04/03/2018, 14.36
VATICANO
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Papa: Es muy feo cuando la Iglesia hace de la casa de Dios un mercado

El gesto de Jesús que echa a los mercaderes del Templo, pone en guardia de la tentación de aprovechar de las actividades buenas para intereses privados, sino ilícitos y nos ayuda a “rechazar el peligro de hacer de nuestra alma, que es la demora de Dios, un lugar de mercado viviendo en la continua búsqueda de nuestro beneficio en vez que en el amor generoso y solidarios”

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “E muy feo cuando la Iglesia cae en esta actitud, de hecer de la casa de Dios un mercado”,  cuando cae en la común tentación de aprovechar de las actividades buenas y hasta obligatorias, para intereses privados, sino ilícitos. Es “un peligro” del cual el Papa Francisco ha puesto en guardia hoy, partiendo del episodio evangélico de Jesús que expulsa a los vendedores del templo. Un gesto “nos ayudan a rechazar el peligro de hacer de nuestra alma, que es la morada de Dios, un lugar de mercado, viviendo en la continua búsqueda de nuestro beneficio en lugar de en el amor generoso y solidario”.

A las personas presentes en la plaza de s. Pedro para recitar el Ángelus, de hecho, Francisco habló del Evangelio de hoy que muestra a Jesús que “echa a los vendedores del templo de Jerusalén (Cfr,  Jn 2,13-25).

Este gesto de Jesús en el templo fue sin duda alguna, una acción decidida, realizada en la proximidad de la Pascua que causó una gran impresión en la muchedumbre; generando también la hostilidad de las autoridades religiosas y de cuantos sintieron amenazados sus intereses económicos, pero que no debe ser interpretada como un acto violento, sino como un acción característica de los profetas que denunciaban en nombre de Dios, abusos y excesos. Este gesto  fue entendido como una acción típica de los profetas, los cuales, denunciaban, en nombre de Dios. La cuestión que se puso era aquella de la autoridad. De hecho los judíos le preguntaron a Jesús. “¿Cuál signo nos muestras para hacer estas cosas?” (v 16). ¿Cómo debemos interpretarla?” (v. 18), como que le pidieran la demostración que Él obraba realmente en nombre de Dios. Ciertamente no era una acción violenta –dijo Francisco–, porque no provocó la intervención de los responsables del orden público.

“Para interpretar el gesto de Jesús de purificar la casa de Dios, sus discípulos se sirvieron de un texto bíblico extraído del Salmo 69: “El celo por tu casa me devorará” (v 17). “Este salmo es una invocación de ayuda en una situación de extremo peligro a causa del odio de los enemigos: la situación que Jesús vivirá en su pasión. El celo por el Padre y por su casa lo llevará hasta la cruz”.

“El ‘signo’ que Jesús dará como prueba de su autoridad será su muerte y resurrección”, recordó. De esta manera, “con la Pascua de Jesús inicio un nuevo culto, el culto del amor, y un nuevo templo que es Él mismo”.

Estamos llamados a tener siempre presente esas palabras de Jesús: ‘no convirtáis la casa de mi Padre en un mercado’”, porque “nos ayudan a rechazar el peligro de hacer de nuestra alma, que es la morada de Dios, un lugar de mercado, viviendo en la continua búsqueda de nuestro beneficio en lugar de en el amor generoso y solidario”.

Y para poder interpretar este comportamiento de Jesús de “purificar la casa de Dios”, sus discípulos se sirvieron de un texto bíblico tomado del salmo 69: “El celo por tu casa me devorará”. El Obispo de Roma explicó que este salmo es una invocación de ayuda en una situación de peligro extremo a causa del odio de los enemigos: la situación que Jesús vivirá en su pasión.

“El celo por el Padre y por su casa lo llevará hasta la cruz: el suyo es el celo del amor que conduce al sacrificio de sí mismo, no ese celo falso que presume de servir a Dios mediante la violencia”. De hecho, el "signo" que Jesús dará como prueba de su autoridad será precisamente su muerte y resurrección: “Destruyan este templo  – dice – y en tres días lo levantaré” (v 19)”.

Y el Evangelista anota: “Él hablaba del templo de su cuerpo (v 19)”. Con la Pascua de Jesús, por tanto, afirma Francisco, inicia un nuevo culto, el culto del amor, y un nuevo templo que es Él mismo”.

“La actitud de Jesús relatada en este pasaje evangélico nos insta a vivir nuestras vidas, no en la búsqueda de nuestras ventajas e intereses, sino para la gloria de Dios, que es el amor”, dijo Francisco, destacando que estamos llamados a tener en cuenta esas palabras fuertes de Jesús: “No hagas un mercado de la casa de mi Padre" (v. 16), ya que estas nos ayudan a rechazar el peligro de hacer de nuestra alma, que es la morada de Dios, un lugar de mercado, viviendo en la búsqueda continua del propio beneficio en lugar de en un amor generoso y solidario”.

“Esta enseñanza de Jesús es siempre actual “no solo para las comunidades eclesiales, sino también para los individuos, las comunidades civiles y para la sociedad”.

Es común, de hecho, la tentación de aprovechar de las actividades buenas, a veces obligatorias, para intereses privados, sino hasta ilícitos. Es un peligro grave, especialmente cuando instrumentalizan a Dios mismo y el culto a Él, o también el servicio al hombre, su imagen. Por eso Jesús una vez ha usado ‘las maneras fuertes’, para sacudirnos de este peligro mortal”.

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