El difícil equilibrio de Lee entre China, Japón y Estados Unidos
El viaje a China del presidente surcoreano marca un significativo acercamiento diplomático entre Seúl y Beijing tras años de frialdad, pero no ha resuelto cuestiones estratégicas de fondo. A pesar de los intentos de plantear el tema de Pyongyang, el gobierno chino evita cualquier referencia a la desnuclearización. Los acuerdos económicos que firmaron los conglomerados coreanos sobre tierras raras y minerales estratégicos.
Milán (AsiaNews) - La visita de Estado del presidente surcoreano Lee Jae-myung a Beijing entre el 4 y el 7 de enero es la primera de ese nivel desde 2017. El viaje adquiere mayor relieve si se considera que el encuentro de 90 minutos con Xi Jinping fue la segunda cumbre entre ambos líderes en apenas dos meses, después de la que tuvo lugar al margen del foro APEC de Gyeongju en noviembre del año pasado. Lee afirmó que 2026 era "el año del restablecimiento de las relaciones entre Seúl y Beijing", y destacó la voluntad de convertir este acercamiento en una tendencia estable y duradera. La visita indica un claro cambio de rumbo respecto a la línea de su predecesor Yoon Suk-yeol, quien había privilegiado el alineamiento con Washington. Acompañado por los directivos de los principales conglomerados surcoreanos, entre ellos Samsung y LG, Lee también firmó numerosos memorandos de entendimiento en los sectores de la innovación científica y tecnológica, medio ambiente, transporte y cooperación económica.
Xi Jinping centró en gran medida su discurso en una referencia a la historia compartida. El presidente chino recordó que hace más de ochenta años China y Corea del Sur soportaron enormes sacrificios en la lucha contra el militarismo japonés y afirmó que hoy ambos países deben cooperar para defender los frutos de la victoria en la Segunda Guerra Mundial y preservar la paz y la estabilidad en el noreste asiático. Lee respondió en la misma línea, afirmando que los dos países lucharon codo a codo contra la agresión militar japonesa y elogió los esfuerzos de China por preservar los sitios históricos vinculados al movimiento independentista coreano. Esta insistencia en la memoria histórica compartida pone en evidencia la estrategia de Beijing, orientada a abrir una brecha entre Corea del Sur y Japón, una dinámica que Seúl se abstuvo de discutir pese a que en los próximos días se espera al presidente surcoreano precisamente en Tokio.
Mientras Lee era recibido con todos los honores, acompañado por una delegación de aproximadamente cuatrocientos empresarios, cientos de dirigentes japoneses se veían obligados a postergar sus viajes a China debido a las fuertes tensiones entre Tokio y Beijing. Al día siguiente de la cumbre con Lee, Beijing anunció nuevos controles a las exportaciones a Japón. En este contexto se inserta la exhortación de Xi a Lee de "mantenerse firmemente del lado correcto de la historia" y a "tomar las decisiones estratégicas correctas", un mensaje cargado de implicaciones a la luz de las crecientes tensiones entre China y Japón.
Corea del Norte como prueba de fuego
Con respecto a la cuestión norcoreana, las divergencias entre las posiciones de Seúl y Beijing siguen siendo marcadas. Lee exhortó a China a desempeñar un papel constructivo en la promoción de la paz en la península coreana. Según fuentes surcoreanas, ambos líderes confirmaron la importancia de reabrir el diálogo con Corea del Norte, mientras que Xi confirmó la disposición de Beijing a contribuir en esa dirección. El comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores de China, sin embargo, no contiene ninguna referencia a la desnuclearización norcoreana. Este silencio refleja la creciente conciencia de China del valor estratégico de Pyongyang en el ámbito de su rivalidad con Estados Unidos. Muchos analistas consideran que Beijing ha modificado progresivamente su enfoque, dejando de lado la retórica de la desnuclearización en favor de una posición que, de hecho, acepta el estatus nuclear de Corea del Norte como factor de equilibrio regional.
En este contexto, el principal factor de riesgo en la península coreana no es tanto una deliberada invasión estadounidense o una ofensiva norcoreana planificada, sino más bien la posibilidad de que se produzcan errores de cálculo. Un movimiento táctico menor, un problema de comunicación o un ejercicio no anunciado podrían ser interpretados por un mando norcoreano, ya en estado de máxima alerta, como el comienzo de una operación similar a la venezolana del pasado 3 de enero. Por último, sigue siendo incierto qué papel constructivo pretende desempeñar efectivamente Beijing y si todavía tiene una influencia real sobre Pyongyang, dada la creciente cercanía del régimen de Kim a Moscú.
Lee reiteró que Corea del Sur tiene en cuenta los intereses fundamentales y las principales preocupaciones de China, y se adhiere al principio de "una sola China". En este aspecto se ha apartado de la línea de su predecesor, Yoon, quien siempre se había opuesto abiertamente a las ambiciones de Beijing sobre Taiwán, provocando una dura reacción de los líderes chinos. La elección de Lee parece, por tanto, ser funcional al intento de mantener un equilibrio entre las presiones chinas y los compromisos derivados de la alianza con Estados Unidos.
En el plano económico, sigue siendo un punto sensible la prohibición informal de los contenidos culturales coreanos que rige en China desde 2016. En el comunicado conjunto se hace referencia a la intención de ampliar los intercambios culturales de manera gradual y progresiva, es decir, un compromiso muy vago. Otro asunto crítico es el de las tierras raras y los minerales estratégicos, ámbito en el cual China aceptó cooperar para permitir que las empresas surcoreanas accedan a dichos recursos tras las anteriores restricciones a las exportaciones. Siguen por otra parte abiertas las controversias sobre el Mar Amarillo, relacionadas con estructuras flotantes chinas que Seúl cuestiona y la pesca ilegal que llevan a cabo los pesqueros chinos.
El contexto estratégico regional
La visita se desarrolló en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas, lo que complicó aún más la ya delicada estrategia diplomática de Corea del Sur. Desde hace tiempo Seúl intenta colocarse en una posición intermedia entre China y Estados Unidos, impulsada por intereses económicos concretos y la esperanza de conseguir márgenes de maniobra en las relaciones con Corea del Norte. El 3 de enero, solo dos días antes de la cumbre programada, el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro que ejecutó Estados Unidos sacudió los equilibrios internacionales y fue oficialmente condenado por Pyongyang. El momento ofreció a Beijing la oportunidad para sondear a Seúl sobre la operación, y la invitación de Xi a "estar del lado correcto de la historia" se interpretó como una presión para que Corea del Sur deje en claro su postura.
El consejero de seguridad nacional surcoreano Wi Sung-lac reconoció que las posiciones de los dos países no coinciden, aunque no son abiertamente conflictivas. Precisamente el mismo domingo que Lee llegó a Beijing, Corea del Norte lanzó misiles balísticos hipersónicos hacia la costa oriental, bajo la supervisión personal de Kim Jong Un. El lanzamiento se llevó a cabo en el momento en que Lee aterrizaba en China, y fue interpretado como un mensaje tanto para Seúl como para Beijing. Pyongyang no tiene la intención de renunciar a su capacidad disuasoria y no cederá ante ninguna presión externa.
El panorama completo, por lo tanto, es el de una visita que marca un significativo acercamiento diplomático entre Seúl y Beijing tras años de frialdad, pero deja sin resolver cuestiones estratégicas de fondo. Corea del Sur intenta equilibrar su alianza con Estados Unidos y la necesidad económica de mantener relaciones estables con China, mientras Beijing busca alejar a Seúl de Washington y Tokio en el contexto de las crecientes tensiones regionales. Para Seúl se plantean interrogantes complejos en relación con su propia posición geográfica y los compromisos implícitos de la alianza con Washington. El comandante de las fuerzas estadounidenses en Corea del Sur ha insinuado que las tropas estacionadas en el país podrían asumir un papel regional más amplio en caso de una crisis vinculada a Taiwán.
Aunque no está directamente involucrada en las disputas en el Estrecho, dada su ubicación y vínculos de alianza difícilmente Corea del Sur podría mantenerse al margen de los acontecimientos regionales. Una eventual evolución del papel de las fuerzas estadounidenses en Corea hacia funciones más amplias, abriría una fase de gestión particularmente delicada. El acercamiento con Beijing ofrece a Seúl ventajas económicas concretas y la posibilidad de influir en los acontecimientos de Corea del Norte, pero la creciente polarización hace cada vez más difícil mantener el equilibrio entre China y Estados Unidos. Los márgenes para una posición intermedia se están reduciendo progresivamente, y las decisiones que Lee deberá tomar en los próximos meses difícilmente podrán satisfacer simultáneamente a Washington y a Beijing.
26/08/2025 18:17
24/08/2016 10:27
