09/05/2023, 11.10
RUSIA
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Una madre de Kazán y la crisis de los servicios sociales rusos

de Vladimir Rozanskij

En Tatarstán, Diljara Gajsina lucha en los tribunales contra la decisión de quitarle a sus hijos debido a las inaceptables condiciones de la casa que le asignó la propia administración local. Una historia emblemática del progresivo deterioro de las condiciones de vida en las regiones periféricas.

 

Moscú (AsiaNews)- Ha causado gran revuelo en Kazán, capital de la república rusa de Tatarstán, el conflicto entre una joven madre y la fiscalía local, que en estos días está siendo evaluado por un juez. Las autoridades quieren retirarle a Diljara Gajsina la tutela de sus hijos, un varón de 13 años y una niña de 2 años, debido a las inaceptables condiciones higiénico sanitarias del lugar donde viven. La madre responde que estas condiciones son consecuencia de las decisiones de la administración, y el caso parece reflejar un descontento generalizado en la sociedad rusa, sobre todo en las regiones periféricas, debido al progresivo empeoramiento de las condiciones de vida y los servicios sociales.

El departamento donde Diljara vive sola con sus dos hijos le fue asignado tras varios años de lucha con el gobierno de Kazán, y consiste en dos habitaciones en el último piso de una casa-colmena del tipo conocido como Leningradka, al que ella pudo mudarse después de haber vivido durante mucho tiempo en una construcción precaria. Ya en los primeros enfrentamientos con la burocracia habían intentado sin éxito quitarle "temporalmente" a los niños.

Antes de que comenzara el juicio, Gajsina exhibió durante varios días un cartel frente a la fiscalía con la inscripción "No a la tutela fascista - ¡dejen en paz a mis hijos!", y repitió la protesta en otros puntos de la ciudad, con el apoyo de los transeúntes. En la pancarta también alternó otros escritos de protesta: "¡Hace falta una operación especial de la fiscalía para salvar a los niños de los asistentes sociales!", "¡Contra todos los acuerdos internacionales, el poder le quita sus hijos a las madres rusas!", "¡Fiscal! ¡La asistencia social le quita los niños a Gajsina por los desastres que ellos mismos hicieron!", y otros similares, con alusiones al lenguaje "bélico" de los tiempos actuales.

Las polémicas pancartas enfurecieron a la policía, que detuvo y registró varias veces a Diljara pero sin llegar a arrestarla, para evitar reacciones aún más sensacionalistas. El traslado de la casa precaria a la vivienda social tuvo lugar en diciembre de 2021, por decisión del correspondiente departamento del gobierno de Kazán, que a menudo asigna a los necesitados apartamentos apenas más habitables que los refugios donde se encuentran. En el departamento del noveno piso donde ahora vive Gajsina había muerto una anciana poco antes de que ella llegara. Habían encontrado el cuerpo varios días después del deceso y estaba impregnado de un olor insoportable.

Primero trató de ventilar todo lo posible las dos pequeñas habitaciones para eliminar el efecto de los fuertes ​​productos químicos que habían esparcido después de retirar el cadáver y recién llevó a los niños varios días después. Esa misma noche llovió mucho y el agua empezó a entrar por la salida de emergencia del tejado, completamente destrozada, inundando el pasillo y las dos habitaciones.

La madre inició entonces una larga batalla burocrática, escribiendo constantemente a todas las oficinas interesadas, para obtener las reparaciones mínimas necesarias para que el departamento resultara habitable. "Estábamos mejor en nuestro refugio precario", dice Diljara. En febrero de este año, su insistencia condujo a la convocatoria de una comisión de verificación, que presentó una demanda para quitarle la custodia de sus hijos seguida de una larga lista de otros grupos de control, entre ellos un equipo de psicólogos. Le ofrecieron varios informes para que los firmara, los rompió todos y entregó sus propios informes sobre la situación y sobre las causas de los evidentes problemas. "Me trataron como a un delincuente -cuenta- y estaba claro que solo querían deshacerse del problema para evitar las reacciones de la gente que está observando".

La noche anterior a la apertura del juicio, Diljara llevó a los niños a un departamento "secreto", con la ayuda de su abogado, Alexei Zlatkin, por temor a que se los llevara la policía y de esa manera pudieran influir en las decisiones del juez. El abogado explica que "en los últimos tiempos en Rusia es cada vez más común que separen a los niños de su familia debido, entre otras cosas, a las presiones políticas". Es una "guerra interna" paralela a la de Ucrania: a las madres que no se someten a las autoridades se las considera "enemigas de la patria".

 

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