14/11/2013, 00.00
SIRIA
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"Pequeñas flores" de solidaridad en el desierto de la guerra siria

Mons. Jeanbart, arzobispo melquita de Alepo y mons. Mario Zenari, nuncio vaticano en Damasco, describen la realidad de caridad en estos meses de conflicto. En Alepo, Iglesia y familias sostienen miles de personas sin casa y trabajo. Un programa de becas de estudios permite a los niños continuar en la escuela. En Damasco, hermanas, sacerdotes y laicos van por la ciudad llevando a domicilio víveres y bienes de primera necesidad.

Damasco (AsiaNews) - En el drama de la guerra siria crecen "pequeñas flores" en el desierto, hechos de caridad y solidaridad entre las poblaciones golpeadas por las bombas, combates y hambre. Es cuánto emerge de las declaraciones de dos prelados residentes en Siria. Mons. Jean-Clement Jeanbart, arzobispo griego-católico de Alepo y Mons. Mario Zenari, nuncio apostólico vaticano en Damasco. Ambos obispos describen a una Siria paralela a aquella del odio y de la destrucción transmitida por los media internacionales

Mons. Jeanbart explica que "a través del trabajo caritativo, la Iglesia católica trata de recuperar el sentido de amor y hermandad entre cristianos y musulmanes que la guerra ha destruido. Nosotros, sacerdotes tratamos de alentar a la población a resistir y a tener paciencia y esperanza para el futuro. Invitamos a la gente a pensar que mañana podrá ser un nuevo día, a tener fe antes que nada en Dios". El prelado declara que en estos meses nacieron en Alepo numerosas realidades para la ayuda a la población gestionada por la arquidiócesis y las parroquias locales. "Gracias a las donaciones- afirma- hemos creado un fondo para los jóvenes padres de familia, que a causa de la guerra han perdido el trabajo. Cada mes donamos  a estas personas el 50% del salario medio de un obrero. En este modo sustentamos a más de 400 núcleos familiares".

Por el momento las comunidades más necesitadas son aquellas cristianas, que a diferencia de las musulmanas, reciben poca ayuda del gobierno. "La Iglesia-precisa el prelado- busca sustentar a todos y recientemente han encontrado hospitalidad 35 familias musulmanas2. El obispo subraya que lamentablemente muchas personas emigran al extranjero con el riesgo de no volver más. Para mantener un clima de normalidad que frene el éxodo de los sirios, la arquidiócesis de Alepo creó un programa de becas de estudio para niños y adolescentes. "A causa del conflicto- dice el prelado- los más jóvenes no tienen posibilidad de estudiar y proseguir su formación. Una parte de los fondos que recibimos del extranjero son utilizados para pagar los gastos de cursos escolásticos abiertos a todos. Hasta ahora 300 estudiantes gozan de esta iniciativa, pero esperamos poder en el futuro aumentar el número".

A estos programas de estudio, se agrega la diaria distribución de víveres a las familias de evacuados y la asistencia sanitaria con la organización de centros médicos estables y visitas a domicilio. "Cada día- explica el obispo- más de 1300 familias llegan a los lugares de recolección por personal de la Iglesia en colaboración con otras realidades e individuales personas que desean ofrecer su contribución"

En estos meses Alepo fue una de las ciudades más golpeadas por el conflicto entre rebeldes islamistas y ejército de Bashar Al-Assad. En los alrededores dominan las milicias del Estado islámico de Irak y de la gran Siria (Isis), el más feroz movimiento jihídista activo en el País, cuyo objetivo es crear un califato islámico donde se aplique la Sharía. Entre agosto y septiembre la ciudad se quedó sin electricidad, teléfono y agua. Esto ha causado una catástrofe humanitaria cuyas dimensiones son aún desconocidas. En octubre el ejército tomó el control de la parte del área urbana, aún ahora muchos suburbios están contendidos entre militares y milicianos del Isis. Las represalias de una parte y de la otra están al orden del día y son soportadas por la inerme población. En los días pasados un tiro de mortero cayó sobre el palacio arzobispal y sólo por casualidad no hubo víctimas o heridos.

También damasco se convirtió en los últimos meses en teatro de feroces combates, que han expuesto a la ciudad a continuos lanzamientos de bombas de mortero. El pasado 11 de noviembre un mortero explotó en el autobús escuela de la comunidad armenio-ortodoxa. La bomba mató a 4 estudiantes y al chofer, hiriendo a otras decenas de personas. En las mismas horas otro artefacto se abatió sobre la escuela S. Juan Damasceno de la comunidad griego-ortodoxa hiriendo a 11 personas.

Mons. Mario Zenari subraya que los tiros de mortero, que tomaron de mira también a la nunciatura, no detienen la actividad de la Iglesia en alentar y dar esperanza a la gente. "En la capital- cuenta- hay muchos ejemplos de instituciones que ayudan a las familias puerta a puerta. Tales actividades comprometen a la casi totalidad de hermanas y religiosos residentes en Damasco, además participan en la obra también sacerdotes y laicos. Los más organizados pertenecen al movimiento de los Focolares. "Lamentablemente- afirma Mons. Zanari- estas historias se cubren por el fragor de las bombas, pero en la tragedia de la guerra continúan a florecer en modo casi milagroso de las "flores del desierto". Ellos van sostenidos. Sin la ayuda de todos, en particular de los cristianos occidentales, corren el riesgo de desaparecer". (S.C.) 

 

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