28/02/2026, 15.54
CHINA - JAPÓN
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El fracaso del cine en China en el Año Nuevo lunar 2026

de Andrea Ferrario

La temporada festiva se cerró con una caída del 40%, lo que representa un retroceso de ocho años a pesar del récord histórico de 4 millones de proyecciones. Salas vacías sobre todo en las ciudades más pequeñas debido al precio demasiado alto de las entradas, pero también por la competencia de cortometrajes y series online, y la saturación de producciones de corte patriótico. Mientras en Tokio el cine japonés registra un auge excepcional.

 

Milán (AsiaNews) - El año 2025 fue excepcional para el cine japonés. Las salas recaudaron unos 1.800 millones de dólares, casi un tercio más que el año anterior, superando incluso el récord histórico de 2019. Este resultado se explica no solo por el regreso del público a las salas, sino también por la fortaleza de la producción nacional, que por sí sola sumó más de las tres cuartas partes de los ingresos totales. La mayor parte del mercado estuvo representada por títulos con capacidad para convertirse en verdaderos eventos colectivos, como “Demon Slayer: Infinity Castle Part 1”, que ha sido la primera película japonesa que superó los mil millones de dólares a nivel mundial, y “Kokuho”, o la película de dibujos animados “Detective Conan”. La industria cinematográfica japonesa tiene la ventaja de contar con un sistema de producción particularmente flexible, que integra editores, empresas de merchandising y otros sectores mediáticos en la cadena de suministro, creando sinergias capaces de alimentar franquicias de larga duración y de priorizar la producción nacional frente a la extranjera.

Este mismo fenómeno, aunque con dinámicas diferentes, se observa también en China, donde la participación de películas importadas se ha estabilizado en torno al 20% de la taquilla y ningún título de Hollywood ha superado los mil millones de yuanes en 2025, lo que indica un declive ya estructural del atractivo de las grandes producciones estadounidenses para el público del este de Asia. En Japón las preocupaciones relacionadas con la posible desafección del público de mayor edad después de la pandemia resultaron infundadas, los espectadores de todas las edades han regresado a las salas y se llegó a casi 190 millones de asistentes. Pero si el País del Sol Naciente vive una temporada de confianza, el mercado cinematográfico chino atraviesa una crisis que combina fragilidad económica, decisiones culturales e interferencias políticas.

China y el espejismo de "Ne Zha 2"

El año pasado, la temporada del Año Nuevo lunar chino había roto todos los récords con casi 10.000 millones de yuanes de ingresos y 187 millones de espectadores solo en el período festivo, impulsada por una sola película de animación, "Ne Zha 2", que por sí sola representó alrededor del 30% de toda la taquilla anual china. Ese éxito fue amplificado por una movilización patriótica sin precedentes, en la cual los medios estatales promocionaron la película como un motivo de orgullo nacional, mientras algunas empresas privadas llegaron incluso a cerrar sus fábricas para llevar a los empleados al cine y en las redes sociales se difundieron campañas virales que presentaban la compra de la entrada como un deber patriótico, lo que permitió que la película superara todos los récord históricos de Hollywood. Las voces críticas fueron censuradas y la prensa nacionalista presentó el éxito de la película como una demostración de la superioridad cultural china sobre las producciones estadounidenses.

Sin embargo, las ventas anticipadas para el Año Nuevo lunar 2026 marcaron una caída superior al 60%, y la temporada festiva se cerró con una taquilla de 5.680 millones de yuanes para todo el período, una caída del 40% que representa un retroceso de ocho años. La oferta de este año, aunque variada en géneros, no propuso un título capaz de replicar el fenómeno de “Ne Zha 2”. Ni siquiera la duración récord de nueve días de vacaciones logró compensar la ausencia de una película exitosa, y los días adicionales fueron absorbidos más bien por los viajes turísticos. "Pegasus 3", una comedia ambientada en el mundo de las carreras automovilísticas, lideró la clasificación festiva con más del 50% de los ingresos de la semana. Su éxito, sin embargo, parece haber dependido más bien de la solidez de una franquicia consolidada, pero sin capacidad para atraer nuevo público.

El número de proyecciones alcanzó el récord histórico de casi 4 millones, pero las salas estuvieron prácticamente vacías, con una media de apenas 20 espectadores por proyección y una tasa de ocupación de entre el 15% y el 20%, lo que confirma el enfriamiento de la demanda de las familias, e incluso “Boonie Bears”, que en el segmento para los más pequeños no tenía competencia, obtuvo resultados netamente inferiores que en las ediciones anteriores. La única señal contra tendencia provino de “The Swordsman”, película del género wuxia, el filón chino de capa y espada y artes marciales, que tras un debut débil registró una rara recuperación en sala gracias al boca a boca positivo.

El panorama se complica aún más por un problema estructural relacionado con el precio de las entradas, particularmente agudo en las ciudades de tercer y cuarto nivel, que en los últimos tres años habían contribuido con más de la mitad de los ingresos del período festivo. Mientras que la media nacional del precio de la entrada durante el Año Nuevo lunar se situó por debajo de los 50 yuanes, en los centros de provincia los precios alcanzaron los 80 yuanes o más. Para una familia numerosa de cinco personas, una noche en el cine puede costar cuatrocientos o quinientos yuanes entre entradas y consumiciones, transformando lo que debería ser un hábito ritual de las fiestas en un verdadero lujo.

Esta diferencia de precio se explica por el mecanismo de reparto de ingresos entre productores, distribuidores y salas. Los cines de las localidades pequeñas, con menor poder de negociación, aceptan condiciones menos ventajosas y dependen del aumento de la venta de entradas en el período festivo para cubrir los costos fijos de todo el año. Para complicar aún más la situación, se impone un precio mínimo de referencia para calcular los ingresos a distribuir: incluso si las entradas se venden a un precio inferior, la sala debe pagar a los distribuidores la cuota calculada sobre ese umbral, y cubrir la diferencia de su propio bolsillo. En este juego a tres bandas, subir los precios durante las fiestas se convierte en la opción más prudente, pero resulta contraproducente, porque aleja precisamente al público más importante de la temporada, las familias que regresan a sus lugares de origen para las vacaciones.

El mercado cinematográfico chino se encuentra, por tanto, en una profunda fase de transición, en la que el viejo modelo basado en la combinación de grandes directores, estrellas de primer nivel y fechas de estreno privilegiadas ya no funciona como garantía de éxito. Las redes sociales y las plataformas de vídeos cortos han reducido drásticamente los tiempos del boca a boca, convirtiendo el día de apertura en una prueba de fuego inmediata en la que la opinión del público se cristaliza en cuestión de pocas horas. Al mismo tiempo, la oferta global de entretenimiento se ha multiplicado, con vídeos cortos, series online, espectáculos en vivo y otros formatos que fragmentan la atención y convierten al cine una opción de alto costo en vez de la opción privilegiada para el tiempo libre. El resultado es una progresiva pérdida de los espectadores habituales, con más de la mitad del público que en 2025 vio una sola película en todo el año.

Cine y propaganda, un vínculo cada vez más estrecho

A todo esto se suma una creciente saturación de producciones de fondo patriótico, que el público más joven percibe como repetitivas y predecibles. La tendencia se acentuó aún más este año con el thriller de Zhang Yimou “Scare Out”, la primera película producida bajo la supervisión directa del Ministerio de Seguridad del Estado. Con agentes presentes en el set y un guión declaradamente inspirado en casos reales de espionaje, la película entró en la programación festiva como punta de lanza de una oferta cada vez más orientada a los temas de la seguridad nacional.

En conjunto, la taquilla anual china de 2025 había mostrado señales de recuperación, con un crecimiento del 22%, pero los números siguen estando sensiblemente por debajo de los niveles prepandémicos de 2019. La respuesta de las autoridades es significativa por su alcance y por lo que revela. El 2026 ha sido proclamado "Año de la promoción de la economía cinematográfica" y un consorcio de instituciones públicas, bancos y plataformas digitales anunció subsidios por 1.200 millones de yuanes, a los que se añaden las iniciativas de las distintas provincias en forma de bonos de cine y descuentos para turistas en los lugares de filmación. Esta intervención a gran escala pone en evidencia que las autoridades consideran la crisis del cine como parte de un problema más amplio, vinculado a la fragilidad del consumo y a la necesidad de reactivar el gasto de las familias, pero también a la función que desempeña la gran pantalla como instrumento de cohesión nacional y de difusión de las narrativas promovidas por el régimen.

 

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