08/07/2023, 18.20
MUNDO RUSO
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¿Adónde ha ido a parar Rusia?

de Stefano Caprio

Toda la increíble historia de los últimos días, la marcha y la fuga de Prigozhin, el regreso a casa y la vergüenza de los generales y oficiales, es realmente una réplica de tantas páginas de la literatura rusa. Comenzando por la Rusia de dimensiones grotescas que se describe en los personajes de la novela más rusa de la historia, Almas Muertas, del ucraniano de nacimiento Nikolai Gogol.

 

Han pasado dos semanas desde la "marcha de la justicia" del Grupo Wagner de Yevgeny Prigozhin, que recorrió casi 800 kilómetros desde Rostov hasta Tula, cerca de Moscú, con 25.000 mercenarios armados dispuestos a incendiar el Kremlin, y después hizo un bonito giro en U y desapareció en el aire. Desde entonces, en Rusia y en todo el mundo la gente se plantea angustiosos interrogantes que manifiestan un total desconcierto geo-psíquico, político y moral: ¿a dónde fue a parar Prigozhin? ¿Y dónde están los 25 mil hombres? ¿Y los generales que comandan los grandes ejércitos, desde Gerasimov hasta Surovikin? Y antes de eso: ¿dónde estaba Putin mientras se desarrollaba la marcha sobre Moscú? ¿Estaba en su búnker, en una villa de San Petersburgo, en el castillo junto al mar o en el yate de un amigo oligarca? Estas son sólo algunas de las preguntas existenciales e hipótesis metafísicas sobre las que políticos, expertos y diversos comentaristas se devanan los sesos. Y hasta el momento se han escuchado pocas respuestas creíbles, sobre todo a la pregunta de fondo: ¿a dónde ha ido a parar Rusia?

No es sólo una pregunta retórica, dado el desconcierto que las "turbulencias wagnerianas" han provocado en el alma de los rusos y de todas las personas, extenuados por más de 500 días de guerra sin sentido. Es una pregunta clásica del alma rusa, de su historia y de su cultura. Lo que ha ocurrido en los últimos años está devolviendo cada vez más a Rusia a las dimensiones grotescas que se describen en los personajes de la novela más rusa de la historia, Almas Muertas, del ucraniano de nacimiento Nikolai Gogol, a mediados del siglo XIX. Allí se cuenta la historia del estafador Pavel Chichikov, que ya entonces intentaba formar su "grupo Wagner" con 25 mil almas en realidad inexistentes, a las que debía enrolar comprándolas a los terratenientes, los oligarcas de aquella época. La descripción caricaturizada de estos terratenientes es realmente una profecía de la clase dirigente, no solo rusa sino de todos los países que viven de mentiras y falsas apariencias.

La impresionante correspondencia radica en la descripción de la famosa troika, el carruaje de tres caballos que transporta a Chichikov de un lugar a otro de Rusia. La troika es una pequeña Trinidad (Troitsa), doblemente reflejada en el protagonista acompañado por los dos siervos, y en los tres caballos, que dan vueltas por todo el país, evocando la imagen sagrada que todavía está presidiendo, durante diez días más, la catedral del Salvador de Moscú, para gloria del patriarca y del zar. En el pasaje de la fuga final, cuando el engaño de Chichikov ya ha sido descubierto, Gogol describe la naturaleza rusa, la tierra y el paisaje, esas coordenadas geográficas y espirituales siempre indefinidas, que abren nuevos horizontes y suscitan continuas ambiciones, describiendo así el alma rusa:

 

¿A qué ruso no le encanta la velocidad? ¿Cómo no le va a gustar a su alma, esa alma que anhela el vértigo, el frenesí del gozo, y que a veces exclama "¡Que se vaya todo al diablo!"? Entonces, ¿cómo podría no amarla, cuando ella proporciona un sentimiento de exaltación y maravilla? Es como si una fuerza desconocida te arrastrara y te colocara sobre sus alas, como si uno mismo volara y todo volara alrededor: vuelan los postes, vuelan a tu encuentro los mercaderes sentados en el pescante de sus carretas cubiertas, pasan volando los bosques a ambos lados del camino, con sus oscuras hileras de pinos y abetos, con el estruendo del hacha y el graznido de los cuervos; vuela todo el camino, perdiéndose en la distancia nadie sabe hacia dónde, y hay algo extraño y que produce miedo en ese veloz desfile que apenas te da tiempo para ver las cosas antes de que desaparezcan; sólo el cielo sobre la cabeza y las nubes ligeras por donde  asoma la luna parecen inmóviles. ¡Oh, troika, eres como un pájaro! ¿Quién te inventó? Sólo podías nacer en un pueblo audaz, en una tierra a la que no le gustan las bromas, que se ha extendido como una inmensa llanura por medio mundo (...) El cochero no calza grandes botas alemanas; tiene barba y gruesos guantes y está sentado el diablo sabe sobre qué; pero se levanta apenas, hace restallar el látigo, entona una canción y los caballos salen corriendo enloquecidos, los rayos de las ruedas se funden formando un único círculo compacto, el camino tiembla, grita el caminante que se detiene atemorizado, y la troika alada vuela, ¡vuela! Y ya solo se puede ver, a lo lejos, algo que levanta polvo y perfora el aire…

¿No es verdad, oh Rusia, que tú también corres como una troika a la que nadie puede alcanzar? Nubes de polvo se levantan a tu paso, tiemblan los puentes, todo queda atrás y parece quedar inmóvil. El que te ve pasar se detiene, estupefacto por ese milagro divino: ¿es un rayo lanzado desde el cielo? ¿Qué significa esa carrera arrolladora? ¿Y qué fuerza desconocida para el mundo impulsa esos caballos? ¡Ah, caballos, caballos... qué caballos sois vosotros! ¿Acaso se oculta un torbellino en vuestras crines? ¿Un oído sensible arde en cada una de vuestras fibras? Habéis oído venir de lo alto el conocido canto, y todos juntos, en perfecta sintonía, habéis puesto en tensión vuestros pechos de bronce, y sin tocar apenas el suelo con vuestros cascos, voláis por el aire convertidos en una tensa línea, y ¡la troika parece lanzada al espacio por un hálito divino! RUSIA, ¿A DÓNDE TE DIRIGES CORRIENDO DE ESA MANERA? ¡CONTESTA! 

No responde. Se escucha el son prodigioso de las campanillas, el aire se estremece a su paso y se transforma en viento; vuela hacia atrás todo lo que hay sobre la tierra y, mirando atemorizados, todos los demás pueblos y naciones le abren camino.

 

Ninguna otra página describe con tanta intensidad el alma rusa, una troika desenfrenada que devora el mundo. Esta es solo una imagen literaria, pero ciertamente muy elevada: Rusia es la novedad que despierta el asombro o el terror del mundo, según el camino que tome, de Oriente a Occidente. El mismo Gogol, por otra parte, encarna esta contradicción en su propia persona: quería escribir la historia de Malorossija-Ucrania, le dedicó un ciclo de relatos y novelas como el conocido "Taras Bul'ba", y después terminó exaltándose ante la idea de la "misión salvífica universal" de Rusia. Almas Muertas pretendía ser una Divina Comedia rusa, narrada en tres partes: condenación, redención y santificación. Cuando terminó de escribir la primera parte "infernal", su mentor Aleksandr Pushkin le dijo que había descrito a Rusia como realmente era, convirtiendo al joven escritor en árbitro de las grandes disputas entre "eslavófilos" y "occidentalistas" que hoy se renuevan en los enfrentamientos entre rusos y ucranianos. Pero Gogol se desesperó, porque la Rusia que tenía en mente debía ser mucho más elevada, y buscó consuelo en la religión y la liturgia ortodoxa, que él describió mejor que muchos teólogos y patriarcas.

Volviendo a la actualidad, la caricatura gogoliana de Prigozhin ha sido "redimida" de su engaño gracias a la magnanimidad del zar, e incluso se le devolvió el dinero y las armas que le habían sido confiscadas. Aparentemente ha regresado con toda tranquilidad a la residencia principesca de San Petersburgo, su ciudad natal, pero quizás esté huyendo de nuevo por Rusia y por el mundo en su troika-avión privado. Y todo el país vuelve a hundirse en la incertidumbre sobre su propio destino, sobre la guerra y sobre la economía, mientras el dólar rompe una vez más la barrera de los 100 rublos, como no ocurría desde antes de la llegada de Putin. Este es, de hecho, el resultado de la tan cacareada "operación especial" que supuestamente volvería a colocar a Rusia en el centro del mundo: el regreso a la nada del pasado, a la dispersión y al desmoronamiento de todos los sueños imperiales. Rusia se ha perdido, disuelta en las aguas de la represa del Donbass.

Toda la increíble historia de los últimos días, la marcha y huida de Prigozhin, el regreso a casa y la vergüenza de los generales y oficiales, es realmente una réplica de tantas páginas de la literatura rusa, desde Gogol hasta Dostoievski y tantos otros. Uno de los protagonistas de esta tragicomedia, el ministro de Defensa Sergej Shoigu, lo había intuido años atrás cuando en 2016 se negó a premiar en Siria a Prigozhin y a su amigo Sergej Surovikin, el general "carnicero de Alepo", porque, dijo, "los gopniki no pueden entrar en la historia”. "Gopnik es un término soviético para referirse a "las personas que son la vergüenza de la ciudad encarnada en esos sujetos que deambulan por las calles sembrando destrozos, robos y violencia, que a menudo han estado en la cárcel y que tienen un lenguaje vulgar y actitudes descaradas.

Prigozhin es el gopnik por antonomasia, y Surovikin, que también ha desaparecido en la niebla de los últimos días, se había convertido en su gran camarada en las correrías rusas contra el Isis. Después de haber perdido y recuperado varias veces la antigua ciudad de Palmira -la Bajmut de aquel tiempo- ambos se dedicaron a lo que de hecho ha pasado a ser la especialidad del Wagner: usar la guerra para ganar dinero. Prigozhin compraba sus "almas muertas" y Surovikin lo protegía, tan es así que fue inscripto como miembro honorario del Grupo con el número M-3744, potenciando la asociación del "cocinero" y el "carnicero". Shoigu le otorgó después el reconocimiento por la toma de Palmira a otros dos generales, Valery Gerasimov y Alexander Dvornikov, que actualmente también están desaparecidos.

Más adelante, gracias también a las exitosas y lucrativas campañas en África, Prigozhin recibió de todos modos un premio de Shoigu, quien le entregó una pistola Glock como muestra de respeto por su habilidad para "disparar con puntería", un eslogan que algunos quieren utilizar para lanzar la candidatura del líder "redimido" en las elecciones presidenciales del año que viene, como alternativa al cada vez más deteriorado gopnik del Kremlin. La Glock le ha sido devuelta junto con el resto de las armas, y realmente daría la impresión de que hubieran vuelto los primeros años postsoviéticos y la guerra entre bandas para repartirse la torta del imperio desmoronado, a la que Putin había puesto fin restaurando a su manera la Rusia de Stalin. Inmediatamente después de la muerte del dictador georgiano, en los cinco años que precedieron al XX Congreso del PCUS en 1957 y el repudio de Stalin por parte del ucraniano Khruschev, había surgido en la Unión Soviética una especie de movimiento hippy, los stiljagi -por el "estilo" americanizado-, que empezó a tocar una música nueva y difundió el jazz del otro lado de la Cortina de Hierro. Ahora se esperan los sonidos de la música del futuro, confiada una vez más a la improvisación.

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