20/07/2014, 00.00
VATICANO
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Papa: estoy con los cristianos perseguidos de Mosul y del Medio Oriente

"El Dios de la paz suscite en todos un auténtico deseo de diálogo y de reconciliación. La violencia no se vence con la violencia. ¡La violencia se vence con la Paz!". En el Ángelus Francisco comentó la parábola del buen grano y de la cizaña. Dios es "paciente", sabe que la "misma cizaña, al final puede convertirse en buen trigo". Pero, "en el tiempo de la siega, los segadores cumplirán la orden de patrón separando la cizaña para quemarla".

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)-El Papa Francisco invita a la oración que en el Ángelus recordó "las situaciones de tensión y de conflicto que persisten en diversas zonas del mundo, especialmente en Medio Oriente y en Ucrania. El Papa dijo, que supo "con preocupación las noticias que llegan de las Comunidades cristianas de Mosul (Irak) y en otras partes del Medio Oriente, donde ellas, desde el inicio del cristianismo, han vivido con sus conciudadanos dando una significativa contribución para el bien de la sociedad". "Hoy-dijo aún- son perseguidos nuestros hermanos y hermanas. Fueron echados, tuvieron que dejar sus casas, sin tener la posibilidad de llevarse nada. Aseguro a estas familias y a estas personas mi cercanía. Estoy con ustedes perseguidos, sé cuánto sufren, sé que fueron despojados de todo, estoy con ustedes en Aquel que venció al mal. A ustedes, aquí en la plaza y a aquellos que nos siguen los invito a continuar en la oración. El Dios de la paz suscite en todos un auténtico deseo de diálogo y de reconciliación. La violencia no se vence con la violencia. ¡La violencia se vence con la paz!

La referencia es a la situación de persecución que el patriarca de la Iglesia católica siria, Ignace Joseph III Younan, describió contando que "el arzobispado de Mosul fue quemado totalmente". "Manuscritos, biblioteca", mientras que a los pocos cristianos que quedaban se les impuso convertirse al islam, pagar la jizya, el pesado impuesto que tienen que pagar los infieles o ser asesinados.

Antes de recitar la plegaria mariana, el Papa comentó la parábola del buen grano y de la cizaña "término que en hebraico deriva de la misma raíz del nombre de Satanás y que se refiere al concepto de división. Nosotros sabemos que el demonio es uno "que planta cizaña" y quiere dividir a las personas, a los pueblos. Los servidores querían sacar en seguida la hierba mala, pero el patrón se los impide con esta motivación: "Para que no suceda que, cortando la cizaña podrían también sacar el trigo" (Mt. 13,29).

"La escena- prosiguió el Papa- se desarrolla en un campo donde el dueño siembra el trigo; pero una noche llega el enemigo y siembra la cizaña, en la obscuridad. La enseñanza de la parábola es doble. Ante todo dice que el mal está en el mundo y que no proviene de Dios, sino de su enemigo, el maligno. Este enemigo es astuto: sembró también el mal en medio del bien, así que es imposible a nosotros hombres, separarlos netamente; pero Dios, al final podrá hacerlo".

"Y aquí vamos al segundo tema: la contraposición entre la impaciencia de los siervos y la paciente espera del dueño del campo, que representa a Dios. Nosotros, a veces tenemos un gran rapidez en juzgar, clasificar, poner de una lado a los bueno y del otro lado a los malos... Pero recuerden la oración de aquel hombre soberbio, te agradezco Dios porque soy bueno...Dios en vez sabe esperar. Nuestro Dios es un Padre paciente, que nos espera para perdonarnos. Siempre nos perdona si vamos a lo de Él.. La actitud del dueño es el de la esperanza fundada en la certeza que el mal no es ni la primera ni la última palabra. Y es gracias a esta paciente esperanza de Dios que la misma cizaña, al final, puede convertirse en buen trigo. Pero atentos: la paciencia evangélica no es indiferencia al mal; ¡no se puede uno confundir entre el bien y el mal! Frente a la cizaña presente en el mundo el discípulo del Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios, alimentar la esperanza con el apoyo de una total confianza en la victoria final del bien, o sea de Dios. Al final, de hecho, el mal será quitado y eliminado: en el tiempo de la siega, o sea del juicio, los segadores cumplirán la orden del dueño separando la cizaña para quemarla (Cfr. Mt. 13,30).

"Aquel día de la siega final el juez será Jesús, Aquel que ha sembrado la buena semilla en el mundo y que se convirtió Él mismo en una "semilla de trigo", murió y resucitó. Al final seremos todos juzgados con el mismo metro con el cual hemos juzgado: la misericordia que hemos tenido y usado hacia los otros. Pidamos a la Virgen Nuestra Madre, que nos ayude a crecer en la paciencia, en la esperanza y en la misericordia"

 

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