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ARMENIA
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Los símbolos de la Pascua armenia

de Vladimir Rozanskij

Al igual que todas las Iglesias orientales, también los cristianos de Armenia se preparan para celebrar el domingo 12 la resurrección de Jesús, renovando gestos ancestrales como el de llevar huevos en la mano al acudir a la vigilia pascual. Entre los ritos cargados de significado se encuentra también el Andastan, con la bendición de los cuatro puntos cardinales para expresar la reconstrucción de un mundo nuevo basado en la fe y la unidad.

Ereván (AsiaNews) - Al igual que las Iglesias ortodoxas, este año la Iglesia Apostólica Armenia celebra la Pascua (en armenio, Zatik) el 12 de abril según su propio calendario específico, con una especial euforia popular que se manifiesta a través de símbolos como los huevos pintados. De hecho, el huevo se considera el símbolo más evidente de la resurrección y del comienzo de una nueva vida, y el color rojo evoca la sangre de Cristo en el sacrificio en la cruz, derramada por la salvación de todos los hombres.

Los huevos de Pascua están extendidos por todo el mundo cristiano en diversas formas, pero los armenios se remiten a enseñanzas muy profundas de sus maestros, como el santo Grigor Tatevatsi, teólogo y filósofo del siglo XIV, músico, artista y pedagogo, quien en el monasterio de Tatevskij fundó la universidad armenia más importante de la Baja Edad Media junto con su discípulo Ovanes Vorotnetsi, jerarca eclesiástico y protagonista de la vida política de Armenia.

El santo explicaba que «solo en Pascua pintamos los huevos, pues el huevo es símbolo de paz y, como dicen los antiguos sabios, la cáscara exterior es como el cielo, la membrana como el aire, la clara como el agua y la yema como la tierra. Al sostener entre las manos el huevo rojo, proclamamos nuestra salvación». Con los huevos en la mano se acude al Čragalujts, la vigilia de la noche pascual en espera del anuncio de la resurrección, que pone fin al ayuno, y los fieles se saludan con el anuncio «Cristo ha resucitado de entre los muertos», al que se responde en armenio «Bendita sea la Resurrección de Cristo», en lugar del «Verdaderamente ha resucitado» de los ortodoxos.

A la Pascua le siguen los cincuenta días hasta Pentecostés, un período llamado en armenio Khinank o Khunuk, del término numérico «cincuenta». Los armenios tienen una tradición sencilla y conmovedora en los preparativos pascuales, que alcanza su máximo esplendor en Pentecostés: la germinación de los cereales. Unos días antes de Zatik, el trigo o las lentejas se colocan en un platito o en un cuenco de barro, se riegan y se exponen a la luz.

Cuando brotan los tallos verdes, la casa se llena de un aire primaveral, como si la tierra misma despertara justo en el alféizar. Estos brotes se colocan en la mesa de Pascua como símbolo de renovación, vida y bendición. Los armenios occidentales suelen adornar las plantas con una cinta roja «para asegurarse un año tranquilo y feliz» y, en algunas familias, los brotes se plantan luego en el jardín, con la creencia de que traen buena suerte a la casa.

Inmediatamente después del Barekendan, el último suntuoso banquete antes de los cuarenta días de abstinencia cuaresmal, en los hogares armenios aparecen dos muñecos: Utis Tat (la abuela Utis) y Aklatiz (el abuelo Pas). Utis es redonda, con las mejillas sonrosadas y un cucharón en la mano: la señora de la cocina perfumada, la guardiana de los sabores y las alegrías del Barekendan. Aklatiz, delgado, austero y con un bastón en la mano, recuerda que el tiempo de la saciedad ha terminado y que el camino de la purificación ha comenzado. Durante la Cuaresma, los dos parecen discutir entre sí: Utis guarda el recuerdo de platos suntuosos, Aklatiz mantiene la casa en silencio, en disciplina y en oración. En Pascua, su pequeña disputa llega a su fin: las muñecas se guardan como señal de que el hombre ha pasado de la abundancia a la abstinencia y ahora está entrando en la luminosa alegría de la Resurrección. Así, dos sencillas figuritas se convierten en el símbolo de un gran viaje interior: del invierno a la primavera, de lo carnal a lo espiritual, de la Cuaresma a la Pascua.

La Pascua armenia cuenta además con un rito que parece una antigua leyenda: Andastan, la bendición de los cuatro puntos cardinales. Solo la Iglesia Apostólica Armenia conserva esta tradición, en la que cada movimiento del sacerdote parece reconstruir el mundo desde cero. La procesión se mueve en círculo, dentro o alrededor de la iglesia, repitiendo el ritmo del universo. El Este es bendecido como espiritualidad, el Oeste como estatalidad, el Sur como fertilidad y el Norte como pueblo y asentamientos. Así nace el modelo ideal de patria, fundado en la fe, el bienestar y la unidad. Los fieles solo asisten, pero la bendición los alcanza a todos: el ritual parece unir al país. Se dice que las raíces del Andastan se remontan a siglos atrás, a la época precristiana, cuando el círculo se consideraba un símbolo de protección y renovación. La mañana de Pascua, este círculo de luz delinea una vez más los límites del mundo, que los armenios confían a Dios.

 

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