24/02/2026, 17.38
MYANMAR
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El general birmano Min Aung Hlaing hacia la presidencia, mientras se refuerza el eje con Beijing

de Gregory

El jefe de la junta militar se prepara para dejar formalmente el mando del ejército y asumir la presidencia del nuevo gobierno, que entrará en funciones en abril. La creación de un Consejo Consultivo con poderes transversales podría permitirle mantener el control de todo el sistema del régimen. Mientras tanto, el número dos, Soe Win, se perfila como figura clave en las relaciones con China.

 

Rangún (AsiaNews) – El general Min Aung Hlaing se está preparando para dejar el mando de las fuerzas armadas birmanas y asumir la presidencia cuando el nuevo Parlamento se reúna en marzo. Más que un traspaso de poder, la medida parece más bien una reorganización del poder destinada a fortalecer aún más el control de la junta sobre Myanmar, a pesar de que el régimen sólo controla una parte del territorio.

Según fuentes militares y diplomáticas citadas en un servicio de la BBC en birmano, el ministro de Relaciones Exteriores Than Swe informó a su homólogo tailandés, Sihasak Phuangketkeow, que un nuevo comandante en jefe reemplazará a Min Aung Hlaing, quien ocupaba el cargo desde 2011. Altos oficiales han confirmado que el plan de transición a la presidencia se encuentra “plenamente operativo”. Durante el periodo electoral Min Aung Hlaing se había limitado a declarar que “cuando se haya convocado el Parlamento, este tendrá sus propios procedimientos y métodos de selección”.

El Union Solidarity and Development Party, la formación política respaldada por los militares, se impuso ampliamente en las recientes elecciones - que se desarrollaron en tres fases entre finales de diciembre y enero - adjudicándose 233 de los 264 escaños en juego en la Cámara Baja (Pyithu Hluttaw) y 108 de los 224 escaños de la Cámara Alta (Amyotha Hluttaw). Dado que la Constitución, redactada por el Ejército en 2008, ya asigna una cuarta parte de los escaños a los militares, el USDP tendrá un control absoluto sobre el próximo gobierno. Las Naciones Unidas y las organizaciones de derechos humanos calificaron estas elecciones como un ejercicio unilateral, destinado a consolidar el régimen militar.

Al mismo tiempo, sin embargo, la Constitución prohíbe al presidente ocupar simultáneamente el cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Pero, para Min Aung Hlaing, la solución podría ser un nuevo órgano institucional. Pocos días después de las elecciones, los medios estatales anunciaron la creación de un Consejo Consultivo de la Unión compuesto por cinco miembros, con amplios poderes tanto sobre la administración civil como sobre las Fuerzas Armadas. Naing Min Khant, del Institute for Strategy and Policy de Myanmar, considera que sería una especie de “superorganismo” situado por encima del Ejecutivo, Legislativo y Judicial, potencialmente destinado a convertirse en la verdadera autoridad suprema del país.

En este escenario, Min Aung Hlaing podría renunciar a su título militar y, al mismo tiempo, mantener (o incluso ampliar) su influencia, sobre todo si, como sugieren fuentes internas, él mismo elige al nuevo comandante en jefe, asegurándose así la continuidad y la lealtad dentro del Tatmadaw.

El segundo al mando de la junta militar, Soe Win, podría influir en el equilibrio de la nueva estructura institucional. En las últimas semanas su perfil internacional ha cobrado cada vez mayor relevancia, especialmente en las relaciones con China. Durante las celebraciones del Año Nuevo Lunar, la embajadora china en Ramgún, Ma Jia, declaró que las relaciones entre China y Myanmar han alcanzado “nuevas cumbres” en 2025. Min Aung Hlaing, que este año no asistió al evento, delegó su representación precisamente en Soe Win. Una decisión que algunos observadores interpretan como una posible señal de que está siendo preparado para un cargo de primer nivel en el nuevo gobierno. Soe Win fue también el primer representante militar que visitó China después del golpe de Estado de 2021.

En su discurso agradeció a China el papel que ha desempeñado en el “proceso de paz” y el apoyo que ha brindado a nivel regional e internacional. Se refiere a las intervenciones decisivas de Beijing, en 2024-2025, en el conflicto del norte del país. Tras las conquistas de los grupos armados de la resistencia, China contribuyó a dar un vuelco al equilibrio sobre el terreno, favoreciendo el regreso de diversas áreas al control del régimen.

En su discurso, Soe Win describió a Myanmar como una encrucijada entre el sudeste asiático y el sur de Asia, siguiendo la visión de Beijing, que considera al país un corredor estratégico hacia el océano Índico. Recordó los principales proyectos de infraestructura chinos: el puerto de aguas profundas de Kyaukphyu en el Estado de Rakhine, la presa de Myitsone en el Estado de Kachin, los oleoductos y gasoductos de casi 800 kilómetros que conectan Kyaukphyu con Yunnan, y el ferrocarril Muse-Mandalay, primer segmento del corredor Kyaukphyu-Kunming.

Está previsto que el Parlamento se reúna en marzo de 2026 y que el nuevo gobierno tome posesión en abril, siguiendo un cronograma similar al de las anteriores transiciones postelectorales de 2010, 2015 y 2020.

El eventual ascenso de Soe Win a una posición de primer nivel (como vicepresidente o como figura clave en el nuevo Consejo Consultivo) podría responder a una doble necesidad: tranquilizar a Beijing y distribuir el poder entre las jerarquías militares para evitar fracturas durante la transición formal de Min Aung Hlaing a la presidencia. Varios comentaristas han señalado que el número tres en la línea de mando, el jefe del Estado Mayor Kyaw Swar Lin, considerado desde hace tiempo el delfín de Min Aung Hlaing, también podría desempeñar un papel clave.

Cuando el nuevo gobierno entre en funciones en abril, Myanmar podría presentarse con un presidente civil, un comandante en jefe elegido por su predecesor y un Consejo Consultivo con poderes transversales. Pero un cambio de título no implica un cambio de dirección en el conflicto, que parece cada vez más una guerra de desgaste.

Vastas áreas de territorio siguen en manos de las fuerzas de oposición que luchan contra el ejército desde el golpe de Estado de 2021 y que han anunciado su intención de intensificar las operaciones. El Gobierno de Unidad Nacional en el exilio, que se considera el legítimo representante del pueblo birmano, también ha rechazado las elecciones y ha reiterado su objetivo de derrocar a la junta.

 

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