17/02/2016, 12.36
RUSIA-VATICANO
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Y sin embargo se mueve: con prudencia, algo nuevo en el encuentro entre Francisco y Kirill

de Ieromonaco Ioann

A pesar de tantas limitaciones, sobriedad y compromisos políticos, el abrazo no tiene precedentes. Aunque el Uniatismo se considera obsoleto, se defiende la existencia y la misión de los griego- católicos. Se siente la influencia de Putin, pero no se bendice ninguna "guerra santa". Se apunta a "trabajar juntos". La opinión de una de las personalidades del mundo ortodoxo moscovita.

Moscú (AsiaNews) – El encuentro se dio. Es cierto, al otro lado del globo. Es cierto, organizado de una forma casi furtiva, a tan sólo una semana del anuncio. Es cierto que fue a puerta cerrada y sin ningún acto religioso, con un protocolo intencionadamente laico. Sin embargo, el encuentro entre el Papa y el Patriarca de Moscú y de Toda Rusia, Kirill, se dio y es un hecho, un acontecimiento que permanece en la historia. Aunque los dos no hubiesen firmado ningún documento conjunto ni emitido ninguna declaración, la reunión en sí plantea un importante precedente histórico.

Los estrechos márgenes dentro de los cuales se llevó a cabo la reunión del 12 de febrero en Cuba, vistos por Occidente, pueden parecer oscuras diferencias de estilo bizantino; pero desde el punto de vista de la lógica del Patriarcado de Moscú, son inevitables limitaciones que tenían la intención de contener las reacciones negativas de los fieles conservadores.

Lo mismo puede decirse de la declaración conjunta firmada por los dos líderes espirituales, hermosa en muchos aspectos, aunque es evidente resultado de las negociaciones y compromisos diplomáticos de los cuales se vislumbran las huellas.

El Papa y el Patriarca dan gracias a Dios por su histórica reunión y por la Tradición común que une a las dos Iglesias, deplorando el hecho de que católicos y ortodoxos estén privados de comunión en la Eucaristía, y esperando que su reunión contribuya a un restablecimiento de la unidad por la que Cristo oró.

Los 30 puntos del documento conjunto se refieren a la persecución de los cristianos (sobre todo en Siria, Irak, Medio Oriente y el Norte de África), al terrorismo cubierto por motivaciones religiosas, a la secularización de Europa, a la reafirmación de los valores morales (con especial referencia a la institución de la familia). La declaración considera al Uniatismo como un método inadecuado para la búsqueda de la unidad entre las dos Iglesias, a la vez que reafirma el derecho a una vida de pleno derecho de las comunidades griego-católica ya existentes; deplora el conflicto vigente en Ucrania y el cisma entre los ortodoxos en el país; exhorta a católicos y ortodoxos a considerarse hermanos y no competidores, y a vivir en paz y amor, así como a colaborar fraternalmente en el anuncio de la Buena Nueva. El Papa y el Patriarca invocan la Madre de Dios, ya que fomenta la fraternidad de los fieles de ambas Iglesias para que "estén reunidos, el tiempo señalado por Dios, en paz y concordia en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Santísima e indivisible Trinidad".

Es evidente que algunos de estos puntos son temas resistidos fuertemente por el Patriarcado, que derivan del "repertorio clásico" de las quejas de Moscú contra Roma y formulados en este documento de una manera más o menos explícita (Uniatismo, proselitismo); otros, en cambio, vienen del repertorio del Kremlin y reflejan el deseo del gobierno ruso de obtener la aprobación de las dos Iglesias el status quo de su política internacional (la guerra en Ucrania, Siria y Medio Oriente). Sin embargo, en ambos casos, las expresiones son bien ponderadas y expresaron posiciones mucho más suaves de lo que podríamos haber esperado. Si bien es cierto que el Papa suscribe por primera vez un documento oficial que define al Uniatismo como un método del pasado (pero esta posición es aceptada por varios en la Iglesia Católica y Francisco mismo ya la había hecho suya en sus discursos no oficiales), no es menos cierto que el Patriarca suscribe que los greco-católicos tienen "el derecho a existir y llevar a cabo lo que sea necesario para satisfacer las necesidades espirituales de sus fieles", y esto es sin duda lo más sensacional.

A buen observador, las partes que observan la política internacional muestran una mayor prudencia que las Iglesias y casi una toma de distancia en relación a la política exterior de las autoridades del Estado ruso. En ninguna parte del documento se promueve la posibilidad de una intervención militar en defensa de la paz en Siria y Oriente Medio. En cuanto a Ucrania, no se habla de una guerra civil, ni de "lucha fratricida", sino de confrontación y conflicto, e insta a "todas las partes en conflicto" a abstenerse de la violencia y a construir la paz. En otras palabras: un texto que vale, tanto si se considera dicho conflicto como una guerra civil, como si se lo considera un ataque de otro país.

Más allá de este sutil equilibrio diplomático, lo más sorprendente de la Declaración Conjunta es el hecho de que se trata de un documento objetivamente mucho más espiritual que los diversos programas de "alianza estratégica" con los católicos, ya adelantados por parte de algún que otro representante del Patriarcado de Moscú.

Más que las sutilezas diplomáticas, de esta Declaración cobran valor y permanecerán en la historia, una constatación de la tradición común de las dos Iglesias, el sincero pesar de que católicos y ortodoxos "durante casi mil años han estado privados de la comunión en la Eucaristía", la espera de que las dos Iglesias retornen a la plena unidad, expresada al principio y al final del documento, así como una exhortación a los fieles a tener estima, respeto y amor por los demás y trabajar juntos, cosa que se repite a lo largo de todo el texto.

Otro dato significativo e inédito es el título pontificio mismo, sobre el que Francisco ha estampado su firma: "Obispo de Roma, Papa de la Iglesia Católica". Desde su primer discurso desde el balcón de las bendiciones de San Pedro, Francisco se ha presentado y se presenta principalmente como "obispo de Roma". Esta eclesiología tiene su enorme valor ecuménico, sobre todo en el diálogo con los ortodoxos. Una cosa, sin embargo, son los discursos orales, otra cosa bien distinta es el título puesto en la firma de un documento oficial. Esto es también, de forma deliberada, un hecho nuevo, que permanecerá en la historia. El Papa lo ha subrayado en su discurso después de la firma, colocándose de manera explícita en pie de igualdad con el Patriarca: "Hablamos como hermanos. Tenemos el mismo bautismo. Somos obispos".

El encuentro de Cuba permanecerá en la historia de la Iglesia como un primer, muy cauteloso y tímido esfuerzo de reconciliación entre las Iglesias de Roma y Moscú. Sin embargo, tanto el encuentro como la Declaración son de hecho inéditos, creando importantes precedentes.

La prudencia quería limitar las posibles reacciones adversas. Estas han ocurrido, en especial por parte de los ambientes ultraconservadores, nacionalistas, estalinistas y filo-gubernativos de la Iglesia rusa, pero también por parte de algún ambiente griego-católico. Sin embargo, hasta ahora han sido reacciones contenidas y no sorprendentes.

También por razones de prudencia, el protocolo, como se mencionó anteriormente, no preveía oración común alguna. Sin embargo, el texto de la Declaración Conjunta contiene explícitamente bellos versos de oraciones y los discursos improvisados ​​tanto del Papa, como del Patriarca, y concluyen con la invocación de la oración en el nombre de Dios. El Papa expresó el deseo de "que todo esto sea para la gloria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, por el bien del santo pueblo fiel de Dios, bajo el manto de la Santa Madre de Dios", haciéndose eco del auspicio con el cual el Patriarca Kirill había cerrado su discurso: "que a través de la participación de la Iglesia en la vida de la sociedad moderna pueda ser glorificado el santísimo y bendito nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Es de tenerse en cuenta que si, pronunciando estas palabras, el Patriarca no ha hecho la señal de la cruz, según lo dictado por la tradición de oración ortodoxa en cada invocación de la Trinidad, detrás de él, sin embargo, los obispos y los miembros de la delegación rusa sí lo han hecho.

En las palabras después de la firma de la Declaración, el Papa se refirió a "una serie de iniciativas importantes, y que podrán realizarse" conjuntamente por las dos Iglesias. El Patriarca dijo que "los resultados de esta entrevista me dan la oportunidad de decir que hoy las dos Iglesias pueden colaborar activamente", y que van a "trabajar juntas con plena responsabilidad". El Patriarca dijo luego a la prensa que no ve obstáculos para tener encuentros sucesivos con el Papa.

Está claro ahora que de estas actividades conjuntas y de estas posibles futuras reuniones, depende el desarrollo de los acontecimientos. Sin olvidar lo que el Papa dice a menudo, y que reiteró al término del encuentro en Cuba, haciendo eco de ello incluso el Patriarca: "Estamos de acuerdo en que la unidad se construye sobre la marcha". En el ambiente totalmente laico del aeropuerto de uno de los últimos países comunistas, la Declaración común del Papa Francisco y el Patriarca Kirill fue firmada entre la bandera de Cuba y un gran icono de la Virgen Hodegetria, o de "Aquella que indica el camino". El texto concluye con referencia al himno a la Virgen cantada por los ortodoxos en la conclusión de las Vísperas solemnes de Cuaresma: "Bajo el amparo de tu misericordia, nos refugiamos, Santa Madre de Dios".

Y entnces, esperamos, oramos y caminamos.

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