Vicario de Arabia: ante el conflicto en el Golfo, la Casa Abrahámica debe seguir siendo un signo de 'paz y coexistencia'
Desde los Emiratos, Mons. Martinelli describe una situación que “parece bajo control”, aunque persiste la “aprensión” por la escalada entre Israel y Estados Unidos contra Irán. Cierre “temporal y necesario” de la Casa de la Familia Abrahámica, pero con la esperanza de que “pueda reabrirse pronto”. Oración por las víctimas entre la población migrante.
Milán (AsiaNews) - El cierre de la Casa de la Familia Abrahámica en estos días de un nuevo y sangriento conflicto en Oriente Medio, particularmente en el Golfo, no es “una metáfora de esta escalada”, porque es “temporal y necesario”, explica a AsiaNews monseñor Paolo Martinelli, vicario apostólico de Arabia Meridional (Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen), al comentar la confrontación de Israel y Estados Unidos contra Irán, en un contexto de desarrollos impredecibles. Sin embargo, prosigue el prelado, “la sola existencia de este complejo es un desafío positivo y un recordatorio del valor del diálogo entre personas de diferentes confesiones, que no debemos cansarnos de alimentar”, y sigue siendo “un signo de coexistencia pacífica”. Por el momento, en los Emiratos “la situación parece bajo control”, afirma, aunque persiste cierto grado de “aprensión”.
Tercer día de una guerra que ya se ha extendido involucrando a todos los Estados del Golfo y también al Líbano, donde los ataques de Israel contra objetivos de Hezbolá han causado decenas de muertos y el riesgo de una mayor escalada. Mientras tanto, se reportan explosiones en Bahrein y en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), además del incendio de una refinería de petróleo — aunque el incendio parece estar bajo control — en Arabia Saudita. Desde Riad hasta Kuwait los líderes regionales acusan a Teherán y amenazan con responder a los ataques provenientes de la República Islámica contra objetivos militares estadounidenses o infraestructuras energéticas. El ejército kuwaití informó que “varios” aviones de combate de EE. UU. se precipitaron a tierra —quizás alcanzados por fuego amigo—, aunque las tripulaciones pudieron ponerse a salvo. Según la Media Luna Roja, las víctimas en Irán son más de 550, distribuidas en al menos 130 localidades. Máxima alerta también en la base británica de Akrotiri en Chipre, donde incluso en los últimos minutos despegaron cazas para repeler “un presunto ataque con drones”.
A continuación, la entrevista completa a monseñor Martinelli:
Es el tercer día de guerra, ¿cómo está la situación?
En los Emiratos Árabes Unidos la situación parece estar prácticamente bajo control, aunque diferenciada sobre el terreno. En Abu Dabi y Dubái hay mayor preocupación, mientras que en otras partes del país las repercusiones son menos graves. Los ataques han sido casi completamente repelidos y la percepción de la gente es que el país ha respondido bien y es capaz de proteger a la población. De todos modos, esto no impide cierta aprensión.
¿Las celebraciones continúan regularmente?
Sí, en todas las iglesias del Vicariato las misas se celebraron con normalidad; evitamos iniciativas que impliquen aglomeraciones. Estoy en contacto con todos nuestros párrocos, quienes me han confirmado que todas las celebraciones dominicales se llevaron a cabo normalmente. En la parroquia de Al Ain, cerca de la frontera con Omán, donde estaba realizando mi visita pastoral, todas las actividades se llevaron a cabo según lo programado (en las fotos). Por lo demás, todos nos atenemos a las indicaciones de las autoridades civiles.
¿Esperaban una escalada tan repentina y, sobre todo, que los Emiratos se vieran involucrados en un conflicto que está incendiando a toda la región?
Un ataque de este tipo no podía dejar de desencadenar una reacción contra los países donde hay bases militares de Estados Unidos. Por otra parte, ya había ocurrido durante la “guerra de los 12 días”, en junio del año pasado.
¿Qué significa para las poblaciones del Golfo encontrarse en primera línea?
Nos encontramos directamente involucrados en una situación que nos concierne desde hace tiempo. Lo que sucede estos días pone aún más en evidencia las profundas conexiones entre los países del Golfo, que sin duda están muy arraigadas.
¿Y cómo afecta esto a la población migrante, donde hay una de las primeras víctimas de la guerra?
En este momento todavía es demasiado pronto para ver el impacto específico en la población migrante, que de todas formas constituye el 90% de la población residente. Rezamos por las tres víctimas de esta guerra y esperamos que no se sumen otras. Sobre todo, esperamos que pronto se pueda volver a la vía del diálogo y la diplomacia, por “el bien de los pueblos que anhelan la coexistencia pacífica”, como recomendó el Papa León al finalizar el Ángelus del domingo.
¿Qué queda de la “Casa Abrahámica” en este conflicto que enfrenta a la República Islámica chií, con el Estado judío y que también ha afectado a las monarquías y emiratos suníes del Golfo?
No creo que el cierre de la Casa de la Familia Abrahámica sea una metáfora de esta escalada. Es un cierre temporal, necesario en este momento dada la situación y la imprevisibilidad de los acontecimientos. Pero la sola existencia de este complejo es un desafío positivo y un recordatorio del valor del diálogo entre personas de diferentes confesiones, que no debemos cansarnos de alimentar. Se debe luchar contra todas las formas de instrumentalizar las religiones. La Casa de la Familia Abrahámica está indeleblemente vinculada a la visita del Papa Francisco a los Emiratos Árabes en 2019 y la firma del documento de la Fraternidad Humana que se llevó a cabo en esa oportunidad, junto con el Gran Imán de Al-Azhar. Aunque no se puede utilizar en este momento, sigue siendo un signo de diálogo y de convivencia pacífica. Esperamos que pueda reabrirse pronto.
¿Están en contacto con las otras Iglesias de la región? ¿Qué mensaje quiere transmitir frente al aumento de las muertes, la violencia y el sufrimiento?
Me puse inmediatamente en contacto con el Vicario Apostólico de Arabia del Norte, monseñor Aldo Berardi. Además, los dos Vicariatos forman parte de la CELRA, la Conferencia Episcopal de los Obispos Latinos de las Regiones Árabes. En estos días también he recibido mensajes de apoyo de nuestro presidente, el Patriarca de Jerusalén de los Latinos, cardenal Pierbattista Pizzaballa, y de los otros miembros. Es muy importante para mí no sentirme solo, sino estar dentro de una corresponsabilidad con los demás obispos presentes en esta región geográfica. Inmediatamente después de que comenzaron los ataques escribí una carta a todos nuestros fieles, invitándolos a estar serenos en el Señor y a seguir las indicaciones de las autoridades civiles. Sobre todo, les pedí que permanezcan unidos en la oración y que sean solidarios entre ellos, especialmente con los más necesitados. Los he alentado sobre todo a rezar el rosario juntos. La oración renueva en nosotros la esperanza y la confianza en Dios y en la Providencia, y nos prepara para enfrentar las dificultades con un espíritu positivo, abierto a la caridad y a compartir.
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