02/04/2026, 11.21
TAYIKISTÁN
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El Nawruz tayiko y el islam, entre el folclore y la religión

de Vladimir Rozanskij

La coincidencia con el final del Ramadán ha sido este año motivo de reflexión sobre la fiesta nacional como «puente entre las diferentes épocas» que remite a las fuentes de la civilización irano turania. Frente a la hostilidad de los predicadores salafistas, que la consideran un ritual pagano, en Dushanbe se recuerda que los propios califas árabes redescubrieron el valor de las tradiciones locales.

 

Dusambé (AsiaNews) - Este año, la fiesta nacional del Nawruz ha coincidido en Tayikistán con el final del Ramadán, lo que ha suscitado un gran debate sobre la conveniencia de superponer las grandes manifestaciones folclóricas a los rituales de la religión islámica. Uno de los principales estudiosos de la historia tayika, Akbar Tursun, ha tratado de explicar en Asia Plus las razones de la relación entre la conciencia popular y la religión.

Como él señala, para los tayikos el Nawruz es «un puente entre las épocas de la vida social», no solo como símbolo de la supervivencia de las antiguas costumbres a través de los tiempos difíciles del pasado, sino también «la garantía de la conservación de la vida histórica de nuestra generación para el futuro». La instauración del Nawruz como fiesta nacional fue una de las decisiones más importantes en la transición desde el fin de la era soviética hacia la construcción de una verdadera nación tayika, en el sentido contemporáneo de este término.

En la transmisión generacional de estos acontecimientos, la fiesta ha devuelto a estos territorios a las «fuentes de la civilización irano turania», una de las civilizaciones más antiguas del mundo. De este modo, «se ha ampliado el horizonte del patriotismo tayiko», atribuyendo un significado espiritual a la unidad nacional de los tayikos. Tursun observa que «por desgracia, entre el clero de lengua persa y el de lengua turca chocan interpretaciones diferentes, al considerar que el Nawruz es exclusivamente una fiesta zoroástrica de los adoradores del fuego», lo cual resulta inaceptable para las normas rituales musulmanas.

Las posturas de altos representantes del islam tayiko contra el Nawruz parecen, por tanto, contraponerse a la ideología del Estado y constituir un intento de propagar la fe musulmana como superior a las tradiciones populares. El experto considera, por otra parte, que no existe una contradicción real entre el Nawruz y los principios contenidos en los textos sagrados musulmanes, pero recurre a las palabras del Corán: «¿Por qué discutís sobre lo que no conocéis?». El rechazo proviene principalmente del clero salafista, con su lectura rígida y exclusiva de los versículos sagrados.

El historiador invoca la importancia del «factor humano», remitiéndose al reformador islámico de finales del siglo XIX Džamaluddin Asadabadi, el ideólogo afgano del «panislamismo», quien discutía estas cuestiones con el experto francés en islam Ernest Renan, afirmando que «en esencia, el islam no tiene defectos; todos los defectos existentes son consecuencia del hecho de que somos musulmanes». En esto, Asadabadi distinguía los conceptos de «islam» y «musulmán», entre la revelación divina al Profeta y la práctica humana de los principios religiosos basada en las interpretaciones de las jerarquías sacerdotales.

Cabe recordar que en el primer siglo del Islam, durante la Hégira que había roto los lazos tribales, el Nawruz fue prohibido por considerarse un «ritual pagano», pero posteriormente los califas árabes redescubrieron el valor de las tradiciones de los regalos que se daban y recibían durante el Nawruz, una práctica muy extendida en las cortes de los emperadores persas. Además, comprendieron que, en lugar de prohibir las prácticas populares no islámicas, era mucho más conveniente conceder el derecho a llevarlas a cabo a cambio del pago de un impuesto adicional. Finalmente se optó por una postura política, tal y como indicó el emir Muzaffar de Bujará, otorgando a la fiesta del Nawruz un carácter formal en lugar de las tradiciones folclóricas espontáneas, tras la derrota a manos del Imperio ruso, que había puesto seriamente en peligro su reputación ante el pueblo.

El propio emir hizo encender una gran hoguera pública para proclamar la «paz popular», superando toda decepción y toda contradicción. Para Tursun, esto significa que «los musulmanes habían alcanzado la madurez de la cultura espiritual en la sociedad de estas regiones», y el actual presidente tayiko, Emomali Rakhmon, ciertamente no desdeña la comparación con los antiguos emires turco-persas.

 

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