24/07/2020, 11.22
CHINA-VATICANO
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El acuerdo sino-vaticano, dos años después. Igual represión para la Iglesia subterránea y oficial (III)

Continúa la investigación de AsiaNews sobre la situación de la Iglesia en China, a casi dos años del acuerdo entre China y la Santa Sede. Los testimonios que presentamos hoy denuncian la clausura de iglesias, la interrupción de las misas, la cancelación de los cursos de catecismo, la remoción de las cruces y la censura de las publicaciones, tanto en las comunidades subterráneas como oficiales. La represión del gobierno no solo afecta a los católicos, sino a todas las religiones.

Roma (AsiaNews) – Luego del Acuerdo sino-vaticano, firmado hace dos años, la situación de la Iglesia subterránea es “cada vez más crítica”: iglesias clausuradas, interrupción forzada de las misas en casas particulares, y cursos de catecismo cancelados. Cabe remarcar que en la Iglesia oficial, que es aquella reconocida por el gobierno, también rigen limitaciones y una vigilancia estricta: retiro de cruces, publicaciones censuradas, suspensión del catecismo. Es lo que surge de dos testimonios que presentamos hoy: uno, de un laico, Pablo, que vive en el sur de China; y el otro del Padre Juan, que vive en el norte del país. Los testimonios de hoy (tercera parte de una serie de sondeos: aquí se puede acceder a la segunda parte y aquí a la primera), tienen un carácter especial: muestran preocupación por ambas ramas de la Iglesia, y por tanto responden al mensaje de Papa Francisco instando a la reconciliación de las comunidades cristianas. El sacerdote también muestra que la represión no afecta tan solo a los cristianos, sino a todas las comunidades de todas las religiones en China. Al mismo tiempo, confirma que la libertad religiosa es un bien para toda la sociedad y que no es posible que esto se convierta en un tema “confesional”, preocupándose exclusivamente por el propio grupo. Los testimonios también muestran que la política de represión que implementa el gobierno chino presenta diferencias en algunas zonas. Pablo, por ejemplo, dice que en su diócesis no está prohibido que los jóvenes menores de 18 asistan a misa; el Padre Juan, por su parte, cuenta que en las ceremonias de toma de posesión de los obispos ya no se menciona la expresión “Iglesia independiente”. Sin embargo, también es cierto que en muchísimas diócesis, el reconocimiento del obispo y de los sacerdotes solo se efectúa con la adhesión a la “Iglesia independiente”.  (B.C.)

 

Luego de la firma del Acuerdo sino-vaticano, la situación de la Iglesia subterránea se ha vuelto cada vez más crítica. Los espacios de oración en las parroquias han sido clausurados y ya no se permite la celebración pública de la misa dominical. Los sacerdotes no pueden hacer más que celebrar la misa en privado, en la casa de algún que otro fiel, pero no pueden comunicar la celebración a un gran número de fieles para invitarlos a participar. Aún así, las misas privadas muchas veces son interrumpidas por funcionarios locales, y esto, sin mencionar los cursos de catequesis.

En cuanto a la Iglesia oficial, en la que yo participo, la situación no parece ser muy diferente. Los obispos y sacerdotes raramente discuten en público sobre las relaciones sino-vaticanas, porque consideran que esto no tiene mucho que ver con los fieles. Su opinión respecto al Acuerdo es bastante positiva, aún cuando, para su adentros, bien saben que de una forma u otra, el gobierno está azotando la libertad religiosa, pero no pueden decirlo explícitamente. En el caso nuestro, los menores de 18 años pueden entrar a la iglesia, y no es obligatorio exhibir los carteles que indican “el amor por el País y por el Partido”. 

Pablo,  Sur de China

 

El Acuerdo tiene sus cosas positivas, pero sin duda no puede resolver todos los problemas que estamos afrontando. La certificación del personal religioso reconocido por las autoridades administrativas, en lo que respecta a los sacerdotes, es similar a la credencial del “Celebret”. Esta es examinada por la Oficina de Asuntos Religiosos, y en un nivel superior, con los sellos del Comité de asuntos étnicos y religiosos de la provincia y de la diócesis. Esto no tiene nada que ver con la Asociación Patriótica. 

Sin embargo, objetivamente, rigen restricciones en las política religiosas.

Las restricciones no solo afectan a la Iglesia Católica, sino a todas las religiones. Por ejemplo, hay 40 mezquitas en nuestra diócesis en las cuales se removió la medialuna y la cúpula. En un condado, todas las cruces de las iglesias protestantes han sido retiradas; en cambio, solo han removido una cruz de una iglesia católica, recientemente construida. Según las autoridades administrativas, no se trata de una eliminación de las cruces, sino de un cambio de ubicación, para colocarlas en el frente de la Iglesia. 

Hay muchos sitios donde la Iglesia subterránea ha sido oficializada: para ello, basta con tramitar el registro ante las autoridades administrativas, admitiendo que se es una personalidad religiosa.  

Restringir [la libertad religiosa] es una tendencia general: los cursos de catequesis de nuestra diócesis también fueron suspendidos. Todos los libros deben llevar un número de serie, de lo contrario no pueden ser publicados y no se permite su venta en las santerías, las tiendas de las parroquias donde se venden imágenes y objetos religiosos.

La llamada “transformación de la Iglesia subterránea” siempre ha sido la política de las autoridades administrativas, y eso no tiene nada que ver con la firma del Acuerdo. En general, todos sienten esta presión, no es algo que afecte solamente a la Iglesia subterránea.

A mi modo de ver, las ventajas del Acuerdo son las siguientes: ante todo, con la firma del Acuerdo, se ha reconocido el ministerio de algunos obispos no-oficiales. A casi dos años del Acuerdo, ninguna de las dos partes quiere que haya obispos ilegales, y por eso ambas partes está afrontando activamente este problema. El segundo aspecto positivo es que en la consagración del obispo y en la declaración de toma de posesión se ha elimnado la terminología de la “Iglesia china independiente”.

Padre Juan, norte de China

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