13/09/2021, 16.23
VATICANO - ESLOVAQUIA
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​Papa en Eslovaquia: la sociedad y la Iglesia deben ofrecerse a compartir e integrar

“Mientras continúan las luchas por la supremacía en diversos frentes, que este país reafirme su mensaje de integración y paz, y Europa se distinga por una solidaridad que, superando sus fronteras, pueda volver a colocarla en el centro de la historia”. "Una Iglesia que forma en la libertad interior y responsable, que sabe ser creativa desde adentro de la historia y la cultura, es también una Iglesia que sabe dialogar con el mundo, con los que confiesan a Cristo sin ser 'uno de los nuestros', con los que viven el esfuerzo de una búsqueda religiosa, y también con los que no creen”.

 

Bratislava (AsiaNews) - Compartir. Este principio ha sido el centro de los discursos del Papa Francisco a las autoridades políticas y sociales de Eslovaquia así como a los obispos, sacerdotes y religiosos con los que se reunió en el segundo día de un viaje que parece estar sobrellevando físicamente sin problemas.

Compartir, que es también solidaridad, integración y apertura, en las palabras que dirigió a las autoridades civiles, y comunión, diálogo y libertad, en las destinadas al mundo católico.

Francisco comenzó su primer día en Bratislava con la visita protocolar a la jefa de Estado, Sra. Zuzana Čaputová, en el Palacio Presidencial (en la foto). Ceremonia oficial de bienvenida con el tradicional obsequio de pan y sal, entrevista privada, intercambio de regalos y presentación de la familia. Después, en el jardín (en la foto), el encuentro con las autoridades políticas y sociales y el cuerpo diplomático. “La historia - dijo Francisco - llama a Eslovaquia a ser un mensaje de paz en el corazón de Europa. Así lo sugiere la gran franja azul de su bandera, que simboliza la fraternidad con los pueblos eslavos. Fraternidad es lo que necesitamos para promover una integración cada vez más necesaria. Es urgente ahora, en un momento en el que, tras los durísimos meses de pandemia y junto con muchas dificultades, se espera una anhelada reactivación económica, favorecida por los planes de recuperación de la Unión Europea. Sin embargo, se puede correr el riesgo de dejarse llevar por la urgencia y la seducción del lucro, generando una euforia pasajera que, en vez de unir, divide. Además, la recuperación económica por sí sola no es suficiente en un mundo donde todos estamos conectados, donde todos habitamos una tierra del medio. “Mientras continúan las luchas por la supremacía en varios frentes, que este país reafirme su mensaje de integración y paz, y Europa se distinga por una solidaridad que, superando sus fronteras, pueda volver a colocarla en el centro de la historia”

Refiriéndose a la tradición de obsequiar pan y sal al invitado, el Papa señaló que "el pan, elegido por Dios para hacerse presente entre nosotros, es escencial. La Escritura nos invita no a acumularlo, sino a compartirlo. El pan del que habla el Evangelio siempre se parte. Es un mensaje muy fuerte para nuestra vida en común: nos dice que la verdadera riqueza no consiste tanto en multiplicar lo que tenemos sino en compartirlo equitativamente con los que nos rodean”.

En cuanto a la sal, “ante todo, da sabor a la comida, y nos hace pensar en ese sabor sin el cual la vida se vuelve insípida. De hecho, las estructuras organizadas y eficientes no son suficientes para hacer buena la convivencia humana, hace falta sabor, hace falta el sabor de la solidaridad”. Y “les deseo - agregó - que nunca permitan que los sabores fragantes de sus mejores tradiciones se vean empañados por la superficialidad del consumo y las ganancias materiales. Y tampoco por las colonizaciones ideológicas. En estas tierras, hasta hace algunas décadas, un pensamiento único impedía la libertad; hoy, otro pensamiento único la vacía de significado, identificando el progreso con las ganancias y los derechos con las necesidades individualistas. Hoy, como entonces, la sal de la fe no es una respuesta según el mundo, no consiste en el ardor de librar guerras culturales, sino en la siembra humilde y paciente del Reino de Dios, sobre todo con el testimonio de la caridad".

Compartir es "caminar juntos" y dialogar. Con otros cristianos, con creyentes de otras religiones, con ateos. Y también con Dios, dejando espacio a la creatividad de una "relación madura y libre". Después del Palacio Presidencial, Francisco se dirigió a la antigua catedral de San Martín (en la foto), bajo cuyas bóvedas góticas coronaron a 11 reyes de Hungría, y fue recibido por Mons. Stanislav Zvolenský, arzobispo de Bratislava.

"La Iglesia - dijo allí - no es una fortaleza, un fuerte, un castillo situado en lo alto que mira al mundo con distancia y suficiencia", "no se separa del mundo y no mira la vida con desapego, sino que la habita en su interior. Habitar dentro, no lo olvidemos: compartir, caminar juntos, acoger las preguntas y expectativas de las personas”. Que sea un signo de libertad y acogida”.

¿Y qué espera la gente de la Iglesia? Se preguntó el Papa. La primera respuesta es la libertad. “La llama en primera persona a ser responsable de sus propias decisiones, a discernir, a llevar adelante los procesos de la vida. Y eso es cansador y nos asusta”. "En la vida espiritual y eclesial existe la tentación de buscar una falsa paz que nos deja tranquilos, en vez del fuego del Evangelio que nos inquieta y nos transforma". “Una Iglesia que no deja espacio para la aventura de la libertad, ni siquiera en la vida espiritual, corre el riesgo de convertirse en un lugar rígido y cerrado. Quizás algunos estén acostumbrados a eso; pero muchos otros - sobre todo en las nuevas generaciones - no se sienten atraídos por una propuesta de fe que no les deja libertad interior, por una Iglesia en la que todos deben pensar de la misma manera y obedecer ciegamente”. Por el contario, “no tengan miedo de formar a las personas para que tengan una relación madura y libre con Dios. Quizás esto nos dé la impresión de no poder controlar todo, de perder fuerza y ​​autoridad; pero la Iglesia de Cristo no quiere dominar las conciencias y ocupar espacios, quiere ser 'fuente' de esperanza en la vida de las personas”.

Luego, "creatividad". “Ante la pérdida del sentido de Dios y la alegría de la fe, de nada sirve quejarse, atrincherarse en un catolicismo defensivo, juzgar y acusar al mundo; lo que hace falta es la creatividad del Evangelio. Recordemos lo que hicieron aquellos hombres que querían llevar a un paralítico ante Jesús y no podían pasar por la puerta principal. Abrieron un agujero en el techo y lo bajaron por allí (cf. Mc 2, 1-5). ¡Fueron creativos! ¡Qué hermoso es cuando sabemos encontrar vías, modos y lenguajes nuevos para anunciar el Evangelio! Si con nuestra predicación y con nuestra pastoral ya no podemos entrar por la via ordinaria, intentemos abrir espacios diferentes, experimentemos otros caminos”.

Y por último, diálogo. "Una Iglesia que forma en la libertad interior y responsable, que sabe ser creativa desde adentro de la historia y la cultura, es también una Iglesia que sabe dialogar con el mundo, con los que confiesan a Cristo sin ser 'uno de nosotros', con los que viven el esfuerzo de una búsqueda religiosa y también con los que no creen”. (FP)

 

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