Cisjordania: la ofensiva de los colonos por la tierra ahora incluye el patrimonio arqueológico
En primera lectura, la Knesset ha aprobado una norma que otorga a Israel el control de las antigüedades en los territorios palestinos. Continúan los episodios de violencia en los Territorios. El profesor Sabella denuncia un “clima de inseguridad” que empuja a las familias “a marcharse”. El papel de las escuelas judías que inculcan una ideología anticristiana. Desde Gaza hasta Irán y el Líbano, es necesario “superar” el “trauma” causado por las guerras.
Milán (AsiaNews) - Récord de asentamientos, ataques (físicos) de trasfondo confesional que han afectado también a los cristianos y nuevas leyes en el Parlamento para reforzar el control sobre las tierras palestinas: lo que está sucediendo “es inaceptable. [Los israelíes] se imponen unilateralmente sobre las comunidades, expulsan a las personas de sus hogares, las aterrorizan por la noche”. Bernard Sabella, ex representante de Fatah y secretario ejecutivo del servicio para los refugiados palestinos del Consejo de Iglesias de Oriente Medio, condena sin rodeos la escalada de violencia de los colonos y extremistas israelíes, que está siendo “tolerada” por las autoridades. La tierra, subraya a AsiaNews el líder cristiano palestino, “también es nuestra”, pero hoy lo que se respira “desde Jerusalén hasta Belén, desde Beit Sahour hasta Beit Jala, es un clima de inseguridad alimentado por una espiral de ataques fuera de control”. Ayer, los palestinos de Cisjordania y Gaza conmemoraron el 78° aniversario de la Nakba, cuando cientos de miles de ellos se convirtieron en refugiados tras perder casas y tierras; pese al tiempo transcurrido, prevalece “una sensación de inquietud, de incertidumbre sobre lo que pueda suceder, de tener que hacer las maletas y marcharse”, como en efecto ya han hecho “algunas familias”.
“También hay que decir que no se puede culpar a todos los israelíes por lo que está sucediendo", explica Sabella, contactado telefónicamente en Jerusalén, sino más bien a un componente “más religioso y radical de la sociedad” movido por una ideología extremista. “Sobre todo los estudiantes de las Yeshivah judías —continúa el profesor— que son formados por rabinos que no reconocen el cristianismo, y por eso afirman que es lícito escupir a los fieles o destruir las cruces y profanar las estatuas de la Virgen María, como ha ocurrido en el sur del Líbano”. Esta violencia, explica, está arraigada en el ámbito religioso y afecta “al cristianismo más que al Islam, porque lo consideran una ‘parodia’ del judaísmo, especialmente por los elementos mesiánicos como la venida final del Salvador”. Lo fundamental es que haya “respeto” hacia las otras religiones, una “enseñanza básica” que se debe inculcar desde la infancia, con un enfoque opuesto al de las escuelas religiosas de impronta radical.
El gobierno israelí de extrema derecha, liderado por el primer ministro Benjamin Netanyahu e integrado por elementos declaradamente pro-ocupación, como el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich y el de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir, ha impreso una aceleración a la expansión de los asentamientos y puestos de avanzada. Es una política sistemática de expropiación de tierras palestinas y un constante aumento de ataques de los colonos judíos que se perpetra a la sombra de las guerras en Oriente Medio, desde Irán hasta el Líbano, y ante el silencio de la comunidad internacional, y que no ha perdonado ni siquiera a los cristianos (ver Taybeh). A esto se suman episodios de intolerancia y discriminación de trasfondo confesional protagonizados por colonos judíos, ultraortodoxos y militares que actúan al otro lado de la frontera. Esta escalada de incursiones está certificada por las cifras, que muestran un aumento del 63% en 2025 de actos hostiles. Los más frecuentes son los escupitajos (más del 50%), seguidos de insultos, gritos o amenazas (18%), ataques a símbolos religiosos (15%), violencia física (5%) y profanación de lugares sagrados (3%).
Después de las tierras, el liderazgo israelí parece haber puesto también en la mira el patrimonio arqueológico, como lo demuestra la controvertida ley que acaba de ser aprobada hace pocos días en primera lectura por la Knesset (Parlamento), y que para los críticos equivale a una “anexión de facto”. La ley, que según sus promotores tiene como objetivo "preservar el patrimonio único del territorio", establece la creación de una nueva autoridad civil responsable del patrimonio cultural en Cisjordania. Los legisladores votaron 23-14 a favor del proyecto, que asigna al Estado judío la responsabilidad directa y el control de las antigüedades, los sitios del patrimonio y la arqueología, con un control cada vez más amplio sobre las tierras palestinas.
“La guerra actual afecta a nuestra identidad, nuestra cultura, Dios, nuestra profunda pertenencia a esta tierra”, afirmó el diputado del Likud Amit Halevy, ponente de la norma, poco antes de la votación. “Esta ley —añadió— forma parte del triunfo sobre la barbarie”. Si se aprueba [serán necesarias otras dos lecturas en sesión plenaria, n. del r.], dará lugar a la creación de una Autoridad para el patrimonio de Judea y Samaria, utilizando el nombre bíblico de Cisjordania tal como lo usan los ministros pro-ocupación. De la nueva entidad dependerán responsabilidades que ahora competen al Ministerio de Defensa. La persona responsable del expediente es un funcionario de la Unidad Arqueológica de la Administración Civil, una rama del Coordinador de las Actividades Gubernamentales en los Territorios (COGAT) del Ministerio de Defensa, que se encarga de los asuntos civiles en el territorio.
Según el sitio web de la Unidad Arqueológica de la Administración Civil, en Cisjordania hay más de 2.600 sitios arqueológicos. Entre los bíblicos más importantes se encuentra Sebastia, la capital del reino de Israel; la Tumba de los Patriarcas en Hebrón; y Tel Shiloh, donde, según la Biblia, permaneció el Tabernáculo judío durante cerca de 400 años. En Cisjordania se encuentran varias fortalezas asmoneas, el palacio del rey judeo-romano Herodes del siglo I d.C. y las Cuevas de Qumrán, donde se descubrieron la mayoría de los Rollos del Mar Muerto. La zona también es rica en sitios históricos cristianos y musulmanes, como la Basílica de la Natividad en Belén.
“Lo que estamos presenciando —explica Sabella—, comenzando por las acciones de los colonos y los grupos religiosos más extremistas, es el resultado de la educación que se imparte desde hace más de 20 años a niños y jóvenes”, por eso hoy “necesitamos algo más que condenas, declaraciones y críticas”. En estos días, y superando meses de estancamiento, la Unión Europea ha aprobado un plan de sanciones contra colonos violentos, pero siguen en el limbo los aranceles sobre los productos de las colonias israelíes. Son medidas de fachada, que no cambian el fondo del asunto, y lo que hace falta es un trabajo a largo plazo. Se requiere “un sistema” diferente, esto es “fundamental” tanto en el ámbito religioso como educativo, “que ponga el acento en la necesidad de mirar al otro como persona creada a imagen de Dios”. Y recordar también, prosigue, que “la imagen de Dios no es un concepto cristiano, sino judío. La cuestión es cómo traducimos esta idea en un sistema educativo en el que estemos dispuestos, preparados y predispuestos a comprender al otro, a entender su sistema de creencias, incluso sin compartir necesariamente su fe”.
También existe otro un factor de tensión dentro de la sociedad palestina, especialmente entre quienes apoyan a la Autoridad Palestina (AP) y a su líder Mahmud Abás (Abu Mazen), el frente dialogante que “durante años ha intentado calmar los ánimos y colaborar con los israelíes comenzando por la seguridad”. No faltan las acusaciones que reprochan la falta de resultados, además de los problemas financieros y económicos. A estas dudas se suman las de quienes se preguntan si Israel está interesado en la paz, en la no violencia, en convivir codo a codo con seguridad, entablando relaciones basadas en la confianza. Porque la opinión, o el temor generalizado, es que el Estado judío —y no solo sus líderes— quiera “expulsar a miles de palestinos de sus casas y tierras, como ocurrió con los campos de refugiados de Yenín o Tulkarem”, advierte Sabella, o alentar el éxodo “hacia Jordania”. “Israelíes y palestinos están abrumados por el trauma causado por Gaza y, en menor medida, por la guerra contra Irán —concluye—, pero tendremos que ser capaces de superar estas dificultades. Aunque no será fácil”.
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