían obligado a convertirse al islam. Para Rehana, su madre, fue el comienzo de una pesadilla que aún hoy no ha terminado. «Es mi querido hijo, ni siquiera puede decidir por sí mismo qué religión seguir. Me lo han robado y ahora —afirma Rehana— están tratando de alterar su identidad».

Desde la desaparición de Shamraiz, la modesta casa familiar se ha convertido en una puerta giratoria de visitantes: periodistas, activistas, extraños que ofrecen ayuda. Pero casi nadie se ha quedado el tiempo suficiente como para marcar la diferencia. La frustración de los familiares se ve agravada por su experiencia con la policía. Según Iqbal Masih, un respetado anciano de la comunidad cristiana de Sargodha y firme defensor de la familia, el oficial de la comisaría local (Sho) hizo una declaración «escalofriante» cuando se le pidió que buscara a Shamraiz. El funcionario respondió a Masih: «Podemos traer de vuelta al chico, pero seguirá siendo musulmán. Si le pasa algo, su familia será responsable». Iqbal continuó diciendo que le recordó «claramente» que la voluntad de la familia es que «Shamraiz vuelva como nuestro hijo cristiano. La policía no puede decidir su fe».

Al comentar el caso, Azhar S Malik, presidente de Edge Foundations, organización que está proporcionando asistencia legal y de otro tipo a los familiares, explica: «A sus 14 años, Shamraiz es legalmente menor de edad. Según la legislación pakistaní, los menores no pueden tomar decisiones vinculantes sobre la religión o la custodia. El derecho internacional, en particular la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (CDN), que Pakistán ha ratificado, también hace hincapié en el «interés superior del niño», que no debe confundirse con las expresiones de voluntad forzadas. Este no es un caso aislado. Cada año, docenas de niños cristianos e hindúes, algunos de 12 o 13 años, son secuestrados, convertidos por la fuerza y puestos en situaciones —concluye el experto— que les roban, privándoles de su infancia, su identidad y sus familias». Sin embargo, para Rehana, la cuestión no se refiere al sistema o al derecho, sino que adquiere los contornos de un asunto estrictamente personal. Y sus ojos se llenan de lágrimas cuando susurra con voz débil: «El tribunal me ha quitado a mi hijo. Pero sigue siendo mi hijo. No dejaré de luchar» por su regreso a casa.

 

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