Una ‘misión católica’ en la isla en disputa entre Manila y Beijing en el mar de China Meridional
Para finales de marzo deberían comenzar las obras de construcción de un lugar de culto en la isla de Pag-asa, en el archipiélago de las Spratly. El vicario de Puerto Princesa se teunió ayer con un funcionario filipino para discutir el proyecto. La pequeña comunidad católica incluye residentes, miembros de las fuerzas armadas y personal de la guardia costera y de la policía. Desde hace tiempo esa zona se encuentra en el punto de mira de China.
Manila (AsiaNews) - Más fuerte que las disputas territoriales, la Iglesia católica de Filipinas ha decidido establecer una presencia pastoral en la isla de Pag-asa, cerca de las islas Spratly, territorio en disputa entre Beijing y Manila en el mar de China Meridional. Ayer la Guardia Costera filipina discutió los requisitos de viabilidad para la construcción de una iglesia en el islote del municipio de Kalayaan. Este es el único puesto civil de avanzada en el Mar de Filipinas Occidental, término que Manila utiliza para designar la región Asia-Pacífico que desde hace años es escenario de una lucha por el control y la explotación de recursos —desde la pesca hasta el gas natural del fondo marino— entre China y otros países del sudeste asiático.
El comodoro Jay Tarriela, portavoz del Comando del “Mar de Filipinas Occidental”, y monseñor Sócrates Calamba Mesiona, vicario apostólico de Puerto Princesa, provincia de Palawan, se reunieron para discutir el calendario y los métodos de construcción de un lugar de culto en la isla de Pag-asa. El objetivo es completar los preparativos iniciales para finales de marzo. El prelado explicó que el templo podría ser, al menos inicialmente, una estación misionera y no una parroquia propiamente dicha.
La Iglesia Católica suele establecer una estación misionera en lugares donde existe una comunidad católica pero que todavía no es lo suficientemente grande o estable como para ser una parroquia. Esto permite proporcionar una asistencia pastoral regular y al mismo tiempo verificar su sostenibilidad a largo plazo. Tarriela informó que la ceremonia de inauguración de las obras del lugar de culto en Pag-asa debería ser a fines de marzo y que el nombre de la iglesia y su santo patrono se definirán en coordinación con las autoridades eclesiásticas. También desestimó las preocupaciones de que la construcción pudiera provocar una intensificación de las actividades por parte de China, y señaló que la presencia marítima extranjera en torno a la isla existe desde hace tiempo, independientemente de los desarrollos sobre el terreno.
Monseñor Mesiona aprobó con satisfacción la iniciativa y aseguró oraciones por la paz, la justicia y la dignidad nacional. La pequeña comunidad católica incluye residentes, miembros de las fuerzas armadas filipinas, personal de la guardia costera y personal de policía desplegado en la isla de Pag-asa. “Por lo tanto, sería positivo para ellos si la Iglesia católica estuviera realmente dispuesta a construir una iglesia e incluso a enviar un sacerdote —señaló Tarriela— para celebrar las misas cada domingo”. Luego describió las controversias marítimas como una “cuestión moral y nacional” que trasciende la política, y expresó la esperanza de que la Iglesia pueda contribuir a promover la unidad y el entendimiento entre los filipinos sobre este tema.
Filipinas reclama los derechos sobre la isla de Pag-asa basándose en la proximidad geográfica, la ocupación efectiva y el derecho internacional. Hace pocos días la senadora Risa Hontiveros participó en un vuelo de vigilancia marítima (MDA) de la Guardia Costera sobre el grupo de islas Kalayaan. El equipo de Hontiveros llevó a cabo una misión médica y odontológica para los más de 400 residentes. También distribuyó alimentos y donó 47 máquinas desalinizadoras a las tropas estacionadas en las zonas controladas por Manila, reafirmando la propiedad territorial del área como derecho exclusivo de Filipinas, que no tiene intención de ceder. “Filipinas —concluyó la senadora— está compuesta por miles de hermosas islas, entre ellas Kalayaan. Este lugar es hermoso, al igual que las otras islas y los recursos naturales de nuestro país. Debemos protegerlo y defenderlo con todas nuestras fuerzas”.
Desde hace tiempo Filipinas —pero también otros países como Vietnam— manifiesta una creciente preocupación por el “imperialismo” de Beijing en los mares del Sur y del Este; el gobierno chino reclama una parte considerable del océano y la soberanía de las Spratly y de las Paracel — frente a Vietnam, Taiwán, Filipinas, Brunéi y Malasia (casi el 85% del área) —. Las reivindicaciones de los países del Sudeste Asiático también cuentan con el apoyo de Estados Unidos, que ha calificado repetidamente de “ilegal” e “irracional” la llamada “lengua de buey”, que utiliza Beijing para marcar territorios como propios. De nada ha servido el pronunciamiento de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya, que había fallado a favor de Filipinas el 12 de julio de 2016. La hegemonía reviste un carácter estratégico para el comercio y la explotación de petróleo y gas natural en el lecho marino, en una zona de elevado interés debido a que por allí pasan dos tercios del comercio marítimo mundial.
