Un alambrado de púas de 135 kilómetros alrededor del monte Tai
En la provincia china de Shandong se ha desatado una fuerte polémica por las vallas de cerramiento que han colocado para impedir el "senderismo salvaje" fuera de las rutas habilitadas en la montaña sagrada, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Las autoridades consideran que es una medida de seguridad. Sin embargo, ciudadanos y ambientalistas afirman que desnaturaliza el significado espiritual y el entorno natural de este lugar.
Beijing (AsiaNews/Agencias) - Un vasto proyecto de vallado alrededor del monte Tai, una de las montañas más famosas de China y declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, ha desatado un acalorado debate en la opinión pública china. Según informaron diversos medios locales, una barrera formada por una doble cerca de malla metálica con alambre de púas se extiende a lo largo de unos 135 kilómetros a lo largo del límite entre las ciudades de Jinan y Tai'an, en la provincia de Shandong. La obra, cuyo costo total se estima en unos 25,19 millones de yuanes (más de 3 millones de euros), ha dejado prácticamente aisladas la mayoría de las zonas que no están abiertas al turismo.
Las autoridades sostienen que el vallado se construyó principalmente para prevenir los incendios forestales e impedir que los visitantes accedan a rutas no autorizadas —lo que se denomina "senderismo salvaje"— una práctica que en los últimos años habría causado accidentes y aumentado el riesgo de incendios.
Sin embargo, las justificaciones oficiales no han convencido a una parte considerable de la opinión pública. Muchos ciudadanos, senderistas y ambientalistas consideran que recurrir a una barrera de este tipo, que habitualmente se utiliza en contextos como prisiones, instalaciones militares o zonas de alta seguridad, es una medida excesiva y desproporcionada respecto a los objetivos declarados.
Según los testimonios recogidos por los medios chinos, la nueva infraestructura altera de forma notable el paisaje natural del monte Tai, una de las cinco montañas sagradas de China, que desde hace más de tres mil años es un lugar de espiritualidad y un símbolo importante de la cultura del país. Asimismo, muchos residentes se quejan de que la valla impide el acceso tradicional a la montaña para la población local, limitando actividades que se han practicado durante generaciones.
Otra crítica se refiere al impacto ambiental. En efecto, expertos y ciudadanos temen que una barrera continua de tales dimensiones obstaculice los desplazamientos de la fauna silvestre, fragmente los hábitats naturales y altere el equilibrio ecológico de la zona. Algunos observadores también se preguntan si una obra tan invasiva podría perjudicar la imagen del sitio, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial.
La gestión de la comunicación por parte de las autoridades también ha alimentado la polémica. Los periodistas que intentaron obtener aclaraciones del Comité de Gestión del Área Paisajística del monte Tai afirman que fueron derivados de una oficina a otra, sin obtener respuestas directas.
Los documentos públicos disponibles muestran que el proyecto forma parte de un programa más amplio para reforzar la seguridad de la zona turística. De hecho, una de las licitaciones publicadas a finales de 2025 adjudicó más de 4,16 millones de yuanes a un lote específico destinado a la construcción de los vallados. En los últimos años, el parque también ha promovido la construcción de un "corredor cortafuegos" alrededor del monte Tai, que incluye decenas de kilómetros de estructuras similares.
Las autoridades sostienen que estas vallas forman parte, desde 2022, de un sistema integrado de prevención de incendios basado en vigilancia tecnológica, patrullajes y barreras físicas, con el objetivo de reducir tanto los riesgos ambientales como los accidentes provocados por el acceso a zonas salvajes.
A pesar de estas explicaciones, el descontento sigue creciendo en las redes sociales chinas, donde circulan numerosas fotografías y vídeos del vallado. Muchos usuarios acusan al gobierno local de haber elegido la solución más sencilla y drástica, en vez de invertir en una gestión más equilibrada del territorio.
Uno de los comentarios más recurrentes son las dudas sobre la eficacia real de la barrera, incluso desde el punto de vista operativo. Algunos se preguntan, por ejemplo, cómo podrán intervenir rápidamente los equipos de rescate en caso de incendio si amplias zonas de la montaña están cerradas por cercas metálicas. Otros sospechan que el verdadero objetivo de la obra es limitar el acceso gratuito a rutas alternativas y desalentar a quienes intentan evitar el pago de la entrada a las zonas turísticas oficiales.
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