30/11/2018, 15.21
VATICANO - ORTODOXOS
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Papa a Bartolomé: la unidad de los cristianos, signo de esperanza en un mundo herido por los conflictos

Francisco le escribió al Patriarca ecuménico en el día de la fiesta de San Andrés. “Nuestras Iglesias han salvaguardado la tradición apostólica con sumo cuidado, junto a la enseñanza de los primeros Concilios ecuménicos y de los Padres de la Iglesia, a pesar de las diferencias que se han ido desarrollando en las tradiciones locales y en las formulaciones teológicas, las cuales deben ser entendidas y aclaradas en mayor profundidad.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “En un mundo herido por el conflicto, la unidad de los cristianos es un signo de esperanza que debe irradiarse de un modo cada vez más visible”. Un objetivo que la Iglesia de Roma y el Patriarcado ecuménico están persiguiendo y que ya se constata en la existencia de un “lazo profundo” que ha superado siglos de “malentendidos recíprocos, diferencias y silencio”. Es lo que escribe el Papa Francisco en una carta dirigida al patriarca ecuménico Bartolomé, con ocasión de la fiesta que se celebra hoy, San Andrés, patrono del Patriarcado.

La carta fue entregada por el cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, que viajó a Estambul en el marco del ya tradicional intercambio de Delegaciones por las respectivas fiestas de sus santos Patronos -el 29 de junio, en Roma, para la celebración de los Santos Pedro y Pablo, y el 30 de noviembre, en Estambul, para la celebración de San Andrés.

El card. Koch -acompañado por el obispo Brian Farrell, secretario del Dicasterio, y por Mons. Andrea Palmieri, subsecretario- participó en la solmene Divina liturgia presidida por Bartolomé en la iglesia patriarcal de San Jorge en El Fanar, y mantuvo un encuentro con el Patriarca, además de conversaciones con la Comisión sinodal encargada de las relaciones con la Iglesia católica.

En su carta, Francisco resalta que “el intercambio de delegaciones entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla, con ocasión de las respectivas festividades, con el correr de los años se ha convertido en una alegre costumbre y expresa el lazo profundo que une a nuestras dos partes. Mientras siglos de recíprocos malentendidos, diferencias y silencio pueden hacer parecer que esta relación se ha visto comprometida, el Espíritu Santo, Espíritu de unidad, nos ha permitido recomenzar un diálogo fraterno. Éste fue retomado de manera definitiva por nuestros venerados predecesores, el Patriarca Atenágoras y el Papa Pablo VI, y nos ha permitido redescubrir esos lazos de comunión que siempre han existido entre nosotros”.

“Nuestras Iglesias -prosigue el documento- han salvaguardado la tradición apostólica con sumo cuidado, junto a la enseñanza de los primeros Concilios ecuménicos y de los Padres de la Iglesia, a pesar de las diferencias que se han ido desarrollando en las tradiciones locales y en las formulaciones teológicas, las cuales deben ser entendidas y aclaradas en mayor profundidad. Al mismo tiempo, ambas Iglesias, con un sentido de responsabilidad en relación al mundo, han percibido esa llamada urgente, que nos involucra a cada uno de nosotros que hemos sido bautizados, a proclamar el Evangelio a todos los hombres y mujeres. Por este motivo, hoy podemos trabajar juntos en la búsqueda de la paz entre los pueblos, en pos de la abolición de todas las formas de esclavitud, por el respeto y la dignidad de cada ser humano y por el cuidado de la creación. Con la ayuda de Dios, a través del encuentro y el diálogo en nuestro camino juntos, en los últimos cincuenta años, experimentamos estar en comunión, por más que ésta aún no sea perfecta y acabada”.  

“La búsqueda del restablecimiento de la comunión plena es, sobre todo, una respuesta a la voluntad de Nuestro Señor Jesucristo, que, en la vigilia de su Pasión rogó para que todos sus discípulos ‘sean uno’ (Juan 17, 21). Unidos, demos una respuesta más eficaz a las necesidades de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo, especialmente a aquellos que sufren la pobreza, el hambre, la enfermedad y la guerra”.

“En un mundo herido por el conflicto, la unidad de los cristianos es un signo de esperanza que debe irradiarse de un modo cada vez más visible. Con esto en mente, también aseguro a Su santidad mi oración, para que Dios, fuente de reconciliación y de paz, pueda concedernos a los cristianos ‘ser una sola mente, comprensivos, llenos de amor unos con otros’ (1Pd 3: 8). Hemos sido llamados por Dios para esto, para que ‘podamos heredar una bendición’ (1Pd 3: 9)”.

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