13/12/2021, 13.49
IRAK
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Da Anbar a Mosul, las minas antipersona del ISIS siguen matando

Según las estimaciones de la ONU, de enero a septiembre de este año, al menos cien niños murieron o resultaron heridos por la explosión de minas terrestres. En un año se encontraron más de 1.500 bombas sin explotar. La Iglesia caldea hace un llamamiento, para desminar el territorio. Mons. Mekko pide promover una campaña de sensibilización eficaz entre los niños.

Mosul (AsiaNews) -  El drama de las minas antipersona sigue siendo un tema de candente actualidad en el norte de Irak, como se desprende de las cifras oficiales de las Naciones Unidas. De enero a septiembre de este año, al menos 100 niños murieron o resultaron  gravemente heridos debido a la explosión de este tipo de minas terrestres. Al menos una de cada cuatro personas vive expuesta a este riesgo, en uno de los países con mayor "índice de contaminación", según los informes de varias ONG de la zona. Un fenómeno alimentado por los distintos conflictos que se han sucedido a lo largo del tiempo, desde la guerra con Irán en la década del ‘80, la invasión de Estados Unidos en 2003 y el ascenso y (posterior) derrota del Estado Islámico (EI, ex ISIS).

L’Orient-Le Jour (LOJ) recogió la historia de Awad Qado, originario del suburbio de Hassan-Jalad, una aldea de alrededor de cincuenta casas ubicada no muy lejos de Mosul, que durante mucho tiempo fue un bastión yihadista. En 2017, su familia quedó devastada tras la explosión de una mina que mató a dos de sus nietos mientras custodiaban el ganado; uno de sus hijos también resultó herido y a una cuarta persona tuvieron que amputarle las piernas. Esto, sin mencionar las cuantiosas pérdidas de ganado, sumando vacas y carneros. "Tememos mucho por nuestros niños”, dice, "les decimos qué caminos deben tomar y qué zonas deben evitar”. Además, insisten una y otra vez en que no deben recoger cables eléctricos o cualquier otro residuo que encuentren en el suelo.

En un año, un equipo de expertos de GCS, una empresa privada especializada en desminado, encontró más de 1.500 explosivos diseminados y listos para atacar. En esta zona, añade Awad Qado, "cada casa tiene una historia que contar. Muchos niños han muerto" por artefactos activados al ser pisados por animales que vagan por los campos y prados. De poco sirven las señales de advertencia esparcidas por todas partes: no alcanzaron para evitar muchos incidentes en las provincias de Mosul y Anbar, las más afectadas. Al abandonar sus bastiones, los milicianos del ISIS dejaron tras de sí un océano de minas: ocultas bajo la tierra o adheridas a neveras, puertas, ventanas, bajo los escombros, juguetes, electrodomésticos, según se desprende de un informe de la ONG Handicap International. Hoy es la población civil, especialmente los más jóvenes, quienes pagan el precio. Por ello, mientras se espera una verdadera operación de desminado, la única respuesta posible, y practicable es la sensibilización. 

Monseñor Paul Thabit Mekko trabajó durante muchos años como sacerdote en la llanura de Nínive y responsable de la comunidad cristiana de Karamles. Hace pocas semanas fue nombrado obispo coadjutor de Alqosh (en el Kurdistán iraquí) y confirma a AsiaNews la enorme cantidad de artefactos diseminados bajo tierra. "Es una cuestión que aún debe resolverse en todas las zonas que anteriormente estuvieron ocupadas por el ISIS”, explica. “No es raro escuchar noticias sobre la explosión de minas terrestres", aunque en algunas zonas la situación ha "mejorado". El prelado pone el ejemplo de su antigua comunidad en Karamles: "En la zona realizaron una vasta operación de desminado. Sabíamos que era un área peligrosa, pero la limpiaron. Al mismo tiempo, invitamos a las ONGs y asociaciones a las escuelas y parroquias, para concienciar a los niños de los peligros”.

La Iglesia iraquí siempre ha llamado la atención sobre la cuestión de las minas terrestres y las bombas sin explotar. De hecho, el Patriarca caldeo Louis Raphael Sako ha intervenido en varias ocasiones para solicitar operaciones de desminado en la llanura de Nínive. En una carta abierta fechada en septiembre de 2016, el cardenal Sako recordó que antes de reconstruir casas, iglesias y hospitales, es "esencial" desminar el territorio.

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