Vicario de Israel: el Santo Sepulcro cerrado, 'espejo' de la guerra
Monseñor Nahra describe a AsiaNews el cierre de los lugares santos como “una especie de muerte que las personas están viviendo”. Desde el Covid hasta el conflicto con Irán, en Gaza se vive una situación de “pandemia” continua. El impacto en los niños y los graves problemas dentro de la sociedad israelí, con violencia y asesinatos entre los árabes. "La gente pide venir a rezar en las parroquias, incluso muchos jóvenes. Hay daños generalizados aunque no se hable mucho de ello". La carta abierta por la paz fue firmada conjuntamente por 80 organizaciones judías y árabes.
Milán (AsiaNews) - El cierre del Santo Sepulcro (y de todos los lugares sagrados) en Jerusalén tiene “un fuerte valor simbólico” y “dice mucho sobre la realidad actual” en la que “la gente no se puede desplazar con facilidad” debido a la “guerra, las continuas alarmas, el sonido de las sirenas y las carreras hacia los refugios”, cuenta a AsiaNews monseñor Rafic Nahra, obispo auxiliar del patriarcado latino de Jerusalén (LPJ) y vicario patriarcal para Israel desde 2021, describiendo la situación más de dos semanas después del comienzo del nuevo conflicto con Irán, tras la “guerra de los 12 días” de junio del año pasado. El Santo Sepulcro “es el espejo de esta situación, es una forma de muerte que está viviendo la gente”, prosigue el prelado, y nadie sabe tampoco qué sucederá “en Semana Santa y Pascua, y antes incluso, en la Pascua judía. Veremos cómo comportarnos”.
La pandemia de la guerra
La vida cotidiana hoy en Israel parece calcar lo que ocurrió durante el Covid-19, porque la gente se ve obligada a pasar una gran parte del tiempo en su casa o en los refugios, y se han alterado completamente las clases en los colegios. “Nuestra gente —cuenta Mons. Nahra— está teniendo dificultades para sobrellevar esta sucesión de acontecimientos: desde 2020, con la llegada del coronavirus, todo se ha paralizado. Los dos primeros años por la pandemia, luego tuvimos casi un año de normalidad antes de la guerra en Gaza. Ahora que parecía haber terminado la fase más aguda [del conflicto], esta otra guerra con Irán ha tenido un impacto muy fuerte”. El vicario habla de “los niños, que desde 2020, salvo raras excepciones, estudian por Zoom, y pasan la mayor parte del tiempo aprendiendo ante las pantallas, lo que [a largo plazo] no es un método muy eficaz, especialmente para los más pequeños”, aunque esto "vale también para los adultos”. “Falta el contacto con los compañeros, con los amigos, con los maestros”, sigue diciendo el prelado, y “a nivel humano es un momento muy difícil”.
Es por eso que, sobre todo en este tiempo de Cuaresma, “la gente reza mucho. Ya lo habíamos notado en todas las parroquias desde el comienzo de la guerra en Gaza, y no solo en algunas porque haya un sacerdote ferviente que motiva a los fieles. Es la gente —afirma— la que quiere venir con más frecuencia, rezar con más fuerza. Todas las parroquias, sin grandes diferencias, están llenas, incluso de jóvenes. Yo mismo, que vivo cerca de la Basílica de Nazaret, veo con qué frecuencia llegan muchos jóvenes buscando ayuda y apoyo en la oración, en Dios, y un refugio en la Iglesia”. El patriarcado latino acoge este flujo de personas “sabiendo que ahora, con la guerra, no es fácil reunirse —explica Mons. Nahra—, porque existen límites en el número de personas. “Estamos siendo prudentes —advierte—, pero al mismo tiempo no es que les digamos que se queden en casa, porque así como los supermercados están llenos de gente que busca alimentos materiales, es igualmente importante que las iglesias estén abiertas para brindar alimento y consuelo espiritual. La relación con Dios también es vital, al igual que la comida, por eso recibimos a la gente, aunque respetando las reglas”.
El drama humanitario
El Dicasterio para las Iglesias Orientales lanzó ayer un llamamiento para la Colecta de los Cristianos en Tierra Santa, una iniciativa esencial para sostener la vida de una comunidad que sufre especialmente las consecuencias de la guerra, porque su economía se basa en las peregrinaciones y el turismo religioso. “Empezando por Gaza donde, aunque ya no se habla mucho de ello, la situación no ha cambiado y sigue siendo dramática. Israel está impidiendo que ingresen bienes de primera necesidad porque Hamás estaría imponiendo una tasa”. “Intentamos ayudar a todos en la medida de lo posible para que tengan comida y medicamentos”, explica el prelado, pero la realidad en la Franja “es desastrosa". También en Cisjordania —sigue diciendo— hay gravísimos problemas, porque no pueden venir a trabajar a Israel mientras el costo de la vida sigue creciendo de manera demencial, porque de una forma u otra hay que pagar los costos de la guerra”. Además, en algunas zonas más expuestas a los ataques de misiles iraníes o de los libaneses de Hezbolá, como Tel Aviv o el norte del país —advierte—, no se puede trabajar con tranquilidad y las dificultades son mayores”.
En este contexto de guerra se inscriben también los ataques de los colonos judíos en los Territorios Ocupados, respaldados y alentados por el gobierno de extrema derecha que encabeza el primer ministro Benjamin Netanyahu, que cuenta con ministros favorables a los asentamientos. Una de las zonas más afectadas es Taybeh, la única aldea enteramente cristiana de Cisjordania, donde hoy se reportó “un nuevo ataque de colonos en la zona occidental”, según denuncia el párroco, el P. Bashar Fawadleh. “Han tomado como objetivo propiedades públicas, como una fábrica de cemento y una cantera. También izaron banderas israelíes sobre los tanques de la fábrica, como una forma de provocación que ha desatado la furia de los pobladores”.
En medio del conflicto y la violencia de los colonos también se alzan débiles voces que piden paz, como lo demuestra la carta abierta que publicaron ayer 80 organizaciones judías y árabes israelíes que piden a Netanyahu y al presidente estadounidense Donald Trump que "pongan fin a la guerra con Irán”. Las organizaciones que firman la carta forman parte de la coalición “It 's Time”, una amplia alianza por la paz y la reconciliación en Israel. La coalición ha organizado para el 30 de abril una cumbre de paz popular en Tel Aviv, el mayor evento contra la guerra planificado en Israel en 2026. “En este escenario, es importante que activistas y sociedad civil alcen voces de paz —afirma Mons. Nahra— y en respuesta al gran estruendo de la guerra que resuena por todas partes. Por supuesto, la política no toma decisiones escuchando estos llamamientos —reflexiona el vicario—, pero aun así hay que hacer oír el clamor de los que dicen ‘basta’ a la guerra, porque de lo contrario parece prevalecer la impresión de que todos están de acuerdo con la escalada militar”.
Sanar las heridas
“Pocas personas hablan de paz —observa Mons. Nahra— y señalan que la guerra es algo negativo, porque la posición común en el mundo judío, o al menos entre los judíos israelíes, es considerar a Irán una amenaza existencial”. No todos están de acuerdo “con las modalidades con las que se lleva adelante esta guerra”, pero la opinión generalizada es “considerarla un deber, la necesidad de defenderse antes de que ellos ataquen. Esta es la opinión común entre los judíos israelíes”. Mientras tanto, el país "vive momentos difíciles, el aeropuerto está prácticamente cerrado, pocos pueden salir, hay daños generalizados aunque no se hable mucho de ello, hay muertos y heridos. Es evidente —confirma el vicario patriarcal para Israel— que la situación es crítica y que la guerra es un desastre para todos”.
También está el problema de la violencia interna en la sociedad árabe israelí, una minoría de aproximadamente el 20% frente a una mayoría judía del 80%, donde se asiste a un creciente número de asesinatos. “Una cifra terrible —confirma el prelado—, aunque ahora se hable menos precisamente por la guerra con Irán; pero hace una semana ya había llegado a 59 personas asesinadas desde principios de año”. “Dentro de la sociedad árabe hay un problema y hay que trabajar en la educación, en la cultura”, observa, aunque “la policía también debe cumplir con su deber. No es suficiente decir que los árabes son violentos, hay que abordar esta violencia y proteger a los inocentes, que son la gran mayoría”. Además, añade, “a nivel más general hay algo que falla en el país en su conjunto, y hasta el momento el gobierno actual de extrema derecha no está contribuyendo a apaciguar la violencia ni a sanar las heridas”.
Ante la cercanía de la Semana Santa y la Pascua, concluye el prelado, es aún más fuerte la necesidad de celebrar, de escuchar a Jesús cuando dice que “ha venido para ser la luz en las tinieblas. Hay que encontrar la luz en la relación con Cristo, en los sacramentos, en la ayuda recíproca, en volver a proponer el mensaje de la Pascua con mayor urgencia que en años anteriores. Y ayudar a las personas a conservar la fe y la esperanza”.
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